~laCuerda~ No. 73 - Guatemala, noviembre del 2004

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laCuerda

una mirada feminista de la realidad

Año 7, No. 73

Guatemala, noviembre/2004

 

tenemos derecho a vivir sin violencia

 

editorial

Berger y sus desaciertos

entrada

·         Que la violencia no consiga doblegarnos (Laura E. Asturias)

·         Cuatro años más con Bush...

·         Sumario noticioso

·         Gabriela Abigaíl en nuestros corazones

la médula

·         Por qué las asesinan (Paula Irene del Cid)

·         El delito de portación de cara (Gabriela Escobar)

·         Más que un golpe (Andrea Carrillo Samayoa)

·         Dónde denunciar hechos de violencia contra las mujeres

la lupa

·         El Estado y sus diluidas acciones (Wendy Santa Cruz)

foto-reportaje

·         Para sostener a sus familias (Ledy Orantes y Andrea Carrillo Samayoa)

la paseante

·         Por una reflexión humanizada (Anabella Acevedo)

·         Ojo con la manera de comunicarse (Andrea Carrillo Samayoa)

·         Crítica certera a los saberes sexistas y androcéntricos (Adelma Bercián)

·         Sepultureras (Andrea Aragón)

esta boca

es mía

·         Los grandes perdedores (Mirna Mejía)

·         Transgredimos el espacio (Luis Alberto Medina)

desamarrar

la historia

·         Todas nuestras muertas (Lucía Escobar y Claudia Navas)

aquí y ahora

·         Indefensión de las vidas más tiernas (Dania M. Rodríguez Martínez)

·         Cuando la niñez trabaja en casas (Claudia Navas Dangel)

·         Listones rojos para no olvidar

·         NO a la ratificación del TLC

·         Curso sobre cáncer en mujeres

reportajes

·         Las blusas de Estanzuela (Ledy Orantes)

·         Hacia nuevos horizontes (Jacqui Torres)

·         Hilda Morales Trujillo (Virginia del Águila Lara)

movida departamental

·         Baja Verapaz: Comiendo sin racismo

·         San Marcos: Por negligencia gubernamental

·         San Marcos: Marcha: Justicia, tierra y libertad

·         Huehuetenango: Casa de Salud Bulej

·         Suchitepéquez: Centro regional, no finca

·         Sololá: Asociación Rxiin Tnamet

·         Varios departamentos

- Formación política

- Cooperativistas autogestionarias

- Respeto a pueblos indígenas

 

Editorial—

Berger y sus desaciertos

El rumbo que sigue la gestión gubernamental muestra la preferencia hacia los reclamos del empresariado. Al hacer una lectura crítica del Primer Informe del Plan de Reactivación Económica y Social, ello queda demostrado.

En el renglón “Guate Crece” da a conocer que ha invertido 860 millones de quetzales durante el presente año en construcción y mantenimiento de la red vial. En contraste, sólo reporta un incremento de 30 millones para salud.

En el apartado “Guate Compite”, con el propósito de incentivar las exportaciones, en el 2004 ha devuelto 602 millones de quetzales como parte de la Devolución de Crédito Fiscal. Al explicar el apoyo a la micro, pequeña y mediana empresas, el Ejecutivo señala que otorgó alrededor de siete millones de manera directa a través de los bancos del sistema y 12 millones mediante instituciones financieras para atender a la capital y siete departamentos.

Al abordar “Guate Solidaria”, en lo referido a programas de apoyo a organizaciones indígenas, informa que en la formulación del presupuesto 2005 solicitó un incremento de 2.6 millones para la Comisión Presidencial contra la Discriminación y el Racismo y de 5.5 millones para la Academia de Lenguas Mayas. Aclara que se trabaja en el diseño de un programa enfocado a las familias más pobres, sin especificar cuál.

Estos tres ejemplos confirman que el gobierno de Óscar Berger, en lugar de asumir con firmeza la atención a las necesidades y demandas de las mayorías -entre ellas las mujeres y los pueblos indígenas-, se muestra complaciente con empresarios y las políticas de libre mercado.

Son demagógicas las afirmaciones publicadas en el semanario “Acción”, en el sentido de que este gobierno “defiende el principio de que la paz firme y duradera debe cimentarse sobre un desarrollo socioeconómico participativo orientado al bien común, que responda a las necesidades de toda la población, particularmente los que viven en la pobreza extrema”.

Si nos detenemos en los asuntos que más afectan a las mujeres, no existen políticas públicas de gran alcance que permitan realmente mejorar las condiciones de vida de la población femenina.

Algunos ejemplos: la violencia sigue y se intensifica contra ellas, los servicios de salud son privilegio para unas cuantas, las oportunidades de empleo continúan cerradas, no hay posibilidades para acceder a recursos a fin de ser económicamente autosuficientes.

A menos de un año, aquél que auguró que “todos” ganarían si llegaba a ser presidente de la República, hoy confirma que quienes ganan con Berger son los empresarios. Los del transporte recibirán una vez más millones de quetzales sin ningún compromiso de mejorar el servicio. Los de ANACAFÉ tendrán una ampliación de plazo del fideicomiso por cinco años, extensión del periodo de gracia y reducción de la tasa de interés. Los finqueros gozarán de plena impunidad para seguir pagando lo que quieran -en lugar de respetar el Código Laboral- con absoluta garantía de que su propiedad privada nunca será expropiada para bien común.

El gobierno continuará ejecutando desalojos y calificando como delincuentes a líderes del movimiento social.

Aunado a todo lo anterior, un desacierto más de Berger: pagar a los patrulleros reactivados, aun a costa de disminuir el presupuesto para educación y salud.

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Que la violencia no consiga doblegarnos

Laura E. Asturias / laCuerda

 

A cada rato oímos o leemos que “la violencia nos tiene de rodillas”. Bueno, pues si algo no queremos en absoluto, desde estas páginas, es generar más miedo del usual con que las mujeres ya vivimos. Lo que buscamos es sumar nuestras reflexiones a otras, en la esperanza de que juntas se transformen en respuestas efectivas a esta problemática.

Tenemos que poder hacerlo. Debe movernos la certeza de que en esta nación hay más personas con afán de cambiar las cosas (aunque todavía no sepan cómo) que quienes todo lo resuelven por la fuerza y el uso de armas.

Sirvan nuestras reflexiones colectivas no sólo por esta otra cruel etapa en la historia del país, sino porque el 25 de noviembre conmemoramos una vez más el Día Internacional de la No Violencia contra las Mujeres. Una fecha que estará marcada por la tristeza de la pérdida de tantas guatemaltecas, y en la que además habría que recordar a todos los hombres que han muerto a manos de otros hombres.

 

Primero lo primero

Empecemos por reconocer que las mujeres no hemos “necesitado” el actual recrudecimiento de la violencia para ser conscientes de las perennes amenazas contra nuestro género, ya que éstas han sido parte del diario vivir de todas.

¿Quiénes de nosotras diríamos, por ejemplo, que somos capaces de salir a la calle, como a las 11 de la noche, sin temer que “algo” nos pase? Claro, igual salimos, pero el miedo, la percepción de esa amenaza, están ahí, latentes cada segundo, por lo que pudiera sucedernos: asaltos, una violación sexual... o la misma muerte.

 

La casa... la peor amenaza

Por mucho que el gobierno de turno (con su burda imitación de las inservibles estrategias del “aBushivo” del norte) pretenda embrutecernos con la noción de que el enemigo es siempre “el otro”, las mujeres conocemos bien “otra” historia. Muchas no nos engañamos pensando que esa violencia, o la posibilidad de que ocurra, está sólo “allí afuera”. Tampoco van a convencernos de que son únicamente extraños o delincuentes quienes hacen peligrar nuestra vida o integridad.

Todas sabemos que, en buena medida, la propia casa es donde más nos atacan... aquéllos que dicen “amarnos”. Ya lo confirmó recientemente la titular de la Fiscalía de Delitos contra la Mujer: el 29 por ciento de los asesinatos de mujeres ha ocurrido en su hogar, víctimas que a menudo pidieron ayuda a las autoridades pero ninguna les fue brindada. Ésos son apenas los casos conocidos, y hablando sólo de asesinatos. De cualquier modo es una doble violencia: la del compañero agresor y la de un sistema de justicia cómplice de éste.

Entonces, no vengan las autoridades con el embuste de que nuestra mayor amenaza está en la calle, sólo para justificar medidas militaristas aplicadas a pandilleros tatuados.

 

Salidas patriarcales

En una sociedad como ésta, donde lo que destaca es la voz de los hombres y las “sesudas” soluciones sugeridas por algunos, no es extraño que ante la violencia las mentes patriarcales salgan con flamantes respuestas como aquélla de que las mujeres deberíamos quedarnos en la casa (y, de esta forma, eficazmente neutralizadas).

En esa miope mentalidad, ¿cabrá alguna vez considerar qué sería de este país sin el trabajo que tantas guatemaltecas realizan también fuera de sus hogares, en horas hábiles y después de éstas? ¿Cómo estarían la salud de las maquiladoras u otras industrias y los bolsillos de sus dueños sin las largas jornadas laborales de las mujeres? En una economía netamente agrícola, ¿se podrá prescindir de las labores de ellas en el campo?

Entendemos bien que el “modus operandi” del sistema patriarcal es buscar cualquier pretexto para nunca llegar a cuestionar la violencia masculina. Porque en vez de regresarnos a nosotras a la casa (lo que quizás sea el sueño seco del cardenal Ratzinger en el Vaticano), los funcionarios relevantes ya deberían haber iniciado -por mucho que les cueste, dado que en ello están involucrados sus propios privilegios- el necesario análisis del poder abusivo que tantos hombres ejercen sobre quienes consideran “débiles”, y partir de ahí para tomar las medidas pertinentes.

 

A ese juego no le hagamos

Este clima de constante ataque al que se nos está sometiendo es peligroso no sólo por los hechos violentos en sí mismos. También lo es porque conlleva, como cualquier agresión, el riesgo de paralizarnos.

Aunque es cierto que nos sentimos abrumadas por una violencia que puede inmovilizarnos a nivel personal, como movimiento de mujeres y/o feminista no podemos caer en la trampa de quedarnos quietas hasta que “ellos” se sosieguen o vean la luz. En Guatemala tenemos múltiples ejemplos de otras que sí están actuando para detener este flagelo.

Nuestro reto ahora es sumar energías, movernos todas juntas desde hogares y organizaciones, ser creativas en estrategias y alternativas, e insistir -hasta que se nos seque la boca- que se debe abordar este problema desde sus raíces, que no son sino la decisión “deliberada” de algunos hombres de hacer daño, infligir dolor y angustia -- en la casa y fuera de ésta.

Lo dicho: la idea no es meterle más miedo a nadie, sino tener las antenas bien puestas y nunca apagar el machistómetro... para que no nos den atol con el dedo.

 

Temores de mujeres

Cuando la novelista canadiense Margaret Atwood le preguntó a un amigo por qué los hombres se sienten amenazados por las mujeres, él contestó: “Temen que las mujeres se reirán de ellos”. Al preguntarle a un grupo de mujeres por qué se sentían amenazadas por los hombres, la respuesta no se hizo esperar: “Tenemos miedo de que nos maten”.

Tomado del libro «Femicidio: La política de matar mujeres»,

por Jill Radford y Diana E.H. Russell (Twayne Publishers, Nueva York, 1992)

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¿Cuánto aumentarán la violencia e insensatez,

la intolerancia y los fundamentalismos con Bush

como policía del mundo por cuatro años más?

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Sumario noticioso

laCuerda

 

Barreras para el empleo

La brecha de acceso a trabajo remunerado por discriminación de género es mayor que otras variables como edad, etnia y ubicación geográfica, lo que profundiza la pobreza de las mujeres. En materia de salario existe gran diferencia debido a la falta de preparación profesional y poca posibilidad de alcanzar puestos de dirección. Aunado a ello, las probabilidades de mejorar sus ingresos están vinculadas a la falta de acceso a crédito y tierra. Así lo indica Ana Victoria Peláez, de la Universidad Rafael Landívar, en su estudio “Barreras de género en el acceso a empleo”.

La investigadora destaca que encargarse de las tareas domésticas sigue siendo uno de los roles tradicionales asignados a las mujeres. El 55 por ciento de ellas (frente al 3 por ciento de hombres) no busca empleo por atender el hogar. Por cuestiones de estudio, el 72.6 por ciento de hombres no trabaja, en comparación con el 29.1 por ciento de mujeres.

 

Un abismo entre pobreza y riqueza

La Confederación Andina de Fomento (CAF) indica que Latinoamérica es la peor región en cuanto a distribución de la riqueza. En contraste, la cúpula empresarial guatemalteca afirma que el populismo sobre la propiedad privada vulnera la democracia. Este tema será el más relevante a tratar por el Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras (CACIF) en la próxima Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno.

La Coordinación de ONG y Cooperativas (CONGCOOP) resalta que la entrada en vigencia del Tratado de Libre Comercio (TLC) traerá mayor pobreza al sector campesino guatemalteco. Se perderán hasta 125 mil empleos permanentes y los quebrantos económicos campesinos podrían ascender a 1,115 millones de quetzales anuales.

 

Estudiante embarazada gana caso

A fin de aplicarle un “castigo ejemplar” por su estado de gestación, el Liceo Comput-Market suspendió a una joven desde el 7 de julio. Ella inició un proceso legal y la Corte de Constitucionalidad resolvió que la decisión del centro educativo era discriminatoria. Ahora la alumna recibirá atención especial para recuperar el tiempo perdido y someterse a las pruebas de fin de ciclo.

 

Mujeres galardonadas

La abogada guatemalteca Hilda Morales Trujillo será premiada este mes por Amnistía Internacional como Embajadora de Conciencia por su trabajo a favor de los derechos de las guatemaltecas. Tal distinción legitima los pronunciamientos de la activista contra la violencia hacia las mujeres. La irlandesa Mary Robinson recibirá igual galardón.

Elfriede Jelinek, austriaca de 57 años, obtuvo el Premio Nóbel de Literatura 2004, convirtiéndose así en la décima mujer que lo recibe desde 1901, cuando empezó a ser otorgado. Ella abandera la lucha contra la violencia sexual hacia las mujeres y ha adquirido reconocimiento internacional debido a la exploración literaria de los temas de género, sexualidad y violencia en la sociedad.

El Nóbel de la Paz fue para la keniata Wangari Maathai, de 64 años y primera mujer en obtener un doctorado en África oriental y central. En 1977 fundó el Movimiento del Cinturón Verde, principal proyecto de plantación de árboles que promueve la biodiversidad, creando empleo para las mujeres y mejorando su imagen social.

 

Reporte de violencia

Cerca de 1,560 mujeres han denunciado ser víctimas de violación sexual entre enero y junio de este año, afirmó de la relatora Susana Villarán, de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

El Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales informó que en el 2004 se han registrado 19 ejecuciones extrajudiciales de mujeres, en comparación con el año pasado, cuando se documentaron tres.

En octubre fueron asesinadas 23 mujeres: 17 por impacto de bala, dos por arma blanca y dos estranguladas; una de ellas fue ultrajada y en un caso no se reveló la causa de muerte. Seis fueron heridas con arma de fuego, seis fallecieron en accidentes viales y siete resultaron lesionadas.

Hasta el fin del mes se han reportado alrededor de 405 casos de mujeres asesinadas.

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Gabriela Abigaíl

 

Tu corto paso por la Tierra ha dejado

una estela de luz en nuestros corazones.

Desde laCuerda, toda nuestra

solidaridad para María Dolores y Gustavo.

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Por qué las asesinan

Paula Irene del Cid Vargas / laCuerda

 

En los últimos dos años, más de 700 mujeres murieron por la acción violenta de otro. Muchas personas nos preguntamos cómo es posible que este femicidio se diera, sin que nadie lo previniera o detuviera.

Las reflexiones que se han hecho sobre el femicidio (Ciudad Juárez y Costa Rica) proporcionan elementos que permiten hacer aproximaciones interpretativas sobre lo que sucede en Guatemala.

Ana Carcedo y Monárrez Fragoso coinciden en que el asesinato de mujeres es la culminación de un continuo de la violencia que viven. La primera utiliza la palabra “femicidio” y la segunda “feminicidio” para referirse a esta forma de violencia; sin embargo, ambas se basan en la definición elaborada por Jill Radford y Diana Russell, editoras del libro “Femicide: The Politics of Woman Killing” (1992). Parece que la diferencia es de traducción.

Desde esta posición, la violencia contra las mujeres se interpreta como un mecanismo de control de sus cuerpos. Es un recurso legitimado en el proceso de socialización, en el cual se interioriza la inferiorización de las mujeres y todo lo relacionado con ellas. De esta forma misógina que fomenta el desprecio, a otra que se materializa en femicidio, no hay gran trecho por recorrer.

 

Incomprensión, incapacidad y negligencia

Las explicaciones que ofrecen funcionarios de instituciones gubernamentales y medios de comunicación ilustran una interpretación limitada de este problema social.

Las tipologías que utilizan no ayudan a comprender el problema en forma integral. Mezclan y confunden cuando consideran el tipo de violencia que vivieron las víctimas (violencia sexual), victimarios o perpetradores (violencia institucional, agentes policiales, etc.) y contexto (violencia intrafamiliar y violencia juvenil, categoría que criminaliza a la juventud y que se encuentra en la de violencia comunitaria).

Algunas tipologías que se proponen como muerte con características psicópatas, con características maníacas, podrían dar la idea de que la violencia contra las mujeres se debe a estados alterados de la salud mental del victimario y con ello desenmarcarse de las explicaciones que tienen que ver con el poder y el control ejercidos sobre las mujeres. En esta línea habría que desarrollar algunas categorías que ilustraran esas relaciones de poder entre la víctima y el victimario, como en la investigación costarricense (femicidio íntimo, no íntimo o por conexión – ver recuadro).

Los victimarios de carne y hueso se desconocen. La Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH) indica que en el 81.9 por ciento de los casos las instituciones responsables del registro de datos, investigación, persecución penal y captura no logran esclarecer los casos. Estos funcionarios se caracterizan por sus bajos niveles de escolaridad y capacitación.

Negligencia y complicidad porque, como explica Monárrez Fragoso, lo que los cuerpos de las víctimas reflejan y comunican es la saña y lo que sufrieron antes de su muerte, pero son estos funcionarios quienes desde una postura sexista interpretan estos cuerpos en vida de “mujeres sueltas”, culpando a las víctimas por haber sido asesinadas.

 

Impunidad en una sociedad degradada

En este período de posguerra vivimos en y con un Estado incapaz de generar medios dignos para que la gente se gane el sustento. Migración y narcotráfico resultan la alternativa para muchos, espacios de relacionamiento en que también se considera a las mujeres como medio para enviar mensajes y advertencias entre sí. Los intereses de funcionarios de alto nivel con estos grupos los cubren de un manto protector, provocando un círculo vicioso de impunidad.

 

Falta de injerencia ciudadana

En Costa Rica se determinó que en el 89 por ciento de los femicidios ocurridos los perpetradores eran hombres que habían tenido una relación de pareja con la víctima. No digo que ésa sea la proporción en el caso guatemalteco, pero nos recuerda que es en la propia casa, espacio designado a las mujeres, donde se encuentran inseguras.

Es por ello que el principio de injerencia que se utiliza para intervenir en otro tipo de violaciones a los derechos humanos es aplicable a las que viven las mujeres. Como dice Andrés Montero Gómez, el entorno cercano, familiares, amistades y vecinos deberían constituirse en primera línea de defensa. Claro, para ello deberíamos tener claro que la violencia en lo doméstico no es un problema privado.

Entonces, las mujeres son asesinadas por ser mujeres pues no valen -ésa es la causa de fondo- y se las continúa violentando porque existen muchos cómplices con el victimario: quienes se hacen de la vista gorda de lo que sucede en la vecindad, quienes reproducen la misoginia, funcionarios negligentes y medios que no comunican sino amplifican el mensaje paralizador de la violencia.

 

 

Femicidio íntimo: Asesinatos cometidos por hombres con quienes las víctimas tenían o tuvieron una relación íntima, familiar, de convivencia, o afín a éstas.

 

Femicidio no íntimo: Asesinatos cometidos por hombres con quienes la víctima no tenía relaciones íntimas, familiares, de convivencia, o afines a éstas. Frecuentemente, el femicidio no íntimo involucra un ataque sexual.

 

Femicidio por conexión: Existe esta tercera categoría para clasificar las muertes por femicidio. Hace referencia a mujeres que fueron asesinadas en la línea de fuego de un hombre que trataba de matar a una mujer. Son los casos de parientas, niñas u otras que intervinieron para evitar el hecho, o que simplemente se vieron atrapadas en la acción del femicida.

Fuente: Femicidio en Costa Rica, 1990-1999,

por Ana Carcedo y Montserrat Sagot

 

Bibliografía

·          Alonso, Jorge. Mujeres asesinadas en Ciudad Juárez: Dimensiones de un desafío. Revista Envío No. 269, agosto 2004. Nicaragua, 2004.

·          Asencio, Jeannette. Informe de crímenes contra mujeres en Guatemala. Amnistía Internacional, 2004.

·          Atencio, Graciela. El femicidio es el exterminio de la mujer en el patriarcado. Entrevista a la socióloga Monárrez Fragoso. Triple Jornada, 19 de octubre del 2003.

·          Carcedo, Ana y Montserrat Sagot. Femicidio en Costa Rica, 1990-1999. San José, 2001.

·          Montero Gómez, Andrés. Principio de injerencia ante la violencia contra la mujer. OeNeGe. España, 2001.

·          Procuraduría de los Derechos Humanos. Informe: Muertes violentas de mujeres durante el 2003. Guatemala, 2004.

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El delito de portación de cara

Gabriela Escobar / Antropóloga guatemalteca

 

Hace unos días el ministro de Gobernación, Carlos Vielman, anunció la implementación de nuevas medidas de seguridad en la red de transporte público que buscarían prevenir asaltos y otros hechos de violencia en los autobuses. Básicamente, el plan consiste en el abordaje de 600 agentes de las fuerzas combinadas (PNC y ejército) a los más de 1,200 autobuses que circulan a diario por la ciudad, el registro de los mismos y la petición de documentos personales a pasajeros considerados “sospechosos”. Se contempla que estas actividades se desarrollen a largo plazo y para diciembre ya estén entrenados los agentes que actuarán encubiertos dentro de los autobuses.

Si tomamos como cierto lo que señala una encuesta reciente respecto a que el 95.2 por ciento de los guatemaltecos experimenta miedo de ser asaltado cuando sube a una camioneta y que el 77.8 por ciento preferiría pagar una tarifa más alta en el pasaje a cambio de que cuente con seguridad privada, pensaríamos que lo anunciado por el ministro será bien recibido por los usuarios. Sin embargo, la reacción de la población es más bien cautelosa y desconfiada ya que, por un lado, ninguno de los “nuevos” planes de seguridad anunciados por los últimos cuatro gobiernos ha tenido resultados palpables; y por el otro, existe desconfianza respecto a los criterios que utilizarán los agentes para calificar a alguien como “sospechoso” y al trato que éste pueda recibir.

Como sabemos en la actualidad, la ejecución de detenciones arbitrarias es una práctica muy arraigada en la mentalidad de los “agentes del orden”; y al igual que en el pasado, existen algunos criterios -aunque no consensuados ni delimitados- quue permiten calificar a alguien como posible subversor del orden social. Hoy día, los jóvenes varones pobres y los pandilleros constituyen los principales sujetos de sospecha. Esta percepción se basa hasta cierto punto en la realidad, ya que una buena cantidad de jóvenes atrapados “in fraganti” en robos y asaltos proviene de estos sectores.

Pero también una proporción importante de este segmento poblacional es detenida y privada de su libertad en forma “preventiva”, sin que exista delito de por medio, sino simplemente por llevar un tatuaje, usar cierto estilo de pantalón o corte de pelo, o incluso caminar en lugares u horarios considerados inadecuados por la policía y/o el ejército. En la mayoría de ocasiones estos jóvenes ingresan a la cárcel o a un centro de menores hasta que un juez determina la inexistencia de pruebas; en otros casos el proceso se alarga, gracias a la fabricación de pruebas por parte de la policía. En una entrevista reciente, un joven recluso me dijo al respecto: “Yo sí tenía unos delitos de antes, pero cuando la policía me agarró no me encontró nada; no tenía nada para agarrarme, así que me pegaron y me metieron mota”.

La policía sabe perfectamente contra quiénes es legítimo cometer este tipo de abusos, que para muchos resultan legítimos si pensamos que este joven está admitiendo que en algún momento anterior había roto la ley, pero esto era desconocido para los agentes policiales, por lo que aparentemente se “dejaron llevar” por su caminado tambaleado y orgulloso en una barriada pobre. Tal vez también influyó su rostro de piel oscura, su mirada directa desde unos ojos rasgados y pequeños... en fin, su hablar “jalado” o simplemente el conjunto de una cara, un cuerpo y una actitud “claramente delincuenciales”.

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Más que un golpe

Andrea Carrillo Samayoa / laCuerda

 

Cuando como por arte de magia empiezan a brotar las espinillas, los vellos salen por todos lados y comienzan cambios en la voz, está por iniciar la etapa de la juventud y con esto el trato y las relaciones con otras personas dejan de ser infantiles e inocentes.

Conscientemente o no, se reproducen los esquemas del resto de la sociedad al momento de convivir. Hay que demostrar quién tiene el poder y es superior, quién debe obedecer y callarse aunque no le parezca. Es entonces cuando los ambientes pueden tornarse violentos.

En el colegio, alrededor del sexto primaria o entrando a los básicos, los hombres deben empezar a demostrar su hombría. Las peleas son constantes y los motivos variados: una mala cara, disputa de amores, una “mentada de madre” o, en su defecto, de la generación completa. La razón no interesa; lo importante es dar a conocer quién es “el mero-mero”.

En las mujeres los pleitos no son tan frecuentes pero las bajadas de cuero sí. Las que no pertenecen al grupo de amigas y caen mal se convierten en “putas”, “choleras”, “oxigenadas” (entiéndase, de pelo claro porque se lo han pintado). Cualquier adjetivo es válido para descalificarlas.

La violencia se manifiesta de diversas maneras. Hay quienes creen que es únicamente el puro ataque físico. Pero también puede entenderse por agresión la imposición de algo contra la propia voluntad, privación de libertad, ofensa verbal o de manera forzosa acceder ante alguna situación.

Avanzada la edad, aunque todavía en el rango de jóvenes, las situaciones violentas siguen dándose, algunas con mayor grado de agresividad que otras.

Conforme pasan los años el uso de “malas palabras” es más común y va de la mano con la cultura guatemalteca. Basta escuchar cómo los jóvenes se muestran “afecto”: “¿Qué onda, vos cerote?”, o “Comé mierda, cerote”, o si no, “Tu madre, hijuela gran puta”. Para ofender o agredir se utiliza el mismo léxico; sólo cambian el tono y gesto al momento de decirlo.

En las relaciones sentimentales la violencia se da en distintas formas. Puede ser una agresión psicológica, como bajar la autoestima de la pareja. En este caso, algunos tipos dicen: “Mirá cómo estás de gorda, el pelo lo tenés quemado y maltratado”, y demás comentarios por el estilo, para que su compañera se sienta por los suelos, no se vaya de su lado y le agradezca estar con ella.

También hay quienes quieren imponer su punto de vista sobre lo que debe ser la famosa “media naranja”. Si se es amiga, no importa echarse un cigarro o beber hasta emborracharse, ponerse un pantalón ajustado o decir lo que una quiere. Pero si se pasa a ser la novia, entonces hay que comportarse. Ya en confianza y transcurrido el tiempo, comienzan las famosas frases: “No fumés, porque las que fuman, chupan, y las que chupan, chiman”. “No me gusta que usés minifalda para salir a la calle”. “No digás malas palabras porque se ve mal”. Hasta en la relación sexual quieren dominar: ellas pasan preocupadas hasta que la regla se deja ver y todo porque al fulano le disgusta usar preservativo.

No es nada más un empujón o un golpe. A veces, las formas de agredir no son palpables y el daño puede ser irremediable.

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Dónde denunciar hechos de violencia contra las mujeres

Cualquier persona (sin distingo de edad) que haya sido agredida por un miembro de la familia puede acudir a alguna de las instituciones encargadas de recibir denuncias, y la entidad receptora de la denuncia deberá remitirla a un juzgado de Familia o del orden penal en un plazo no mayor de 24 horas.

Así lo estipula el Artículo 4 de la Ley para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia Intrafamiliar (Decreto 97-96).

Si has sufrido violencia de este tipo, ejerce tu derecho a denunciarla ante cualquiera de las siguientes instituciones:

 

A nivel nacional

Estación de policía más cercana

Exige que levanten un acta de tu denuncia, pide una constancia certificada y verifica que tu caso sea remitido al juzgado correspondiente o al Ministerio Público.

En tu localidad

Ministerio Público

Bufetes Populares

Procuraduría General de la Nación

Procuraduría de los Derechos Humanos

Juzgados de Familia (atienden de 7:30 a 15:00 horas en juzgados de turno)

En la ciudad capital

Ministerio Público

7a. Ave. 11-20 Zona 1

Tel. 2220-1584 y 2230-2047

Fiscalía de la Mujer

6a. Ave. 5-66 Zona 1, Edificio Lucky, 3er. Nivel, Oficina 301

Tel. 2221-3890

Defensoría de la Mujer

Procuraduría de los Derechos Humanos

12 Calle 12-72 Zona 1

Tel. 2230-0874 al 76

Unidad de Protección de

los Derechos de la Mujer

Procuraduría General de la Nación

15 Ave. 9-69 Zona 13, 1er. Nivel

Tel. 2248-3200, Ext. 214

Bufetes Populares

Universidad de San Carlos de Guatemala

9a. Ave. 13-39 Zona 1

Tel. 2232-2448

 

Universidad Rafael Landívar

13 Calle 2-73 Zona 1

Tel. 2238-4191

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El Estado y sus diluidas acciones

Wendy Santa Cruz / Periodista guatemalteca

 

La situación de extrema violencia que padecemos como sociedad exige acciones urgentes para enfrentarla. Es evidente que los organismos del Estado continúan sin garantizar el derecho a una vida sin violencia. Existen algunas instituciones y programas que abordan esta problemática, pero sus acciones son muy diluidas y sobresale la falta de recursos, de coordinación.

Las defensoras de la seguridad de las mujeres llevan adelante una lucha intensa, sin desaliento, a pesar de los obstáculos y del elevado número de asesinatos que se registra cada mes.

 

Pequeños avances...

En la Policía Nacional Civil (PNC), 119 mujeres capacitadas atienden a las usuarias de las Oficinas de Atención a la Víctima en toda la República. En Quiché, Huehuetenango y Alta Verapaz, algunas hablan uno o dos idiomas mayas, lo cual ha repercutido en mejorar los servicios para las indígenas.

La Sección de Homicidios contra Mujeres, que inició en abril pasado con un personal de 10 encargados, también es importante para reforzar la investigación y favorecer la persecución criminal. Ahora suman 20 y cuatro son mujeres.

La Fiscalía de la Mujer del Ministerio Público (MP) incrementó y especializó sus recursos humanos y equipo técnico, además de mejorar su espacio físico. Creó la Fiscalía de Delitos contra la Vida, encargada de aplicar técnicas más modernas para investigar, y su reto es esclarecer los femicidios. Le otorgaron dos años para mostrar resultados.

En breve, elementos de la PNC y el MP recibirán un curso sobre escena del crimen a fin de mejorar la recuperación de evidencias físicas.

El Organismo Judicial (OJ) incluyó la perspectiva de género en algunas políticas de modernización. Está prestando su capacidad técnica a algunas acciones de la Coordinadora Nacional para la Prevención de la Violencia Intrafamiliar y contra las Mujeres (CONAPREVI). Los Juzgados Móviles han contribuido a aminorar los tiempos para otorgar medidas de seguridad a las agredidas, por lo que las instancias receptoras de denuncias regularmente recurren a ellos.

 

...grandes limitantes

Las limitaciones en diferentes instancias estatales contrastan con los contados logros. Hay esfuerzos y voluntad de algunos servidores públicos, pero también desánimo.

“En materia de prevención no existe nada concreto”, señaló Hilda Morales, de la Red de la No Violencia contra las Mujeres, al recalcar que “los operativos entre la policía y el ejército no han sido efectivos, pues el crimen tiende a trasladarse a otras áreas”.

La Sección de Homicidios contra Mujeres despertó grandes expectativas, ya que el gobierno hizo importantes ofrecimientos. “Aquí, cada investigador compra sus hojas para poder rendir su informe. De nuestro salario reunimos para el toner (de impresora) y el mantenimiento de los vehículos. Esto crea cansancio psicológico porque encontramos muchas dificultades para realizar bien nuestro trabajo”, lamentó su segundo jefe, Julio Méndez.

“El Estado tiene la obligación de equiparnos. Si nos proporciona todas las herramientas, estoy segura que seremos más eficientes”, agregó Marlene Blanco, subcomisaria encargada de la Oficina de Atención a la Víctima.

Zenaida Escobedo, responsable de la Unidad de Psicología Clínica del OJ, expresó: “Es difícil ejercer una acción directa porque cada juez actúa e interpreta la ley bajo su propia óptica”, tras indicar que las juezas de Familia están más sensibilizadas en el tema.

 

Otros pendientes

La creación de albergues para víctimas continúa irresuelta, pese a ser una acción indispensable para brindar seguridad a las mujeres agredidas. “Se ha mejorado la atención”, dijo Maura Estrada, de la Fiscalía de la Mujer del MP, quien explicó que el Estado tiene obligación de proveerlos.

Otro pendiente es la aprobación de leyes que tipifiquen como delitos el acoso sexual y la violencia intrafamiliar y reformen los códigos Penal y Procesal Penal. “Ha costado mucho que el Congreso asuma el tema, aunque hay condiciones para aprobarlas de urgencia nacional”, manifestó Alba Estela Maldonado, diputada por la URNG. “Todo depende de la capacidad que exista para concretarlas, pues se necesita de mayoría calificada (105 votos); de lo contrario tendremos que esperar hasta el otro año”.

Es importante destacar que pese a la existencia del Plan Nacional de Prevención y Erradicación de la Violencia Intrafamiliar y contra las Mujeres 2004-2014 (PLANOVI), el gobierno siguen sin asignar los fondos necesarios para hacerlo operativo. La congresista Maldonado consideró que la propuesta de presupuesto del Ejecutivo “no incluye medidas fundamentales para detener el proceso de empobrecimiento ni para garantizar la vida y seguridad de quienes no son su prioridad”.

 

Esfuerzos en curso

Las instituciones que integran la CONAPREVI y las organizaciones de mujeres que conforman la Red de la No Violencia trabajan sin descanso, pese a la falta de recursos para ejecutar sus planes y programas.

“El presupuesto de la CONAPREVI es mínimo, ni siquiera hay dinero para pagar a una gerente y una secretaria”, señaló Hilda Morales, quien anotó que están buscando el apoyo de la cooperación internacional para iniciar las acciones del PLANOVI, “porque de otra manera no hay acciones”.

Gladis González, del Programa de Prevención y Erradicación de la Violencia Intrafamiliar (PROPEVI), informó que ha empezado la búsqueda de recursos para organizar albergues y resaltó que “este año hemos tenido que limitar las acciones de capacitación para los sectores de educación, justicia, salud, líderes comunitarios, entre otros”.

El Instituto Nacional de Estadística (INE) dirige el proceso de validación y uso de la Boleta Única para registrar la violencia intrafamiliar y contra las mujeres. La entidad ha participado con el propósito de mejorar los reportes, para que sean de utilidad a las entidades estatales en el diseño de políticas públicas que reduzcan estos hechos, indicó Sigfrido Lee, gerente del organismo.

“Presentaremos la última versión de la Boleta Única el 18 de noviembre y a partir de enero la implementaremos sistemáticamente en las instituciones responsables”, puntualizó Karina Peruch, coordinadora de tales estadísticas en el INE.

 

Hay esperanzas

Para Hilda Morales, la presencia en Guatemala de Yakin Ertürk y Susana Villarán, relatoras de Naciones Unidas y de la OEA respectivamente, fue útil a fin de hacer visible la problemática de la violencia de género, aunque precisó que ése será el único efecto mientras no se tengan los informes definitivos de ambas visitas realizadas este año, mismas que incluirán recomendaciones para los tres organismos del Estado.

“Hay que continuar esta lucha, ardua y llena de frustraciones. Siempre y cuando no decaigamos, podremos lograr que nos oigan y reaccionen para frenar la violencia contra las mujeres”, concluyó la abogada Morales,* cuyo trabajo a favor de las guatemaltecas fue reconocido por Amnistía Internacional al nombrarla Embajadora de Conciencia.

 

* Ver perfil de Hilda Morales Trujillo en la sección Reportajes.

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Para sostener a sus familias

Ledy Orantes y Andrea Carrillo Samayoa / laCuerda

(las fotografías de este reportaje pueden ser vistas en el archivo DOC de esta edición)

 

·         “Una de las ventajas de este oficio es que puedo tener a mis dos hijos cerca”, menciona María Josefina López, de 21 años, quien aprendió a hacer tortillas desde los 10 y con esto mantiene a su familia.

 

·         María Matilde Pineda Osorio, de 37 años, trabaja en la cocina y atendiendo mesas en Las Cien Puertas. Su horario es de 6 de la tarde a 2 de la mañana.

 

·         Propietaria de su negocio, Patricia Calel es originaria de Quiché, tiene 32 años y tres niños.

 

·         Muchas son las guatemaltecas que a pesar de la violencia que se vive en las calles deben trabajar directamente en éstas para llevar el sustento a sus familias.

 

·         A los 13 años, María Angélica de Morataya empezó a trabajar barnizando en una carpintería, luego como ayudante de cocina, atendiendo una panadería y también una tienda. Actualmente, a sus 24 años, vende ropa en una paca. No tiene hijos pero comenta que la labor doméstica es muy pesada para ella. Antes de salir de su casa deja hecha la limpieza; cuando regresa hace la cena y le sirve a su marido.

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Por una reflexión humanizada

¿Quiénes estudian la violencia contra las mujeres en Guatemala... y cómo?

Anabella Acevedo / laCuerda

 

En un país donde a diario ocurren tantos casos de violencia, se podría suponer que para los académicos de las Ciencias Sociales -y académicos en general- éste sería un teema de reflexión y estudio. Más aún: cuando en ese mismo país, desde hace algún tiempo hasta hoy, muchos de esos casos están dirigidos de manera sistemática hacia las mujeres, el interés y la preocupación podrían justificarse por partida doble.

Ello, por supuesto, no necesariamente significa que las cuestiones de carácter coyuntural sean las que definan las líneas temáticas de interés de investigadores y centros de investigación, como muchas veces ha sucedido, sobre todo en aquéllos casos en que ni los unos ni los otros deciden los temas a investigar. Esto acontece, por ejemplo, cuando las agencias de cooperación internacional optan por otorgar financiamiento sólo a quienes se encuentran trabajando asuntos de su interés.

Claro, a menudo hay coincidencias entre unos y otros. El caso de la guerra interna en Guatemala, desde las más diversas variantes, es el ejemplo más claro. Basta ver, si no, la amplia bibliografía que al respecto se produjo, sobre todo, en la década de los ochenta, por parte de investigadores tanto nacionales como extranjeros. Entonces, Guatemala era zona de interés para la cooperación internacional. Sin embargo, tras la firma de los Acuerdos de Paz -se dice- ésta ha vuelto la mirada hacia espacios de conflicto de más urgencia.

Cierto, ya no vivimos la guerra que causó tanto daño a este país y, aunque a veces cueste verlo, algunas cosas han cambiado para bien. Por otro lado, los Acuerdos de Paz no han llegado a ser ese “final feliz” que algunos soñaron, y la violencia ha pasado a tomar otros nombres: narcotráfico, desmovilizados de guerra convertidos en delincuentes, maras, etc. Y, por supuesto, series de asesinatos que parecieran tener un móvil específico, como los de mujeres.

 

Focos de interés

Quién se encuentra estudiando ahora la violencia, y desde cuáles perspectivas lo hace, es una pregunta que ayudaría a entender mejor las preocupaciones sociales de una sociedad en crisis desde hace ya bastante tiempo.

Una mirada rápida a los trabajos académicos que se llevan a cabo a partir de los noventa deja ver un interés por temáticas asociadas transversalmente con la violencia. Así lo prueban los estudios sobre pobreza, género, democracia, étnicos y asuntos relacionados, realizados por FLACSO (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales). También ciertos trabajos llevados a cabo por AVANCSO (Asociación para el Avance de las Ciencias Sociales), que tienen que ver con sus líneas de interés: campesinado, historia local, estudios socio-urbanos e imaginarios sociales.

Lo mismo sucede con las investigaciones de CIRMA (Centro de Investigaciones Regionales de Mesoamérica), centradas en estos últimos años en el desarrollo de las relaciones étnicas en Guatemala, donde la violencia aparece en el contexto de otras temáticas, como la disparidad en las estructuras sociales, políticas, educativas, etc.

Otro foco de interés se sitúa en la violencia social desde los efectos de los hechos más recientes de nuestra historia en la psicología de la población guatemalteca. Ello se manifiesta en el trabajo del Equipo de Estudios Comunitarios y Acción Psicosocial (ECAP) y de la Maestría en Psicología Social y Violencia Política de la Escuela de Ciencias Psicológicas de la Universidad de San Carlos.

 

Investigar desde un contexto histórico

Sin duda, los estudios que se están llevando a cabo son importantes para evidenciar una problemática presente en la cotidianidad del país y, sobre todo, para ir buscando las maneras de romper con lo que hasta ahora parece haberse convertido en un círculo vicioso que explica la violencia por la misma violencia.

Sin embargo, habría que empezar a detener la mirada en sujetos específicos que viven problemáticas particulares, por ejemplo las mujeres y las/los jóvenes. Sujetos a quienes generalmente se invisibiliza, excepto cuando se convierten en noticias periodísticas sobre hechos desafortunados, como es el caso de la violencia relacionada con las maras y los asesinatos de mujeres.

Esto podría invitar a una reflexión más profunda, insertada en un contexto histórico y social más amplio y, sobre todo, más humano.

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Ojo con la manera de comunicarse

Andrea Carrillo Samayoa / laCuerda

 

A través de la palabra, señas, muecas, símbolos y demás formas que puedan existir, las personas se comunican y relacionan. El lenguaje se convierte en un elemento fundamental de las culturas que regula la acción individual y colectiva de las relaciones sociales, y condiciona muchos aspectos de la realidad social y de los procesos de comunicación.1

Una mala cara o gesto permite fácilmente interpretar desprecio, odio, agresión o cualquier sentimiento de este tipo. Con el lenguaje no es tan sencillo porque se puede agredir o fomentar la violencia con tal sutileza que en ocasiones ni se logra percibir.

Para demostrar estas situaciones hay un sinfín de casos. Podríamos comenzar por los significados de mujer y hombre que se encuentran en los diccionarios. En el de la Real Academia Española, refiriéndose a nosotras, entre otras cosas dice: “La casada con relación al marido. La que tiene gobierno y disposición para mandar y ejecutar los quehaceres domésticos y cuida de su hacienda y familia con exactitud y diligencia”. Y acerca de ellos menciona: “Ser animado racional. Individuo que tiene las cualidades varoniles por excelencia, como el valor y la firmeza. El que cumple puntualmente sus obligaciones”.

Otro ejemplo es la manera en que los medios de comunicación reproducen estereotipos eminentemente sexistas de supuestos roles y tipos de relaciones que deben darse entre mujeres y hombres. Lo único que hacen es fomentar la violencia, en el caso de nuestro país, en una cultura por tradición agresiva.

Una demostración de esto son las notas que constantemente leemos en los diarios, referidas a los asesinatos de mujeres. Indican que la víctima fue hallada con el tiro de gracia, estrangulada o apuñalada, pero junto a esa información aparece ingeniosamente la aclaración: “fue encontrada en la calle, tenía tatuajes, llevaba minifalda y blusa escotada, excesivo maquillaje, por lo que se presume era marera o prostituta”. También están los chistes de Los Melaza o de “Modesty Blaise”, en los que ellos aparecen preocupados por los aspectos “importantes” de la vida mientras las mujeres al servicio de las necesidades de los hombres ocupados.

Por aparte hay quienes objetan incorporar términos como abogada, lideresa, trabajadoras del sexo o de casa particular, médica... (y si la lista continúa esta página no alcanza), argumentando que no hay que deformar el lenguaje o que la Real Academia Española no lo permite. Contrario a esto, la historiadora Gerda Lerner indica que la exclusión de la mitad de la humanidad elimina nuestra participación en la formación de los sistemas de ideas. Las mujeres quedamos fuera de la función de elaborar definiciones asociadas a la manera en que debemos ver y vivir el mundo.2

No ha faltado quien diga que las personas que reivindican la causa de las mujeres y se identifican como feministas “envenenan las mentes de otras” que no lo son y corrompen el pensamiento del resto de la sociedad. Lo que no terminan de entender es que si existe esta forma de vivir y entender la vida es porque hay mujeres con una cultura definida y distinta a la de ellos que se opone a reproducir patrones que fomenten la violencia.

 

Bibliografía

1.       Gallino, Luciano. “Diccionario de Sociología”. Siglo XXI, 1995.

2.       ABC de un Periodismo No Sexista. Fempress, marzo del 2000.

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Crítica certera a los saberes sexistas y androcéntricos

Adelma Bercián / Periodista

 

La tesis de graduación de Ana Lucía Ramazzini Morales, titulada “Repensar la construcción del conocimiento: una crítica a los saberes sexistas y androcéntricos del área de Sociología de la Escuela de Ciencia Política de la Universidad de San Carlos de Guatemala”, es un paseo bastante bien documentado por la literatura feminista que critica los conceptos teóricos de la creación y desarrollo del conocimiento humano; y también es -esta tesis- una recopilación elocuente dee actitudes sexistas y discriminatorias en la Escuela de Ciencia Política de la USAC. Aunque es un universo delimitado, refleja no sólo el ambiente machista de cualquier casa de estudios superiores, sino de todos los ámbitos públicos y privados donde predomine el sentir masculino sobre el femenino.

Ramazzini explora varias ideas dignas de mención. La primera habla sobre la epistemología del conocimiento. Establece que, a lo largo de la historia y del desarrollo del conocimiento, se ha dejado fuera tanto los aportes de las estudiosas y las científicas como la experiencia cotidiana de las mujeres. Por tanto, la historia y la ciencia se han escrito únicamente acerca de la mitad de la humanidad. Es decir, una visión incompleta de la realidad pero, además, que afirma ser absoluta y categórica.

Otra idea importante que la autora revela es que la humanidad ha interiorizado a tal grado ideas sexistas y discriminatorias, que las asume como parte de la naturaleza (biológica) femenina o masculina y, por ello, no las distingue como incorrectas o injustas. Esta falacia de la dominación androcéntrica se hace evidente en la presentación de los resultados de encuestas, donde la totalidad de las entrevistadas afirma que se utiliza permanentemente el lenguaje en masculino y, sin embargo, asegura que nunca o casi nunca se desvalorizaba a las mujeres en los materiales didácticos trabajados. Entonces, Ana Lucía Ramazzini se interroga: “el lenguaje excluyente, ¿no implica desvalorización?”

La reflexión más importante de la tesis es la que explora la propuesta de la epistemología feminista. Las teóricas feministas sostienen que el conocimiento es un proceso, no un absoluto; que depende de su contexto y debe recrearse a partir de todas y todos sus actores.

Basada en las teorías de las feministas consultadas, la autora propone la creación o reforma del currículum de la carrera de Sociología a simple vista audaz: la inclusión de una buena cantidad de cursos sobre mujeres, en calidad de actoras como también de investigadoras del conocimiento y de los procesos sociales en el mundo.

Todo esto matizado -acota en sus conclusiones- con “una reflexión profunda, abierta y continua sobre la forma como se ha ido construyendo el conocimiento y la manera como se ha ido reproduciendo, con sesgos sexistas y androcéntricos”.

Entre las líneas de esta tesis hay una invitación que hace la feminista Sandra Harding: es vital cuestionar los conceptos establecidos en las distintas ramas del saber para desde allí favorecer relaciones sociales equitativas. Están invitadas la antropología, la historia, las ciencias exactas, la filosofía, y una lista sin fin, a hacer propuestas que hoy parezcan audaces, para que en unos años sean luchas ganadas e irrevocables.

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Sepultureras

Texto y fotografía: Andrea Aragón / Fotógrafa guatemalteca

(la fotografía del artículo puede ser vista en el archivo DOC de esta edición)

 

Enterrar hijos, enterrar animales, enterrar esposos y madres ancianas.

Enterrar recuerdos, enterrar miserias.

Enterrar sueños... Sobre todo eso: enterrar sueños.

Las mujeres en este país somos enterradoras de por vida.

Sepultureras.

Ya se viene el día en que nos enterraremos también a nosotras mismas.

Me pregunto: ¿Qué madre, qué hija, qué esposa va a quedar viva para enterrar a los asesinos cuando mueran de viejos, sintiéndose dichosos porque la justicia nunca los vio a los ojos?

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Los grandes perdedores

Mirna Mejía / Abogada con experiencia en familia y derechos de la niñez

 

Abochornada de que hubiera sido la Comisión Postuladora la que tachó mi nombre del listado, reparé que actuaba exactamente como las víctimas de violencia, que temen denunciar el hecho porque de alguna manera se sienten culpables. No obstante haber tratado que depusieran esa actitud, la mía era análoga, pues al sentirme vejada, opté por callar.

Es hora de expresar lo que ha estado escociéndome: las elecciones para magistrados de la Corte Suprema de Justicia y la Corte de Apelaciones.

Como abogada estudiosa del Derecho, capaz, honesta, con experiencia en administración de Justicia y respetuosa del Estado de Derecho, me postulé para magistrada a ambas Cortes, a sabiendas de que para ser electa a la Suprema necesitaba, más que los requisitos exigidos, estar apadrinada por un partido político, en este caso el FRG. Porque, de una u otra manera, de los 13 magistrados que desde el 13 de octubre ocupan el Palacio de Justicia -aparte de los méritos académicos que no discuto: reúnen algunos de ellos-, todos necesitaron del beneplácito del General, lo que no implica que necesariamente sean sus adeptos.

La Suprema no era mi verdadero interés, y si me postulé para ésta, lo hice como cuando se compra un número de lotería: se guarda en la billetera o en un libro y se olvida. Mi aspiración era ser reelecta para Apelaciones. Estaba segura de ser bien calificada por la Comisión Postuladora, en el entendido que el problema surgiría en el Congreso, donde la elección se politiza.

Me equivoqué. Pequé de ingenua creyendo que las aptitudes sirven de algo. Sin padrino no hay méritos válidos. Las Comisiones encargadas de escoger lo más conspicuo del gremio de abogados seleccionaron amigos y parientes (verbigracia, uno de los decanos pone en el listado a su esposa, otro a su tío, uno más a su “prima” y así...), sin tomar en cuenta -en la mayoría de los casos- capacidad, honorabilidad, méritos académicos, experiencia.

De esta cuenta, para la Suprema fueron excluidos Eduardo Castillo Montalvo (¡un jurisconsulto!, catedrático universitario, ex magistrado de la Corte Suprema), Yolanda Pérez, Óscar Najarro y muchos abogados valiosos. De los 72 magistrados de Apelaciones se nos marginó a 52. ¡Valieron un comino especializaciones, cursos de actualización, maestrías, cátedras universitarias, experiencia!

Después de la guillotinada de la Comisión Postuladora, el turno fue del Congreso. Repito, como Silvia Tejeda de elPeriódico: ¿Para qué tanta escogencia, para qué tomarles el pelo a tantos abogados de trayectoria profesional honesta, para qué hacer la bullaranga de que representan el sistema democrático, si a la hora de las decisiones quieren nombrar a gente leal a sus intereses?

Y no se crea que la cosa fue fácil. ¡No, señor! Ese proceso lo sufrieron corriendo detrás de los diputados rogándoles su voto -aun siendo muchos de ellos personas capaces- y de ajuste deben estarles agradecidos. ¡Correr tras los políticos! Ésa es “ley de la carrera judicial”. El proceso de postulación colapsó. No es posible que personas idóneas tengan que ser nombradas en razón de sus amistades o padrinos y no por sus aptitudes. Lamentable, ¿no?

Me solidarizo con los distinguidos abogados que no lograron alcanzar tan honrosos cargos en el Organismo Judicial. Lo siento no por ellos, sino por la administración de Justicia y el pueblo de Guatemala, que son los grandes perdedores.

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Transgredimos el espacio

Luis Alberto Medina / Integrante del Bloque Antiimperialista

 

El 4 de junio de este año, unas 11 organizaciones populares, en su mayoría de jóvenes, realizaron la primera toma de un edificio en la ciudad capital. El objetivo: recuperarlo para uso colectivo — político, cultural y social.

Tomas históricas ocurrieron durante las etapas más obscuras de la represión del Estado. La toma de la Embajada de España, la del Palacio Nacional y de la Catedral Metropolitana, por mencionar algunas, se convirtieron en el último recurso del movimiento popular (campesinos, sindicalistas, estudiantes y familiares de detenidos-desaparecidos) ante la represión desatada por los gobiernos militares. Y tras su grito de indignación y hastío recibieron gases y más violencia.

Casi dos décadas después, el Bloque Antiimperialista toma un edificio abandonado desde hace más de 13 años. El inmueble, con una historia simbólica para nuestro movimiento, albergó a las oficinas de la United Fruit Company, de la embajada estadounidense y del Club Americano-Guatemalteco, hasta poner sus más obscuros rincones al servicio del Departamento de Migración y su respectiva Oficina de Inteligencia Militar. Allí fueron detenidos y desaparecidos muchos de los compañeros y compañeras más entregadas al movimiento popular y revolucionario guatemalteco.

Desde el 4 de junio, cuando el Bloque irrumpió en ese espacio, nos propusimos hacer de él un ensayo diferente: un centro de convergencia de ideas políticas y culturales, propuestas, demandas y esfuerzos por enfrentar las realidades históricas que nos afectan. Cada una de las organizaciones miembras nos dispusimos, desde nuestras propias experiencias, al aporte de criterios y fundamentos para el análisis y replanteamiento respecto a las “viejas prácticas”, organizativas y políticas, de la derecha y de la izquierda.

Así, el Bloque y la misma toma surgen de la necesidad de transformar el grito en acciones concretas, de abrir el marco para romper las divisiones que engullen al movimiento popular y los partidos políticos de izquierda mientras fortalecen a la derecha. Surgimos de la necesidad de reformular el sentido de palabras de unidad, horizontalidad, esperanza, libertad, autonomía y equidad.

Durante tres meses, la “casa tomada” (como se le conoció) abrió sus puertas para asambleas populares, debates, foros, videoforos, festivales, conciertos, encuentros, teatro, poesía y uno que otro internacionalista de paso por nuestras tierras.

Hoy, la “casa tomada” fue arrebatada por el Club Americano. Abogados y guaruras rompieron las chapas y sacaron nuestras mantas, sábanas y víveres. Inquiriendo por los líderes del Bloque, amenazaron con la cárcel por haber usurpado el terreno del usurpador.

Desde el 14 de octubre, en la “casa tomada” no pernocta más que el guardia. A la espera del barreno que libere ese u otro espacio.

Para el Bloque, la experiencia ha sido más que exitosa. Jamás nuestros esfuerzos se limitan a los muros. La unidad forjada en los debates y propuestas, la unidad de indignaciones y esperanzas construyeron el espacio. Éste transgredió su propio significado cuando cada hombre y mujer extendimos nuevas propuestas y retomamos los espacios en nuestras organizaciones, para construir diariamente el sueño colectivo de justicia, para decir “ya basta” a los vicios que replican, al interior del movimiento popular, el sistema y los esquemas que atacamos.

No aprisionan los altos muros, ni el gendarme de los yanquis, el ensayo que iniciamos. Que no lo aprisionen, entonces, nuestros cómodos asientos y salarios “oenegeros”.

El llamado está hecho. Las primeras puertas se abrieron, demasiadas permanecen hoy cerradas... esperando el barreno que transgreda su silencio.

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Todas nuestras muertas

Lucía Escobar y Claudia Navas / laCuerda

 

Somos la mitad de la Tierra y la mitad del cielo.

—María Mateo, mujer q'anjob'al sobreviviente de una masacre.

 

Treinta y seis años de conflicto armado no bastaron para saciar a quienes gustan de ver correr la sangre, de provocar llanto, desesperación y angustia. La violencia de género no es sólo un capítulo del informe “Guatemala Nunca Más”; tampoco se limita a lo que ocurre a puertas cerradas en miles de casas en el país. Todos los días los diarios publican en las secciones de impacto cómo fue masacrada una mujer: “le cortaron el pecho...” “la apuñalaron...” “fue violada...”

Las desapariciones forzadas y los secuestros no son un recuerdo de los tiempos de guerra. Son parte de nuestra realidad, una realidad que entierra cada día a más y más mujeres.

Activistas, políticas, periodistas, maestras, madres, esposas, hijas, niñas, indígenas, ladinas, altas, delgadas, robustas, todas ellas, todas nosotras formamos parte de un grupo que vive la violencia. Basta con buscar en los libros, escuchar las historias, llegar a los cementerios, leer los periódicos y sumar las muertes, las de la guerra, las más de 400 asesinadas en este año. Y como siempre, a casi nadie le importa.

Con esto queda claro que, en Guatemala, ser mujer es estar en la mira de la violencia. No es sólo una política de guerra implementada durante el conflicto armado: es el resultado del machismo imperante...

 

Mujeres arrasadas

“En 1981 y 1982, el período de la contrainsurgencia caracterizada por asesinatos masivos en el área rural, la proporción de mujeres entre todas las víctimas identificadas llegó al 21 por ciento, su máxima desde la expansión del conflicto en los sesenta. Para todo el conflicto armado, las mujeres representan el 15 por ciento de muertos identificados en la base de datos”.

“Un ejemplo de esto ocurrió en mayo de 1982, cuando las fuerzas del régimen de Ríos Montt asediaron a la comunidad de Saquillá II, en Chichicastenango, Quiché. A la llegada de los militares, pocos hombres se encontraban en la aldea, así el Ejército mató a quien pudo. El 8 de mayo, 23 niños, 15 mujeres y 6 hombres murieron en una incursión militar. Diez días después, la fuerza élite del Ejército, los kaibiles, volvieron a Saquillá II y registraron varias casas, asesinando a 25 niños, 15 mujeres (tres de ellas embarazadas) y 3 hombres”. (“Situación de los derechos humanos en Guatemala 1983”: 206-7; Amnistía Internacional, 1982).

“Otro caso más notorio de tal práctica ocurrió meses antes, durante el gobierno de Lucas García, en la aldea de Río Negro, Rabinal, Baja Verapaz. El 14 de febrero de 1982, el jefe del destacamento militar citó a todos los hombres de esa aldea para que se presentaran a su vecina Xococ, en el mismo municipio. Allí fue asesinada la mayor parte de los hombres de Río Negro. Un mes después, el 13 de marzo, los patrulleros civiles de Xococ, acompañados por el Ejército, volvieron a Río Negro. Al no encontrar hombres en el lugar, masacraron a 70 mujeres y 107 niños”. (Equipo de Antropología Forense de Guatemala, 1995; testimonios proveídos por CALDH. “Violencia Institucional en Guatemala 1960-1996”, Patrick Ball, Paul Kobrak y Herbert F. Spirer)

 

Masacradas y violadas

“A pesar de que existen los Informes de Recuperación de la Memoria Histórica (REMHI) de la Iglesia Católica y el de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH) de Naciones Unidas, en los que se registran los altos niveles de violencia sexual que sufrieron las mujeres durante el conflicto armado, solamente existe un precedente: en la masacre de Plan de Sánchez (Rabinal,1982), en donde el Estado guatemalteco aceptó su responsabilidad ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos por los delitos de genocidio, asesinato de la población y violación sexual de las mujeres. Sin embargo, hasta la fecha, el Estado no ha iniciado ningún tipo de persecución penal contra los responsables, ni ha reconocido públicamente el derecho a resarcir estas violaciones de derechos humanos, a pesar de que existen suficientes pruebas acerca de mujeres, niñas y ancianas que fueron violadas individual y/o colectivamente, antes de ser asesinadas”. (“Informe Sombra sobre la Situación de los Derechos Humanos de las Mujeres en Guatemala”)

 

Libros

 

«Guatemala: Nunca Más»

Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala (ODHAG)

El informe completo de lo que sucedió en la guerra en Guatemala se encuentra en cuatro tomos compilados por la ODHAG bajo los títulos: Impactos de la violencia; Los mecanismos del horror; El entorno histórico, y Víctimas del conflicto. Durante meses, un equipo de especialistas recopiló testimonios de violaciones a los derechos humanos ocurridas en el país y calladas durante tantos años. Esta “recuperación de la memoria histórica” se encuentra también en versiones reducida, popularizada y para la niñez.

Pulsar aquí para ver una versión resumida.

 

«Toque de queda: Poesía bajo el terror»

Luz Méndez de la Vega

Una de las escritoras más queridas y respetadas de Guatemala hilvana con delicadeza las palabras para mostrarnos cómo, en medio de las matanzas de este país, aún es posible que la poesía nos salve. Con la palabra precisa, Luz Méndez de la Vega se toma el tiempo para homenajear al cadáver anónimo que aparece bajo la primera luz de la mañana en cualquier terreno baldío.

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Indefensión de las vidas más tiernas

Dania M. Rodríguez Martínez / Integrante de la Red de Mujeres Periodistas

 

En la VI Conferencia Iberoamericana de Ministras/Ministros y Altos Responsables de Niñez y Adolescencia, llevada a cabo en Costa Rica en octubre pasado, se reportó que nuestro país ocupa, a nivel latinoamericano, el índice más alto de trabajo infantil, seguido por Honduras y Ecuador.

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), de 246 millones de niñas, niños y adolescentes obligados a trabajar en el mundo, 17 millones son de Latinoamérica y la mayor cantidad es de Guatemala. Un porcentaje importante se dedica a la agricultura, trabajos informales y domésticos. También desempeñan tareas de alto riesgo en canteras y con pólvora.

Aparte de los riesgos que corren trabajando, con frecuencia les explotan sus empleadores al obligarles a largas jornadas, pagándoles cantidades por debajo de lo que producen y sin proporcionarles prestación alguna. Generalmente deben laborar por la pobreza en que viven y sus ingresos son los únicos para la subsistencia de muchos hogares.

A esta problemática se suman casos de explotación sexual. Informes de organizaciones protectoras de los derechos de la niñez dan cuenta que en la ciudad capital y zonas fronterizas se observa este tipo de flagelo con mayor frecuencia.

Para hablar y escribir acerca de esos abusos y casos de explotación, tiempo y papel son insuficientes. Urge que el gobierno tome cartas en el asunto con políticas y programas que prevengan y atiendan esta problemática. Garantizar una adecuada protección exige implementar acciones, no sólo crear leyes.

Es también una tarea que corresponde a la sociedad misma. Cada familia tiene que asumir con decisión su responsabilidad. Es preciso recordar que en los hogares se produce la mayoría de abusos. En lugar de pensar cómo arremeter contra la delincuencia juvenil, se requiere poner atención en los miles de niñas, niños y adolescentes a quienes se somete a todo tipo de violencia, forzándoles a crecer en una vida de dolor y desamor.

En la conferencia señalada, especialistas de 21 países de América Latina, España y Portugal discutieron sobre los problemas que más aquejan a estos conglomerados sociales. Exhortaron a los gobiernos a que tomen todo tipo de medidas para erradicar tal situación. Su declaración será presentada en la XIV Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, el 19 de noviembre próximo en Costa Rica.

Es urgente que los pronunciamientos de esa reunión y tantas cumbres se traduzcan en hechos. Las firmas y el derroche de palabras y documentos finalmente no cambian la indefensión que viven niñas y niños de nuestro país y del mundo.

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Cuando la niñez trabaja en casas

Claudia Navas Dangel / laCuerda

 

Aunque mucha gente considera el trabajo doméstico un empleo más, el panorama cambia completamente cuando es realizado por niñas, niños y adolescentes, quienes en ello enfrentan una de las peores formas de explotación.

La primera razón para afirmar esto es que el trabajo infantil en casa particular carece de estatus legal específico en la normativa del país. Existe un rango entre los 14 y 18 años sujeto a preceptos regulados por la legislación laboral, y la contratación de menores de 14 años está prohibida constitucionalmente. Vale citar el Código de Trabajo, como también el Convenio 182 de la Organización Internacional del Trabajo, ratificado por Guatemala en 1990.

Así, pueden verse con horror las cifras de población infantil y adolescente que labora en casas particulares: 38,878 aproximadamente, quienes en su mayoría deben emigrar del interior de la República y trabajar jornadas que exceden las 13 horas diarias, realizando además tareas que ponen en riesgo su salud e integridad.

Muchas de estas niñas y adolescentes sufren maltrato psicológico y discriminación, como también abuso sexual. Por si eso fuera poco, no cuentan con un salario mínimo y se les veda el derecho a educación, salud y recreación. Tal como lo cita el informe de la OIT, “El trabajo infantil de casa particular en Guatemala”, esto es una evidencia de esclavitud moderna.

Es necesario revisar el Código de Trabajo para proteger a la niñez y adolescencia trabajadoras y resaltar la importancia del Convenio 138 (referido a la edad mínima para trabajar) y el 182 (sobre las peores formas de trabajo infantil). Además es vital desarrollar estrategias de coordinación intersectorial con los ministerios de Educación, Salud y Trabajo a fin de diseñar políticas públicas que protejan integralmente a estos grupos en casas particulares.

Más aún, se requiere que la sociedad guatemalteca tome conciencia de que las niñas y los niños tienen derecho a disfrutar plenamente esta etapa de su vida, a recibir cuidados, educación, atención médica y a contar con espacios recreativos.

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Listones rojos para no olvidar

laCuerda

 

Se prohíbe la discriminación de las personas que viven con VIH/SIDA,

contraria a la dignidad humana, a fin de asegurar el respeto

a la integridad física y psíquica de estas personas.

Artículo 37 de la Ley General para el Combate del VIH/SIDA

 

Desde hace 20 años, cada 1 de diciembre se conmemora el Día Mundial del Sida, a fin de recordar a las personas que han muerto por la epidemia y manifestar solidaridad a aquéllas que viven con el VIH, comenta Erickson Chiclayo, director ejecutivo de la organización Gente Positiva ( www.gentepositiva.org.gt).

“En Guatemala existe un alto índice de discriminación y las personas con VIH están entre las más vulnerables”, afirma. “Diversas instituciones realizan actividades para conmemorar este día. Gente Positiva lo hace enfocándose a dar información sobre la prevención y concientizando a la sociedad”.

Esta asociación tiene siete años de realizar la campaña “Enlázate cada año”, la cual consiste en entregar un listón rojo que representa solidaridad hacia las personas afectadas por el VIH/sida. La primera vez se distribuyeron 500 listones y en el 2003 fueron 12 mil. Según el entrevistado, hay gente que no permite que se le coloque este distintivo pues considera que “el mensaje no le va”.

En el 2004, la campaña mundial lleva el lema “Mujeres, muchachas, VIH y Sida”. Al respecto, Chiclayo dice: “No sólo hay que trabajar con la población femenina. También se debe involucrar a los hombres, ya que a menudo son responsables de la transmisión del virus por ser los que más parejas tienen y porque, debido al machismo, muchos se niegan a usar protección [condones] en las relaciones sexuales”.

Para este año se tiene previsto realizar una feria en el Palacio Nacional de la Cultura, desde la última semana de noviembre hasta la primera de diciembre. El público asistente podrá recibir información sobre el VIH/sida y se abrirá un espacio para quienes quieran manifestar sus dudas.

El 1 de diciembre habrá además una marcha que saldrá de la Municipalidad capitalina. Todas las personas están invitadas a participar. Y, por supuesto, a portar el listón rojo de solidaridad con quienes viven con VIH/sida.

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NO a la ratificación del TLC

laCuerda

 

La Mesa Global de Guatemala, integrada por organizaciones de diferentes sectores, refrendó su oposición a que sea ratificado el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, por los efectos negativos que tendrá para la población. A la vez precisó que las personas más afectadas serán mujeres y hombres campesinos de los departamentos con alta producción de granos básicos (Huehuetenango, San Marcos, Quetzaltenango, Quiché y Petén).

En foros y encuentros con la prensa, este frente explicó que los términos de las negociaciones hasta ahora pactados -respecto al comercio de alimentos básicoss- llevarán a la pérdida hasta del 30 por ciento de los jornales agrícolas. Ello sin tomar en cuenta las producciones pecuaria y láctea que también están amenazadas.

En el capítulo sobre propiedad intelectual, la Mesa Global aseguró que el TLC contraviene los compromisos del gobierno guatemalteco en el sentido de garantizar la protección efectiva de los derechos de propiedad (tierra) de los pueblos indígenas donde históricamente habitan y trabajan.

Incluso en el Congreso se desconocen las condiciones en que se firmó este convenio, quiénes lo suscribieron, el significado de la ratificación para que entre en vigencia, a qué sectores afectará y cuáles serán beneficiados.

En opinión de la Mesa Global, la campaña de divulgación gubernamental, titulada “El TLC es bueno, pero mejor si aprovechamos sus oportunidades”, contiene información sesgada y manipulada.

En varias manifestaciones callejeras efectuadas en octubre, las organizaciones de la Mesa Global rechazaron este tratado y demandaron al gobierno la “búsqueda de formas alternativas de inserción en el comercio internacional, que contribuyan a la justicia social y al desarrollo sostenible del país y sobre todo de su población más vulnerable”, argumentó Wener Ochoa, representante de CEIBA.

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Curso sobre cáncer en mujeres

laCuerda

 

El Instituto de Cancerología (INCAN) está diagnosticando cada semana alrededor de ocho nuevos casos de cáncer, en su mayoría (casi el 78 por ciento) correspondientes a mujeres, con cáncer de matriz y de mama. Así lo informó Hugo Castro, médico oncólogo de esa entidad, para quien “lo más grave es que estas situaciones pueden ser prevenidas de una manera barata y sencilla”.

Un grupo de personas e instituciones ha empezado a hacer promoción en mujeres sanas a fin de prevenir estas enfermedades. Por ello, el 19 y 20 de noviembre próximos se realizará en el Auditorio de la Universidad Mariano Gálvez, de 8 a 13 horas, el primer Curso Nacional de Cáncer en la Mujer, dirigido a público en general y mujeres que trabajen con mujeres.

Patrocinado por la Liga Nacional contra el Cáncer, el INCAN, la Red de Sobrevivientes de Cáncer, el Programa PIENSA y el Grupo Médico Ángeles, el curso enfocará, entre otros temas relevantes, las causas del cáncer y maneras de evitarlo, el cáncer de cuello uterino y de mama, así como los factores de riesgo para el cáncer de ovario.

El costo de admisión es de Q100.00, que incluye materiales y café. Más información: Grupo Médico Ángeles. Tel. 2385-7572 / www.grupoangeles.net

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Las blusas de Estanzuela

Texto: Ledy Orantes / laCuerda - Fotos: Leandro Morales

(las fotografías de este reportaje ser vistas en el archivo DOC de esta edición)

 

Las mujeres de Estanzuela, Zacapa, se han hecho muy famosas por la elaboración de blusas ya que, además de frescas, son baratas, bonitas y elaboradas a mano. Especiales para climas cálidos, son tradicionales de este municipio y sólo allí se fabrican.

Las productoras cuentan con una cooperativa, que crearon por la inquietud que varias tenían de unificar precios. Otro propósito de la coordinación es evitar que algunas regalen su trabajo, por hacer cálculos erróneos sobre el importe de la inversión en materias primas y el valor de la mano de obra.

Este proyecto arrancó a principios del 2001. Tiene su junta directiva y cada una de las integrantes desarrolla actividades específicas, entre ellas: hacer compras (telas, hilos y otros materiales para bordados y deshilados), cortar, coser y bordar.

En la cooperativa participan 27 zacapanecas de 20 a 50 años de edad, quienes obtienen ingresos mensuales que oscilan entre 500 y mil quetzales. Estas cantidades representan un apoyo para las cooperativistas, pero su objetivo es percibir mejores ganancias a fin de ser autosuficientes económicamente.

Aura Alicia Morales Acevedo, de 46 años, es fundadora de la cooperativa y actualmente ocupa su vicepresidencia. Explica que a través de la municipalidad obtuvieron una ayuda económica cuando recién empezaron a organizarse. Para algunas de las cooperativistas, este trabajo es importante porque a través de la producción de las blusas reciben dinero extra para sufragar sus gastos en el hogar. Otras, a fin de incrementar sus ingresos, realizan labores adicionales, ya sea en oficinas o el comercio.

Aunque la vicepresidenta de la cooperativa considera que en su localidad es difícil tener mejores ingresos por la falta de oportunidades de empleo para las mujeres, señaló que “poco a poco vamos a poder, pues tenemos aspiraciones y confianza en que nuestro proyecto sea próspero. Ha sido una buena experiencia: nos ha tocado enfrentar diferentes situaciones, buenas y malas”.

Algunos lugares donde comercializan las blusas son tiendas de Esquipulas, Antigua y el Museo de Paleontología de Estanzuela; igualmente en ferias municipales y nacionales. Además han aceptado invitaciones para participar en eventos internacionales.

Parte del proyecto es conseguir asesoría técnica y capacitaciones para mejorar la calidad de las prendas, además de promover la comercialización de las mismas a precios congruentes con el trabajo invertido, coincidió en señalar Leandro Morales, alcalde de este municipio.

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Hacia nuevos horizontes

Jacqui Torres / Periodista guatemalteca

 

Desde hace varios meses Eugenia viaja hacia la capital con frecuencia. Su sueño es tener su propia tierra; por eso cree que coordinarse con otras mujeres, aprender y luchar con ellas es clave para lograr lo que quiere.

A sus 32 años y con tres hijos, es la representante de 15 cooperativas de Carchá que aglutinan a unas mil integrantes. Al mismo tiempo, conforman la Red de Mujeres para el Desarrollo Rural, un espacio de coordinación nacido al interior de Plataforma Agraria para hacer visibles los problemas y necesidades de las mujeres rurales que percibían ingresos del café y están siendo afectadas por la crisis.

Tímidamente, Eugenia Caal Chomo revela detalles de su vida en la comunidad. En 1988, su esposo, un mozo colono de la finca de café Santa Anita Chejotán, Carchá, junto con otros 23 hombres, vieron la oportunidad de comprar esas tierras que pagaron con la cosecha de los primeros dos años. Era necesario hacer préstamos para sembrar, fertilizar y abonar el grano, hasta que llegó la crisis. Con lo que les pagaban por el café, entre Q100 y Q300, el quintal de pergamino no era suficiente para cancelar deudas ni comprar comida.

Aunque los alimentos nunca fueron abundantes, la falta de recursos empezó a afectarles. “En la finca hay lugar para sembrar café, no para milpa ni frijol. Tenemos que arrendar tierras, pero no hay dinero. La gente ya se acostumbró a comer una o dos veces al día o mezclan la masa con tul morado”. En Santa Anita tampoco hay suficiente agua, sólo para procesar el grano. Es necesario bajar a comprarla al río en Carchá, pagando Q5 por cubeta en las casas que están a la orilla.

La comunidad de Eugenia se encuentra a una hora de Carchá, pero deben caminar por lo menos la mitad de ella, porque no entra camioneta. Está conformada por unas 43 mujeres y más de 100 hombres, quienes formaron la cooperativa del mismo nombre de la finca.

La escasez de agua y alimentos es lo que más les afecta. No tienen servicios de salud ni educación en el área y están comprendiendo que trabajar en sus propias tierras representa un paso hacia adelante. “Trabajo cercano hay poco: una sola finca en la que pagan entre Q15 y Q20. Yo prefiero cocinar pasteles, panes y venderlos. Otras tienen crianza de animales o pequeñas tiendas, pero no todas tenemos la misma suerte”.

Por eso accedió a representar a tantas mujeres. “Me comprometí a encontrar una solución a los problemas que tenemos. Yo he trabajado de la noche a la mañana y sigo igual. Acepté hacer un sacrificio para mejorar poco a poco”.

Su inspiración es un grupo de mujeres de Sololá que tiene en propiedad una finca en Patulul, Suchitepéquez. “Pensamos llegar a como están ellas. Creemos que es necesario trabajar la tierra y por eso queremos conseguir fondos para trabajar y diversificar nuestras actividades; así podremos generar mejores ingresos para nuestras familias”.

Eugenia aceptó el reto de luchar por lo que quieren desde la Red y aunque deja a sus pequeños a más de 200 kilómetros de distancia, sabe que salir de su casa le trae vientos de esperanza y la dicha de contemplar nuevos horizontes.

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Hilda Morales Trujillo

Embajadora de Conciencia comprometida con los derechos de las mujeres

Texto y fotografía por Virginia del Águila Lara / Periodista y comunicadora social

 

En 1964, una estudiante de Derecho que hacía práctica en los Juzgados de Familia empezó a adquirir conciencia de la problemática de violencia contra las mujeres en Guatemala. Descubrir la gravedad de la situación y la falta de opciones de las víctimas la condujo a trabajar por la búsqueda de soluciones.

La otrora pasante es Hilda Morales Trujillo, una destacada abogada y notaria que hasta hoy sigue luchando por los derechos de las guatemaltecas. Su activismo la ha llevado a impulsar modificaciones legislativas que benefician a miles de mujeres. Ha apoyado (entre otras) causas como conseguir que los títulos profesionales de las mujeres sean emitidos en género femenino; eliminar los estereotipos sexistas en libros y materiales educativos; erradicar la discriminación y la violencia contra la mujer. Asimismo, promovió la derogación del artículo del Código Civil que permitía al marido oponerse a que su esposa trabajara fuera de casa.

Su trabajo en la Red de la No Violencia contra las Mujeres y su activismo feminista le han merecido el Premio “Embajadora de Conciencia”, de Amnistía Internacional (AI). El 13 de este mes recibirá el galardón en Madrid, de manos del Nóbel de Literatura José Saramago. Junto con ella lo recibirá Mary Robinson, la primera mujer presidenta de Irlanda y ex Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

La relevancia del galardón no se le ha subido a la cabeza a Hilda Morales Trujillo. Con su habitual sencillez enfrentó un aluvión de trabajo y compromisos en las últimas semanas de octubre. En su ya apretada agenda, hizo tiempo para dar entrevistas a la prensa nacional e internacional. Pero no dejó de atender casos ni de asistir a talleres, mucho menos de recibir a los universitarios a quienes asesora en la tesis. A todas y todos (laCuerda incluida), ella dio un poco de su tiempo antes de viajar a España.

 

¿Cuáles repercusiones puede tener en Guatemala la concesión de este premio?

“Yo esperaría que las acciones que llevamos a cabo desde la Red tengan una respuesta más positiva y eficaz. Sobre todo, pienso en nuestra lucha para cambiar la legislación. También esperaría que se nos abran las puertas en el Ministerio Público y en los tribunales. Creo que (los miembros de AI) tuvieron que decidirse por una mujer, pero en realidad el premio es para que se sigan atendiendo las demandas de las mujeres”.

 

Por la naturaleza de su activismo y su trabajo, ¿qué clase de comentarios ha recibido?

“Muchos. Últimamente me han sugerido que deje el trabajo porque ha repercutido en mi salud. Absorbo mucho el dolor y no he encontrado el mecanismo para liberarlo, pues no tengo tiempo para mí. Eso ha redundado en depresiones, dolores sicosomáticos y una tos persistente por más de dos años. Por eso me han dicho que me retire, que busque otra cosa qué hacer”.

 

Pero esto es una pasión para usted.

“Sí, es un compromiso de vida. Quisiera que hubiera más abogadas involucradas y no encuentro en ellas el clic para hacerlo. Deben ser la formación y la necesidad de subsistencia. Cuando una se involucra en el movimiento de mujeres, sabe que hay que dar tiempo sin esperar nada a cambio. Eso pesa mucho cuando se tiene que mantener una familia”.

 

¿Cuán complicado es luchar por los derechos de las mujeres en un país tan conservador y tradicionalmente machista como Guatemala?

“En general, es luchar contra la corriente. Es difícil, pues como profesional hasta se sufre la descalificación de los colegas. Lo consideran fanatismo, no algo que representa un problema social. Pero, por otro lado, pareciera que hay necesidad de que alguien lo haga. Si hay alguien, nadie más se compromete”.

(En una ocasión, Hilda Morales Trujillo casi fue víctima de la violencia que combate. Defendía a una mujer a quien el esposo, calzado con botas vaqueras, había pateado en la cara. Cuando la pareja ultimaba los detalles de la separación en el bufete, junto con sus abogados, el hombre se permitió insultar a la defensora. Cuando ella iba a firmar los documentos, escuchó un golpe. El abusador había intentado lanzarle una bofetada, pero su propio abogado se interpuso y detuvo la agresión.)

 

¿Cómo ha compaginado su rol como madre con sus facetas de abogada y activista feminista?

“Mis dos hijos (Marcos y Ana Lucía) son sensibles al tema y apoyan mi trabajo. Son mis auxiliares, mis aliados, aunque no se dedican al Derecho. El mayor es psicólogo y la menor estudia nutrición. Pero en sus asignaturas sociales siempre sale el tema. Mi hija, por ejemplo, acaba de presentar las políticas de exclusión de género en uno de sus cursos”.

(La Embajadora de Conciencia guatemalteca ha transformado en poemas muchas de sus vivencias profesionales. Sus versos “tienen un valor sentimental y más bien se enmarcarían en la literatura panfletaria”. Pese a la autocrítica, uno de esos poemas ha sido reproducido en publicaciones sobre la violencia contra las mujeres y fue musicalizado por una popular percusionista. Incluso ha sido plagiado, porque la misma autora lo ha visto firmado por una mujer q’anjob'al).

 

Además de escribir poesía, ¿qué hace en su tiempo libre?

“Antes leía novelas. Ahora casi no tengo tiempo libre. El año pasado leí 'Vivir para contarla' como si fuera pecado, porque tenía otras cosas qué hacer. Ahora leí 'La loca de la casa', de Rosa Montero”.

“El tiempo libre que no es libre lo uso para los quehaceres de la casa. Esto me sirve para nutrir mi parte teórica, porque a veces se olvida cómo es la vida de las mujeres. Entonces entiendo muy bien a las amas de casa, a las trabajadoras de casa particular, a las mamás que dejan a los hijos donde pueden mientras ellas van a trabajar”.

 

La concesión del premio reafirma que su trabajo no ha sido en vano, pero ¿marcará para usted una diferencia, ampliará el horizonte de su lucha?

“Yo no lo había contemplado así. No le había dado tanta trascendencia, pero los demás sí se la dan. Me han felicitado hasta quienes no están de acuerdo con mi trabajo. Si alguna vez dije que iría dejando este compromiso de vida cuando me sintiera cansada... creo que ahora no tengo derecho de cansarme”.

“Afortunadamente no estoy sola; están mis compañeras de la Red y las otras organizaciones aliadas. No siento que el premio sea un triunfo individual. Para mí, debieron dárselo a todas las mujeres que estamos en esto en Guatemala”.

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Movida departamental

 

Baja Verapaz

Comiendo sin racismo

Rosalía Tot vende comida a grupos campesinos e indígenas que se reúnen en la cabecera municipal de Purulhá. Desde hace seis años ella se distingue por prestar un servicio de buena calidad y amable atención, lo que es valorado por quienes sufren actitudes racistas en restaurantes.

(la fotografía de esta nota puede ser vista en el archivo DOC de esta edición)

 

San Marcos

Por negligencia gubernamental

El Grupo de Mujeres Nuevo Paraíso sufrió una grave pérdida. La presidenta de esta agrupación, Amelia Miranda, y su bebé de ocho meses perdieron la vida el 8 de octubre, cuando el vehículo en que se transportaban fue arrastrado por el río Xula.

A través de su organización, las 80 integrantes del grupo llevan a cabo proyectos de vacas lecheras y un molino de nixtamal. Ellas forman parte de las 160 familias de la finca Nuevo Paraíso, ubicada en el municipio Catarina.

A decir de Catalino Monzón, dirigente de la Coordinadora Marquense Madre Tierra, Amelia fue muy activa y promovía que las mujeres tomaran sus propias decisiones. Al mismo tiempo responsabilizó al Fondo de Inversión Social (FIS) por la muerte de esta lideresa y seis personas más, ya que por negligencia esa entidad no construyó el puente que reiteradamente le demandaron. De lo contrario se habría evitado el fatal accidente.

 

Marcha: Justicia, tierra y libertad

La Plataforma Agraria y el Frente por la Vida realizaron en octubre una marcha en la ciudad de Malacatán, en la que participaron 250 mujeres de diferentes asociaciones campesinas de 10 municipios, así como 106 trabajadoras con problemas laborales en las fincas Clermont, San Jerónimo, Carolina, Doble J y San Juan Loarca. Entre sus demandas se cuentan educación y alimentos para quienes permanecen en las fincas, pago de salario justo y equitativo, así como trato digno sin discriminación. Lo anterior fue informado por Jeanne Roblero, de la Procuraduría de los Derechos Humanos de San Marcos.

 

Huehuetenango

Casa de Salud Bulej

Después de tres años de esfuerzos, 38 comadronas y 30 integrantes del Comité de la aldea Bulej inauguraron un centro de capacitación y clínica de salud para atender a mujeres embarazadas en San Mateo Ixtatán. A decir de María Domingo y Magdalena Pérez, “somos conscientes que con educación, salud y equidad de género, las mujeres rurales de la zona chuj, las más pobres de nuestro departamento, podemos mejorar nuestra calidad de vida”. Ambas agradecieron a la organización no gubernamental CEIBA por el apoyo brindado para hacer su sueño realidad.

 

Suchitepéquez

Centro regional, no finca

Juana Cosigna González dio la bienvenida al llegar a la finca La Cumbre (ubicada en Patulul), que compraron 110 mujeres. En octubre fue inaugurado en ese terreno el Centro Regional de Permacultura (conservación de semillas originarias) y Soberanía Alimentaria. Como secretaria de la Asociación de Desarrollo Integral de la Mujer del Área Rural (ADIMAR), resaltó la importancia del trabajo que realizan las campesinas y sus capacidades para asumir cargos de dirección.

A partir de ahora ya no la nombrarán “finca” porque les recuerda a los patrones; es un centro para apoyar a campesinas sin tierra. Una de las beneficiarias, Aura Marina Archila, explicó que antes de la crisis del café encontraba trabajo en el corte, que realizaba después que sus hijos salían de la escuela. “En este grupo estamos campesinas a quienes nos gusta ganar nuestro dinero por el trabajo que hacemos y no estar atenidas”, comentó.

En esta actividad otras lideresas dieron pormenores de cómo han sido discriminadas, en su condición de mujeres e indígenas, por sus esposos, padres y funcionarios e instituciones estatales. Señalaron: “No pretendemos rebajar a los hombres sino ejercer nuestro derecho a la tierra y a recibir ingresos por el trabajo que realizamos”. Persiguen mejorar sus condiciones de vida con justicia y equidad, luchar contra el racismo y discriminación, así como desarrollar alianzas con otros sectores.

 

Sololá

Asociación Rxiin Tnamet

Esta red de voluntarias promueve servicios de salud mediante visitas a domicilio, charlas y programas de radio en tres municipios alrededor del Lago de Atitlán: Santiago, San Juan La Laguna y Santa María Visitación. Cuentan con 13 botiquines comunitarios y están capacitadas en manejo de medicamentos básicos y métodos para espaciamiento de embarazos.

La asociación, cuyo nombre significa Del Pueblo, pone especial atención a la salud infantil (enfermedades diarreicas, infecciones respiratorias, control del crecimiento, vacunas) y la materna (antes, durante y después del parto).

 

Varios departamentos

 

Formación política

Mujeres de 15 municipios de Huehuetenango participaron en la Escuela de Formación Política coordinada por el Sector de Mujeres y CEIBA, como parte de un proceso de fortalecimiento de liderazgo, informó Isabel Sáenz. Las 35 participantes son chuj, mam y q’anjob’al.

En San Marcos asistió igual número de invitadas. Esta escuela, que tendrá una duración de un año, es promovida por el Sector de Mujeres y la Coordinadora Departamental. Está conformada por organizaciones que buscan el desarrollo integral con participación en la toma de decisiones a distintos niveles, con equidad y respeto, dio a conocer Jeanne Roblero.

 

Cooperativistas autogestionarias

Vilma Pereira, del Programa Mujer de la Federación Guatemalteca de Cooperativas de Consumo, manifestó que están trabajando en seis departamentos y apoyan a 24 grupos integrados por 800 mujeres.

Este programa se ha propuesto a mediano plazo que todas las organizaciones, rurales y urbanas, sean autogestionarias para que “con su dinámica y capacidad den lugar a nuevos tipos de micro y pequeña empresas, capaces de generar mayores inversiones y fuerza laboral para el futuro”.

La Federación consolida sus esfuerzos mediante su equipo técnico multidisciplinario, dedicado a fortalecer la capacidad de decisión de sus integrantes, tanto en sus comunidades como en las cooperativas, expresó la entrevistada.

 

Respeto a pueblos indígenas

La Coordinación y Convergencia Nacional Maya Waqib’kej, integrada por organizaciones de todos los departamentos del país, afirmó que la problemática agraria requiere de un tratamiento y solución profundos e integrales. Al mismo tiempo condenó la persecución penal que sufren dirigentes comunitarios y organizaciones indígenas por reclamar “nuestra madre tierra y derechos fundamentales; ejemplo de ello son seis hermanos achí”.

Denuncia además que el Estado y sus funcionarios manipulan la imagen de los pueblos indígenas, lo que es una forma de racismo, y que en el gobierno de Óscar Berger “no existen señales claras para la implementación de políticas públicas para ellos”.

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