~laCuerda~ No. 69 - Guatemala, julio del 2004
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laCuerda

Una mirada feminista de la realidad

 

 

 

Año 7, No. 69

Guatemala, julio/2004

 

erotizar cada sentido

 

editorial

Exigimos respecto a nuestra integridad

entrada

·         Darle cuerda al erotismo (Anamaría Cofiño K.)

·         Sumario noticioso

·         Nuestro más sentido pésame

la médula

·         ¿Cómo viven las mujeres su sexualidad? (Claudia Navas Dangel)

·         Frente al espejo (Lucía Escobar)

·         Siempre se ve dónde (Andrea Carrillo Samayoa)

·         Erotizar la vida (Josep-Vicent Marqués)

·         Derecho al éxtasis (Carmen Álvarez)

·         Compartiendo pensamientos e intimidades (Andrea y Sandra)

femina sapiens

·         En la punta de los dedos (Laura E. Asturias)

vida

·         A las mayores sí nos gusta el sexo (Cecilia Maza)

·         Mis dos sonrisas (Cristina Escobar)

la paseante

·         Erotismo e identidad en la cultura nacional (Aída Toledo)

·         «Los cien golpes» (Claudia Navas Dangel)

·         Tributo a laCuerda 69 (Andrea Aragón)

·         De cómo reconocer un poema erótico y qué hacer con él (Anabella Acevedo)

·         Un empujoncito al placer (Laura E. Asturias)

esta boca es mía

·         La fiebre de los 'reality' (Wendy García Ortiz)

·         Del erotismo y otros asuntos mitológicos (Ramón Urzúa Navas)

·         Recetas para darme placer (Lorena Robles)

·         Ahora ando armada (Ana López Molina)

aquí y ahora

·         Sector de Mujeres celebra

·         Allanan sede del Sector

·         ¡No más exterminio! (Laura E. Asturias)

·         Por los derechos de la diversidad sexual

·         Se siente bien perder el miedo (Jacqueline Torres)

·         La memoria: Cuna de identidad y resistencia de las campesinas (Ana López Molina)

reportaje

·         Las culturas y la erótica (Katia Orantes)

movidas departamental e internacional

·         Migrantes en Petén

·         Desarrollo en Sacatepéquez

·         Bienvenida a Livingston

·         Reporteras en San Marcos

·         El Cairo en San Juan

 

 

Editorial—

Exigimos respeto a nuestra integridad

 

Esta publicación feminista expresa su más enérgica condena por la incapacidad y despreocupación de las instituciones estatales para garantizar el derecho a la vida en Guatemala. Los reportes de muertes violentas siguen en aumento, además de otros casos de violación a los derechos humanos. En particular resaltamos nuestra preocupación por los asesinatos de mujeres, en los que se registran agresiones sexuales que equivocadamente son atribuidas a “psicópatas” y “maníacos”, cuando en realidad muchos violadores o asesinos no están locos.

Con la llegada del presidente Óscar Berger se vendió la idea de que las cosas iban a cambiar. Su programa de gobierno decía representar una oportunidad para mejorar la situación de “todos”. Tan sólo pocos meses después se demuestra que él, al igual que sus antecesores, por ineptitud o incapacidad, permite que continúe un clima de miedo por la inseguridad ciudadana.

El Informe de Muertes Violentas de Mujeres de la Procuraduría de los Derechos Humanos 2003 afirma que la delincuencia y el crimen organizado, así como la debilidad del Estado en materia de seguridad, agudizan el problema. Asevera que en muchas de las expresiones delincuenciales se encuentran elementos que pertenecieron o pertenecen a algún cuerpo de seguridad del Estado (entrenados en técnicas militares o policiales), con amplia experiencia en el manejo de armas; asimismo, que existe relación de funcionarios con grupos criminales.

De ese análisis resaltamos ambas conclusiones para llamar la atención a los ministerios de Gobernación y Público, la Policía Nacional Civil y el Organismo Judicial, ya que estas instituciones principalmente están obligadas a proteger la vida de las personas. Es insuficiente que se sumen a la condena de las muertes de mujeres, como lo han hecho varios funcionarios. Lo que les exigimos es que actúen eficazmente, empezando por depurar sus entidades de asesinos y demás criminales que deben ser enjuiciados.

El derecho a una vida libre de violencia necesariamente pasa también por desterrar el acoso sexual contra las mujeres. Una vez más insistimos en exigir que esa práctica sea tipificada como delito. Urge acabar con la impunidad de todos aquellos hombres que consideran natural, gracioso y su derecho ser “cantineadotes”, irrespetando a las mujeres y poniendo en riesgo sus medios de subsistencia. Diputados, a ustedes corresponde no dejar pasar más tiempo para legislar en este renglón. No hacerlo significa ser cómplices de ese tipo de violencia y, por tanto, alentarla.

Otro hecho que aumenta nuestra indignación hacia los organismos estatales, respecto a nuestra seguridad, es la existencia de grupos clandestinos vinculados directa o indirectamente al Estado o al crimen organizado. Nos sumamos a todas las agrupaciones pro derechos humanos que exigen instalar la Comisión de Investigación de los Cuerpos Ilegales y Aparatos Clandestinos de Seguridad (CICIACS).

A la vez de dignificar la memoria de las guatemaltecas asesinadas, nos pronunciamos contra las perversidades de esta sociedad machista, que se obsesiona en dividir a las mujeres en “buenas” y “malas” e insiste en calificar como “putas” a quienes tenemos algún tatuaje o usamos minifalda. Algunos medios de comunicación reportan de tal manera los asesinatos de mujeres, que casi llegan a culparlas de ser ellas mismas las responsables de su muerte por la forma en que vestían.

Ninguna, sea prostituta o no, “merece” ser objeto de violencia. El asesinato de cualquier mujer, sin importar a qué oficio se dedique, es un hecho deleznable.

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Darle cuerda al erotismo

Ana Cofiño, laCuerda

 

Cuando vimos que la siguiente Cuerda era la 69, no faltó quién sugiriera hacerla sobre el erotismo, pensando en esa posición en la que dos amantes se prodigan sexo oral. Entre anécdotas picantes y reflexiones sesudas, planificamos esta publicación para retomar un tema que tratamos en ocasiones anteriores desde varias perspectivas.

Siempre hemos manifestado nuestro interés por la sexualidad, conscientes de la manera inadecuada en que se aborda y, sobre todo, con la preocupación de no contar con información al respecto. En este pobre país no sabemos cómo viven las mujeres sus relaciones amorosas y sexuales. Intuimos que muchas las llevan con resignación, insatisfacción o disgusto. Hemos conversado con señoras que padecen con asco ese acto en el que el hombre las monta y utiliza sin contemplación. Igualmente conocemos muchos casos en los que el silencio y la falta de comunicación impiden alcanzar siquiera escasos segundos de goce. Es lamentable que no existan instituciones serias que hagan investigaciones científicas sobre este aspecto fundamental en la vida de todas las personas. Con el material que ofrecemos en las siguientes páginas intentamos hacer un aporte para quienes dudan, ignoran o todavía se interesan por temas que, según parece, siguen siendo tabú.

 

Suavecito, mi vida, despacio, así...

Quienes tuvimos la suerte de contar con amistades o maestras liberales y con información pertinente, logramos acercarnos al amor y al sexo con posibilidades que nos permitieron recorrer un camino de búsquedas enriquecedor. Más aún, influenciadas por el feminismo, pasamos por los cuestionamientos que hicieron conmover al mundo a mediados del siglo pasado. Gracias a las feministas, el amor sexual se convirtió en un tema de estudio y análisis, de práctica y militancia, de ejercicio del placer y la independencia. Lo que el patriarcado dice y hace del amor no nos gusta ni nos funciona; por eso seguimos intentando otras formas y haciendo propuestas que se adapten a nuestros requerimientos.

No es casual entonces que a muchas mujeres modernas nos atraigan los hombres cariñosos, sensibles, más que los machos tradicionales, rudos y fuertes. Para nosotras, el amor, las parejas, el sexo son cuestiones vitales que pretendemos vivir de manera plena e íntegra, no como simples costillas o víctimas, sino como partes activas, con voz y voto. Quizá ésa sea una de las razones por las que cada vez son más frecuentes las parejas de mujeres. En todo caso, se han transformado los esquemas y esa dinámica parece no detenerse.

Nuestro papel en el amor ha cambiado. Ahora vamos a su encuentro con más herramientas y poder, con las ganas a flor de piel, pero cuidando de no caer en actitudes sumisas, con más creatividad y autonomía. Y también con más conocimientos. Ahora algunas ya nos atrevemos a decir cómo nos gusta y cómo queremos estar. Inclusive, nos hemos vuelto maestras: enseñamos a los compañeros a conducirse con mujeres que sienten y piensan por sí mismas. Finalmente hemos aprendido a decir no y a pedir cuando se hace necesario.

Los hombres que pueden sostener estas relaciones más democráticas son escasos. Para los machos, una mujer que tiene experiencia, que sabe y habla, es “larga”, por no decir puta. Ellos prefieren como pareja a una que les obedezca y les siga sin chistar. Pero luego se buscan otra que les haga lo que no les hace su esposa. La hipocresía y la falta de respeto se vuelven una caricatura del amor.

Cierto que nos queda mucho por aprender. Todavía pesan sobre nosotras todas esas tonteras que nos obligaron a creer. Ahora sabemos reconocer nuestros deseos, satisfacer nuestras premuras e indagar sin temor a perder la dignidad.

 

Esa deliciosa pequeña muerte

Dos personas unidas por el amor y el deseo mutuos experimentan sensaciones fuera de lo común. Olores, sonidos y gestos compartidos son ingredientes esenciales de su relación. La práctica cotidiana del buen sexo acerca a la pareja a niveles que pueden parecer estratosféricos. El mal sexo, practicado con automatismo y sin gracia, por el contrario, llega a ser fuente de frustración.

Aunque el orgasmo no es la meta ni el fin, sí es un momento crucial en el que dos personas se funden, se sienten unidas en una luminosidad que les transporta fuera de sí. Para las mujeres, estallar en mil pedazos, derramarnos como catarata, fluir como el viento repetidas veces es un ejercicio saludable que nos llena de energía y contento. Sentir nuestra vulva henchida y brillante, nuestros pechos erguidos y turgentes, los labios ardientes, son sensaciones que, asociadas al afecto, nos proporcionan un gusto inmenso por la vida. Compartir la cama con alguien que sigue nuestros niveles de temperatura, que sabe dónde y cómo tocar, que anuncia con placer su pequeña rendición es un gozo que siempre queremos volver a experimentar y hacer crecer.

La falta de pareja no significa ausencia de deseo. El llamado de las hormonas y la presencia de calentura a solas no son pecado ni rarezas. Nuestro cuerpo es fuente insospechada de placer y tiene él mismo sus instrumentos para gratificarse. Auto-complacernos es un encuentro con nuestra intimidad individual. Para ello contamos con la imaginación y propios recursos. Darles rienda suelta puede descubrirnos facetas de nuestra personalidad que permanecen ocultas y que al salir nos hacen crecer.

El mercado, que pretende regir hasta el ámbito de la intimidad, nos vende la idea de una sexualidad rodeada de utensilios y objetos que supuestamente desatan el deseo. Desde nuestro punto de vista, darles atención y poner esmero en las relaciones humanas es una garantía de placer que no se compra ni se vende.

Con esta Cuerda queremos desatar pasiones, dejar que la libido salga de su cueva y estimular a quienes todavía les temen a esas fuerzas que llevamos dentro. Queremos contribuir a que el placer sea un derecho pleno de la ciudadanía.

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Sumario noticioso

laCuerda

 

Situación de la niñez

La Organización Internacional del Trabajo informa que en Guatemala el 23 por ciento de la población infantil labora para sobrevivir. De 1.2 millones hay alrededor de 38 mil niñas, de entre cinco y siete años, dedicadas al trabajo doméstico. La cifra de menores a quienes se prostituye oscila entre 600 y dos mil. La Procuraduría de Derechos Humanos reporta 304 asesinatos de niñas, niños y jóvenes durante el 2004; de estos casos, 39 corresponden a mujeres.

 

Asaltan a mujeres

En un atraco en Santa María Nebaj, Quiché, 11 integrantes del Banco Comunal del Fondo de Inversión Social (FIS) fueron despojadas de más de 133 mil quetzales, los cuales iban a depositar al Banrural. El dinero era el aporte de las socias que trabajan en proyectos de desarrollo (financiados por el FIS) en esa comunidad. Una de ellas resultó herida de bala durante el asalto.

 

Indignante conducta en el Ministerio Público

Mynor Morales Orellana, empleado del MP, fue sindicado por los delitos de usurpación de funciones, coacción, abuso de autoridad y deshonestidad. Una mujer que llegó al MP a denunciar a su compañero por golpearla fue atendida por Orellana, quien fingió ser médico forense de la Oficina de Atención Permanente. Con embustes la hizo desvestirse y abusó de ella aduciendo que el examen médico era necesario para el expediente. La víctima se percató del engaño y lo denunció. Cuatro días después Orellana llegó a la vivienda de ella a coaccionarla para que desistiera de la denuncia. El Juzgado Quinto del ramo Penal le impuso al abusador  únicamente una multa de Q7 mil.

 

VIH/SIDA y TLC

Médicos Sin Fronteras (MSF) advierte que la firma del tratado de libre comercio entre Centroamérica y Estados Unidos (CAFTA) amenaza el acceso a medicamentos vitales y la salud de millones de personas de nuestra región. Anna Cavalli, coordinadora general de MSF-Guatemala, señala que las disposiciones restrictivas de propiedad intelectual contenidas en este acuerdo bloquearán el acceso a medicamentos esenciales de bajo costo, como los genéricos. Debido a ello, quienes viven con VIH/sida y otras enfermedades no podrán beneficiarse de éstos.

 

Igualdad laboral

En la Conferencia Internacional del Trabajo realizada en junio, a la que asistieron casi tres mil representantes de gobiernos, se adoptó una resolución sobre la igualdad de remuneraciones para mujeres y hombres. El documento pide eliminar la discriminación en el mercado laboral por motivos de género y elaborar políticas de empleo que garanticen a las mujeres igual salario y formación profesional que a los hombres. Plantea la necesidad de reforzar la protección a la maternidad de todas las trabajadoras cualquiera que sea su labor, inclusive al nivel de subcontratistas.

 

Oro en tenis de mesa

El equipo de la categoría juvenil femenina, integrado por las seleccionadas Edelwais Chajchalac, Alejandra Solares, María José Gómez y Andrea Estrada, obtuvo medalla dorada para Guatemala en el X Campeonato de Tenis de Mesa Centroamericano Juvenil y Sub-22 realizado el pasado mes.

 

Reporte de violencia

En junio 25 mujeres fueron asesinadas, según reportes de cuatro medios escritos. De ellas, 12 fueron muertas con arma de fuego y tres con instrumentos punzantes, cuatro degolladas, una mutilada y dos asfixiadas. Otra murió tras ser golpeada y ultrajada. En dos de los casos no se estableció la causa. Fallecieron seis en accidentes viales y 40 resultaron heridas. Nueve fueron lesionadas por impactos de bala. Desaparecieron dos, cuatro fueron golpeadas y violadas, otras dos rescatadas de plagio y una apareció encadenada.

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Nuestro más sentido pésame

 

Desde laCuerda manifestamos a la colega Sandra Gómez,

de la Red de Mujeres Periodistas en Guatemala, nuestro pesar

por la trágica muerte de su hijo Isaías Edgar Emmanuel de León Gómez,

de casi ocho años de edad, ocurrida el pasado 23 de junio.

 

Estamos contigo, Sandra.

Cuenta con nosotras y nuestra solidaridad.

 

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¿Cómo viven las mujeres su sexualidad?

Claudia Navas Dangel, guatemalteca, periodista

 

Quizá la pregunta es ¿la viven?, ¿la vivimos? ¿O sólo hacemos como que...? Intentar investigar esto me dejó perpleja, aunque no debería, ya que imaginaba muchas de las respuestas.

-     Es usted sexualmente activa?

-     ¡No, soy señorita. No estoy casada!

-     ¿Qué piensa de las relaciones prematrimoniales?

-     ¡Preferiría no hablar de eso!

-     ¡Nada!

A una casada le pregunto cada cuánto hacen el amor ella y su esposo. Se ruboriza y luego responde: “A veces”.

-     ¿Sabés lo que es un orgasmo?

-     ¡Sí!

-     ¿Qué es?

-     ¡Es...!

-     ¿Los tenés?

-     ¡Sí...! ¡ja ja ja!

Estas preguntas hechas al azar a gente en la calle.

Por supuesto que no iba a interrogar a mi círculo de amigas; las respuestas habrían sido totalmente opuestas, aunque no sé si del todo sinceras porque, hablando claro, tener relaciones sexuales con regularidad, sin estar casada o estándolo, o bien con distintas parejas, tampoco significa vivir una sexualidad plena.

El hecho es que quizá la mayoría de mujeres y hombres en Guatemala, y en muchas partes donde la sexualidad es un tema tabú -porque aún lo es-, nos enfrentamos a ella de forma inconsciente, la confundimos con la palabra “sexo” y pensamos que se limita a una simple actividad sexual, dejando a un lado la palabra “satisfacción”, y ambas definiciones se encuentran en el diccionario.

Como diría un amigo, en nuestro país se coge sin coger, todo el mundo lo hace mucho, pero nadie lo acepta. Y por otro lado están los que alardean de hacerlo, sin considerar que lo hacen tal cual y como se despiertan cada mañana, van al baño o toman una cerveza.

La mayoría de mujeres no estamos del todo satisfechas después de hacer el amor y nos quedamos calladas por conmiseración ajena o propia. He ahí nuestra ignorancia. Actuamos mecánicamente pensando en hacer feliz a la otra persona en una estúpida acción caritativa y nos olvidamos de lo más importante: nosotras.

Entre preguntas y respuestas me di cuenta que no conocemos nuestro sexo, y esto simple y sencillamente porque nos da vergüenza, nunca nos hablaron de eso, nunca preguntamos. Toda nuestra cultura se limita a los artículos -algunos buenos, no lo puedo negar- de Cosmopolitan, pues la mayoría ni siquiera lo comenta con las amigas.

En resumen, somos parte de una sociedad miedosa, mentirosa y además insatisfecha. La idea de este artículo era recabar datos y quizá números sobre cómo viven su sexualidad las guatemaltecas, pero qué se puede decir ante respuestas envueltas en risitas nerviosas o estrepitosas carcajadas. Como diría una de mis amigas: “mal cogidas”. Ésa es la realidad de nuestra sexualidad, muy chapina por cierto.

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Frente al espejo

Lucía Escobar, laCuerda

 

Jugar con nuestro cuerpo es algo instintivo; desde que somos pequeñas comenzamos a explorarnos. Cuando éramos unas niñas quizá utilizábamos la esquinita de una mesa para darnos placer. Y seguramente si nuestra madre o algún otro adulto nos vio, gritó bien fuerte: “¡Shuca, no se toque ahí!” Eso quedó grabado en el inconsciente de nosotras, tanto que ahora cuando una les pregunta a las amigas si se masturban, la mayoría dice indignada: “Yo no, cómo vas a creer, chiss”.

A mí me da risa, y pienso en lo que se pierden. La masturbación es una actividad normal, personal y privada que tiene muchísimas ventajas. Estudios, análisis e investigaciones han revelado que, lejos de ser algo despreciable, es fundamental para el aprendizaje de nuestra sexualidad, ya que tonifica la estructura muscular genital y ayuda a conocer el propio funcionamiento y a aprender a controlar y regular las sensaciones sexuales; sobre todo, nos da autonomía sexual y personal. Esto último fundamental en esta época de SIDA y otras infecciones de transmisión sexual.

Además, si una no es capaz de darse placer a sí misma, ¿quién podrá hacerlo?

 

La culpa

¿Pelos en la mano?, ¿mala reputación?, ¿eyaculación precoz? (en hombres), ¿pérdida de la virginidad?, ¿expulsión del paraíso? La “mea culpa” es el primer impedimento para gozar de una sesión de auto-conocimiento. Mujeres del mundo, no se preocupen. Nuestro cuerpo es un regalo de Dios, Dios es sabio. Nunca nos pondría nada que no sirva y menos un órgano que da tanto placer para que no lo usemos. Sería ilógico y cruel. Así que relajaos y explorad...

 

Algunos tips para inexpertas

Primero hay que estar en un lugar privado, en el que nos sintamos seguras de que nadie puede entrar, ni oírnos.

A algunas mujeres se les facilita con cierto tipo de estimulación exterior. Entiéndase: leyendo una historia erótica, viendo películas porno o fantaseando con acostarse con Brad Pitt. Cada una irá encontrando lo que más le agrada. Internet puede ser una fuente muy variada de ideas, algunas locas, otras no tanto.

Una de las formas más populares es la llamada masturbación hidráulica. No se asusten: consiste en el uso del H2O. Entiéndase: probar el roce del chorrito. Si se tiene una de esas regaderas que se descuelgan, maravilloso. Si no, probar con los chorros a presión de las piscinas (así muy disimuladitas) o con el fabuloso bidet. Otra variante popular es sentarse sobre la lavadora de ropa: la vibración de dicho aparato suele ser utilizada por muchas mujeres para darse placer.

Algunas señoritas o señoras han sentido la necesidad de utilizar un vibrador. En la única tienda en Guatemala (“Sex Shop”, frente al antiguo Camino Real) ofrecen una variedad de tamaños y formas para todos los gustos. Pero cuando el presupuesto no alcanza para estas superficialidades, el mundo vegetal ofrece una gama más completa de instrumentos eficaces.

Recuerden siempre hacer las cosas con cariño e inteligencia. No vaya ser la mala suerte y tengan que recurrir a los bomberos, como aquel sonado caso de una muchachita de colegio respetable que tuvo que ser auxiliada por quedarse trabada con una botella. Por eso, quizá nuestra mano, acompañada por la imaginación, es la más recomendada.

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Siempre se ve dónde

Andrea Carrillo Samayoa, laCuerda

 

Si alguien corre el riesgo de darse color, de una vez se avisa tomar las precauciones necesarias para que no les vayan a agarrar con las manos en la masa.

Como bien se sabe, ya cuando se tienen ganas siempre se encuentra un lugar para quitárselas. Y aunque hay quienes cambian de color o ponen cara de “yo no fui” cuando se habla de los placeres de la carne, con las hormonas alborotadas puede más la calentura que los sentimientos de vergüenza y culpa. El ingenio para estos casos abunda; no hay un horario establecido y, según las circunstancias, el paradero es donde se pueda.

Consulté con mujeres y hombres acerca de los sitios que frecuentan, utilizan o les gustan. Sus respuestas variaron según las preferencias, obviamente placenteras, pero también por las posibilidades económicas de cada quien.

 

Disfrutar sin gastar mucho

La casa es una alternativa que brinda diferentes opciones: “cuartos, baño, cocina, jardín, garaje, terraza, zaguán, la mesa y sillas del comedor y los sillones de la sala”, coincidieron algunas de las respuestas. Por lo general, en la capital no cobra importancia que sea en la vivienda de una u otra persona, pero en una comunidad de Sololá esto tiene un significado determinante, según me contó una amiga del lugar. “Si la familia del muchacho no quiere a la joven, las relaciones las tienen en la casa de ella. Si por el contrario están contentos con ella, entonces sí pueden ir al hogar de él”.

Hay quienes prefieren lugares abiertos, mayor vegetación y donde se pueda respirar aire puro o ver las estrellas: “miradores, parques, matorrales. Entre la milpa. El estacionamiento del mercado central. Cuando ya es de noche, las calles del centro. Los parqueos de la U y los bosquecitos que tiene. En la playa, el lago o alguna piscina”.

Como hay para todos los gustos, alguna gente se inclina por espacios más cerrados y oscuros: el cine, salones de baile, baños públicos, saunas, un elevador no muy concurrido; también billares, discotecas, bares, oficinas y locales comerciales, barras “show” o salas de masaje. No me encontré con ningún estudiante de educación media que respondiera que en su salón de clase haya tenido este tipo de experiencia, pero sí supe que las aulas de las universidades se utilizan frecuentemente.

 

Cuando se tiene y cuando no

La situación económica determina el lugar donde se quiera o pueda tener un encuentro sexual. Con dinero existe la posibilidad de elegir un sitio placentero y cómodo; si no se cuenta con recursos hay dificultad y, aunque por lo general se halla un rincón, no siempre es el mejor o el que se quisiera.

Hay casas donde cada quien tiene su propia habitación. En otras viviendas, la familia entera duerme en el mismo cuarto y ahí “en cuanto haya un tiempito se aprovecha; eso sí, sin hacer ruidos para que no se despierten los patojos”, me dijo una señora.

Existen también diferencias para quienes pueden pagar un motel. Las personas que tienen dinero entran en carro a estos lugares para no ser vistas y hallan dormitorios con lechos en buen estado, sábanas limpias, baño con agua caliente y televisión. Por un poco más de plata pueden decidir si quieren espejos, “jacuzzi”, sauna, servicio de bar y restaurante. Para unos está la alternativa de alquilar la “suite presidencial” en un hotel cinco estrellas o dar un paseíto fuera de la capital. Una buena cantidad se inclina por visitar la Antigua, Panajachel, Monte Rico o el Puerto de San José.

A gente con menores posibilidades económicas no le queda otra que entrar caminando y, según la hora, con las camionetas estacionadas justo enfrente, llenas de ojos atentos. Un cliente mencionó: “No dan ganas ni de prender la luz. A las camas se les salen los resortes. Las sábanas se me hace que no las lavan bien y a veces ni agua hay. Una vez hasta una cucaracha me encontré”. La tele ni la mencionó.

Las prácticas sexuales varían según el contexto social, económico y cultural en que se desenvuelven las personas. Para mucha gente pesan los prejuicios, las normas y estereotipos conservadores que impiden disfrutar el placer sexual como mejor le parezca.

Cuando no hay libertad se fomenta la clandestinidad, y si ya no se aguantan las ganas siempre se ve dónde. Hay lugares secretos, públicos, pagados, gratuitos, al aire libre, encerrados... Y los hay también algo incómodos pero, como dijo una amiga, “cualquier espacio donde nazcan el deseo y erotismo es bueno”.

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Erotizar la vida

Josep-Vicent Marqués, sociólogo español

 

Erotizar la vida.

Descentrar del coito el placer genital.

Reconstruir el coito como cópula.

Airear el sexo guardado en los genitales.

Honrar, sin embargo, tus genitales como una parte aceptada de tu cuerpo aceptado.

Desdramatizar los asuntos sexuales sin banalizarlos.

Aprender a jugar y aprender la importancia del juego.

Hacer el amor siempre que al menos dos personas quieran.

No hacer el amor cuando es otra cosa que se quiere hacer.

Hacerlo siempre con, nunca contra.

Separar el sexo de la procreación, pero también de la machada y la resignación, de la agresividad, la competencia o la compensación de agravios.

Saber “técnicas sexuales”, pero haberlas olvidado como se olvidan los libros que se aprenden bien.

No hacer de la masturbación un sucedáneo del intercambio, no hacer del intercambio un sucedáneo de la masturbación.

Dinamitar la edad, el tiempo usurpado por el patriarca.

Hacer en la cama un lugar al amor y a la ternura.

Probar a hacer el amor para conocerse, pero también probar a conocerse para hacer el amor.

Olvidar para siempre las inhibiciones, los récords.

No ser indiferente al acostarse o no, sin angustiarse por ello.

Inventar por el camino un nuevo lenguaje para hablar de esto llanamente sin la alternancia de la pomposidad y el chascarrillo.

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Derecho al éxtasis

Carmen Álvarez, guatemalteca

 

¿Cuántas mujeres no andamos en la búsqueda de nuestro bienestar y nuestra felicidad? Sin embargo, a veces transitamos por caminos muy complejos para llegar a ello, cuando la mayoría de veces es un proceso simple y accesible a todas.

Hasta hace algunos años, siempre que hablé del placer y del erotismo con mis amigas feministas, o simplemente con mis amigas, vivimos con la ilusión que mucho de esto venía de estímulos de afuera. Pensábamos que el día que encontráramos a nuestra pareja ideal tendríamos todo el placer añorado y, más aún, se despertaría en nosotras esa amante tierna y apasionada.

Cuando hablé de placer con ellas, hablé de las delicias de los sabores, los olores, los sonidos, las sensaciones y otros apetitos, y vaya si no me gustan esos placeres. Poco sabía yo entonces que el erotismo no sólo tenía que ver con la sexualidad en sí, sino con el éxtasis, como una experiencia de la energía de todo el cuerpo, pero fundamentalmente de todo el ser, donde se expresa nuestra confianza en nosotras mismas y donde vivimos la experiencia de escuchar nuestros más profundos deseos, sin juzgarnos y sin culpa.

En ese compartir nunca hablamos de que el erotismo tenía que ver con una energía que alcanza el corazón y la mente, y que este placer es una conjunción entre cuerpo y alma, que viene de un motor interno que nos impulsa a buscar experiencias de paz y gozo. Eso significa que, ya sea solas o acompañadas, podemos sacar nuestro erotismo para sentir el placer y el bienestar, que no sólo implica liberar tensiones, reconocer todo nuestro cuerpo y sentirnos satisfechas sino, sobre todo, que el corazón se abra y se exprese con libertad.

Lamentablemente muchas veces las religiones y parte de nuestras culturas reprimidas nos han dicho que éstos son temas prohibidos y hasta sucios; nos llenaron de un montón de juicios morales y culpas que están tremendamente arraigados en nosotras. Nunca nos inculcaron que el éxtasis es tan natural como respirar, comer o descansar y que, aparte de ser una fuente de salud, es un derecho fundamental de los seres humanos. Las mujeres, en especial, a medida que van pasando los años renunciamos a este derecho que nos permite un equilibrio físico, emocional y espiritual.

Compartir el amor y el éxtasis con alguien es maravilloso, pero no olvidemos que estas experiencias serán mejores si recuperamos nuestro propio yo en éxtasis cuando nos conectamos con nosotras mismas o hacemos el amor; es decir, elevar nuestro nivel de conciencia acerca de nuestro ser -cuerpo, corazón y mente- para unificar las propias energías experimentando el bienestar y así despertar la amante que llevamos dentro.

Nunca es tarde. Hoy podemos empezar a mostrarnos que estamos vivas y tenemos derecho a vivir el placer y el gozo. Podemos comenzar ahora dándonos apapacho, un tiempo para nosotras en espacio donde nadie nos interrumpa, comer algo rico con muchos colores, escuchar la música que nos gusta y bailar, poner un poco de incienso, darnos un masaje en los pies y listas para el erotismo y el éxtasis. Manos a la obra... ¡Nos lo merecemos!

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Compartiendo pensamientos e intimidades

Andrea y Sandra

 

En principio queremos decir que lo expuesto en este artículo será basado en experiencias propias y no sobre el conocimiento de teorías. Tampoco debe tomarse como generalidades, aunque quizás algunas compartan lo que aquí escribimos. En ese sentido, es un intento de sistematización de la vida de dos mujeres que nos hemos atrevido a amarnos como somos, a descubrirnos, pensarnos, comunicarnos, compartirnos, gozarnos, desarrollar placeres y sentirnos libres.

La experiencia de relaciones amorosas entre dos mujeres, desde nuestra experiencia, es algo que se va descubriendo, haciendo, definiendo, viviendo y encontrando en la práctica. Normalmente, las que nos atrevemos a aceptar que nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestros sentimientos están desarrollando amor hacia otra mujer no tenemos referentes, ni conocimientos de lo que es y cómo se hace. Más que todo, nos encontramos con un hecho que -sabemos- para la sociedad es pecaminoso, prohibido, anormal o enfermizo. Por tanto, darnos la posibilidad de sentir, pensar, hacer y expresarnos es lo que nos permite ser como una realidad normal, pese a que la vivimos junto a los miedos, conflictos, clandestinajes, y enfrentándonos a cuestionamientos permanentes.

El erotismo entre mujeres va más allá de sentir orgasmos y del deseo pasional de poseer un cuerpo o ser poseída por alguien. Para nosotras, es un acto de encuentro, de compartirse, de sentirse, de vivir el placer de la ternura, de la compañía, de la palabra, del silencio, del ser, del descubrimiento, de la sonrisa, del reencuentro. Es encontrar la belleza fuera de los estereotipos, es darte el chance de sentir sin miedo al “qué dirán”, de expresarte con libertad total, de descubrirte contigo y junto a otra. Es la posibilidad de amar a una mujer más allá de su cuerpo de mujer, de amarla a ella en forma integral.

El erotismo puede también despertar la pasión, pero no como fuente única de encuentro y expresión, sino como parte de una diversidad de formas de decir lo que sientes y vivir el momento.

La ternura que puede expresarse a la luz de la luna, de una vela, con un masaje, con crema o aceite en todo el cuerpo, con un abrazo largo, con un descanso compartido, es la expresión de amor y respeto a un cuerpo que siente y se expresa igual que el tuyo y que, como tú, quiere sentir y obtener lo que necesita para estar bien. Este momento puede ser un encuentro espiritual más allá de lo físico y de la razón.

El encuentro con otro cuerpo similar es la posibilidad de descubrirnos en libertad y reconocernos no para otros sino para nosotras mismas.

Sentir placer es el hecho más liberador que una mujer puede tener, más aún si este placer lo has logrado a partir de liberarte, de ser tú y estar con quien quieres amar, a pesar de lo que digan.

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En la punta de los dedos

Laura E. Asturias, laCuerda

 

Gracias a los estudios y análisis de numerosas feministas e investigadores, sabemos que la formación del patriarcado tomó casi 2,500 años y se ha arraigado en todas las instituciones de la sociedad: el matrimonio y la familia tradicional, el Estado, las iglesias... De ello se desprende que no será tarea fácil desmontar el aparato patriarcal y enmendar los profundos daños que por siglos ha ocasionado a mujeres y hombres.

Este sistema ha creado un conjunto de valores, normas y roles sociales que se nos asignan según el sexo con que nacemos. El patriarcado, que por definición otorga más valor a los hombres y su mundo, convirtió a las mujeres en un recurso tan funcional y productivo como la tierra misma.

Según Gerda Lerner,* la opresión y explotación económicas se basan en el uso de la sexualidad femenina como mercancía y la apropiación de la fuerza laboral y reproductiva de las mujeres por parte de los hombres, además de la adquisición económica directa de recursos y personas.

Bajo la dominación patriarcal, la sexualidad femenina -entendida como capacidades y servicios sexuales y reproductivos- se ha utilizado de diversas maneras: las mujeres han sido intercambiadas o compradas para matrimonios que benefician a su familia, esclavizadas para dar servicios sexuales como parte de su trabajo, y también para la producción de hijos útiles a la economía.

Colonizadas y controladas por otros de manera tan abrumadora y prolongada, se nos impusieron patrones cuyo referente es la sexualidad masculina: avasalladora, autoritaria, centrada en el placer de los hombres. Así, no es extraño que hoy experimentemos restricciones psicológicas que nos dificultan descubrir una sexualidad propia, libre de dictados patriarcales, y escuchar nuestra voz interna.

Por otro lado, son preocupantes en estos tiempos los mandatos que nos llegan desde el actual gobierno de los Estados Unidos, cuyo fundamentalismo religioso pretende regresarnos a épocas en que vivíamos exclusivamente al servicio de los maridos y el resto de la familia, y desvaloriza los múltiples aportes productivos de las mujeres al obsesionarse con nuestras capacidades reproductivas.

Ese fundamentalismo, que hoy condiciona los financiamientos para ciertos programas relacionados con la salud sexual y reproductiva, está llevando a reprimir el abordaje abierto de la sexualidad, las infecciones de transmisión sexual y muchos otros asuntos que en nuestros tiempos son cruciales también para la salud pública. Y es un fundamentalismo que encuentra eco obediente en figuras locales, por lo general afluentes e influyentes afiliadas al Opus Dei, que trabajan afanosamente por instaurar políticas públicas orientadas a recortar los derechos que las mujeres hemos ido ganando sobre todo desde el siglo pasado.

 

Rescatar el placer propio

Se nos ha enseñado (aunque vamos descubriendo que esto es un mito) que los hombres saben mejor que nosotras lo que necesitamos (ellos supuestamente “nos hacen mujeres”). A través del mandato de la heterosexualidad obligatoria, institucionalizada por el matrimonio y que privilegia una única forma de sexualidad como fundamento social y legalmente válido para la vida familiar, hemos aprendido que una relación sexual plena sólo es posible con un hombre, aun cuando muchas más bien sienten (y reportan) insatisfacción sexual absoluta con compañeros que no buscan más que su propio clímax.

En numerosos casos, lo que las mujeres queremos queda guardado a oscuras en la mesita de noche, sin ser comunicado a quienes tendríamos que informarles, toda vez que la relación “normal” a menudo proscribe que hablemos de nuestros deseos sexuales, so pena de que un compañero dude de nuestra “decencia”.

Tarde o temprano, a partir de nuestra propia conciencia y sabiduría o por influencia de diversos medios hoy disponibles, nos percatamos de cuánto más hay para nosotras en el ámbito sexual de lo que hasta ahora hemos recibido, o de lo poco que nos hicieron creer que podíamos aspirar a tener.

Algunas, liberadas de la noción de que debemos esperar a que un hombre “nos dé” un orgasmo, somos las artífices de nuestro propio placer. Hemos caído en cuenta que el clítoris es el único órgano humano cuya sola función es darnos deleite.

Conscientes de que el éxtasis no se limita a varios segundos de total abandono (aun cuando podamos reproducirlos una y otra vez, literalmente hasta el cansancio), nos apropiamos de un cuerpo con un sinfín de zonas a ser exploradas, acariciadas por nuestras propias manos.

Comprendimos que ser conscientes y hablar francamente de lo que queremos y necesitamos propicia relaciones amorosas más abiertas, equitativas, sabrosas, las cuales buscamos tener con personas que sepan apreciar todas nuestras dimensiones.

Muchas también deciden experimentar con otras mujeres sin tener una identidad lésbica. Lo hacen sin culpa, para aprender y compartir vivencias con quienes mejor conocen la sexualidad femenina.

Y, por cierto, no dejamos a gente sin conocimientos ni sensibilidad el cuidado de nuestros cuerpos: buscamos profesionales capaces de discutir con soltura las prácticas sexuales, métodos anticonceptivos y opciones reproductivas.

 

Erotismo en esta era

La epidemia del VIH/sida ha obligado, y no por ello en forma desagradable, a un replanteamiento de las prácticas sexuales, dado que éstas, sin la debida protección, pueden implicar riesgos considerables.

En sociedades represivas, la abstinencia suele ser la receta más fácil en boca de quienes, con o sin presencia de virus mortales, buscan reprimir la sexualidad ajena y continúan difundiendo falacias sobre la elevada eficacia del condón.

Existe otra corriente que sí es sensible a las necesidades normales de la gente y a su derecho de satisfacerlas. Además de educar sobre el uso correcto y consistente del condón, y la abstinencia cuando es una convicción propia, promueve prácticas seguras de tal manera que la actividad sexual no implique riesgo de contraer infecciones (ni de embarazos no deseados).

Según esta visión, se vale toda práctica erótica siempre y cuando haya consentimiento mutuo y no se intercambien fluidos potencialmente infectantes. Es decir que las cosas quedan a la creativa imaginación de quienes se encuentran para disfrutar sus capacidades naturales y aprendidas.

 

Más allá de lo impuesto

La sexualidad propia no es algo que deba dejarse al antojo o decisión de otro. A estas alturas, muchas conocemos el costo que ello tuvo cuando la única posibilidad era aceptar imposiciones ajenas. Hoy las mujeres podemos apropiarnos de opciones más saludables, generosas.

Si hemos incursionado en un mundo dominado por hombres, rompiendo esquemas que nos oprimen, sería hora de voltear la mirada hacia nosotras mismas también para desterrar otros mandatos internos que aún erigen muros entre lo que hoy somos y el vasto campo de  deseos íntimos aún inexplorados.

 

* Lerner, Gerda. «La creación del patriarcado». Editorial Crítica. Barcelona, 1990.

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A las mayores sí nos gusta el sexo

Cecilia Maza, abuela, lectora de laCuerda

 

Sin mucho pensarlo acepté el reto de escribir sobre la sexualidad en las mujeres mayores, y de repente me encuentro sin palabras para expresar lo que creo pretenden que explique: ¿Cómo es la sexualidad a los 60 años? ¿Sentimos algo las mujeres a esta edad? ¿Nos atrae el sexo?

¿La verdad? ¡Sí, por supuesto! (¿Por qué se cuestiona nuestra sexualidad mientras nadie pone en duda la de los hombres a la misma edad?)

Recuerdo que hace muchos años -éramos jóvenes-, Eugenia Chacón y yo hicimos una pregunta de esa guisa a la directora de la Escuela Dolores Contreras del Águila, donde trabajábamos. Ella no emitió una sola palabra, pero su mirada indignada y altiva fue más que elocuente. Por supuesto, no le gustó la inquisición: el tema era tabú y no quiso aceptar lo que a no dudar sentía.

Es usual imaginar que una mujer de la tercera edad -o adulta mayor, como ahora se dice- está sexualmente muerta. No es así. Sin consultar estadísticas, Internet o al ginecólogo, me atrevo a decir que las de 60 años, quizá ahora más que hace algún tiempo, disfrutamos nuestra sexualidad.

Las relaciones que inicialmente eran para complacer a la pareja se vuelven autocomplacientes. ¿Por qué? No soy psicóloga ni sexóloga, pero mi teoría empírica es la siguiente: Generalmente, cuando tenemos 50 años los hijos ya no viven en casa, se han independizado y no dependen más de nosotras. Eso crea una sensación de libertad y una relación más profunda con nuestra pareja; sólo nos tenemos a nosotros mismos.

También puede ser acondicionamiento mental. Somos más maduras, conocemos más de la naturaleza humana y nuestra propia sensualidad. Conocemos nuestras zonas erógenas a la perfección, así como el funcionamiento de nuestros órganos sexuales, y no tenemos inhibiciones. También puede ser que los tabúes religiosos han disminuido; ya no sentimos miedo al castigo divino y el peso de la iglesia es menor.

Hay otra razón, puramente física: la terapia de reemplazo hormonal, que en cierta forma constituye un estímulo sexual. Y quizá una última razón, que se me ocurrió leyendo “El Maestro de Petersburgo”, de J. M. Coetzee: la edad. Al acercarnos al final de nuestra vida queremos vivirla a plenitud.

Veamos un párrafo del Nóbel: “...Los muslos de Anna Sergeyevna, de la Ana Sergeyevna que él recuerda, son más esbeltos, más fuertes; hay algo que parece decidido en su forma de aferrarlo, algo que él relaciona con el hecho de que no sea una jovencita, sino una mujer madura, ávida. Madura plenamente, y por tanto abierta (ésa es la palabra que se insinúa con insistencia) a la muerte. Un cuerpo en sazón, listo para la experiencia, pues sabe que no por siempre ha de vivir. Es un pensamiento excitante, pero también perturbador. A esos muslos les da igual quién se encuentre apresado entre ellos...”

Bueno, tampoco dijimos ¡no!

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Mis dos sonrisas

Cristina Escobar, guatemalteca, psicóloga

 

Sé que es un desperdicio que en estos tiempos no utilizo mi sonrisa vertical. La horizontal, ésa si la uso, y últimamente mucho. Porque ahora suelo reírme de mí misma, de la vida, de las tonteras que hago. Pero extraño reír con mi sonrisa vertical.

En mi vida siempre ha existido una conexión muy fuerte entre esas dos sonrisas. Ambas se abren cuando se divierten, las dos son más expresivas y sinceras cuando se enamoran, las dos suelen ser influenciadas por la marihuana, ya sea por ataques de risa que nunca acaban o por ganas de tener sexo sin final.

Cuando la sonrisa horizontal se ríe, la vertical la sigue. Ambas suelen cerrarse si algo les molesta o les duele. Las mías están muy compenetradas, pues siempre que alguien me hace reír me enamoro de él. Cuando ríe la de arriba, ríe la de abajo. Y si la de abajo está sintiendo mucho, la de arriba la sigue y viceversa. Cuando hago el amor, aparece esa sonrisa de niña en mis labios, esa sonrisa fresca y verdadera.

Nací en el año 69, el último de la década de los hippies, de la libertad, del eslogan “hagamos el amor y no la guerra”, de la liberación sexual. Heredé las ganas intensas de expresarme a través de mi sexualidad, pero no la libertad de acostarme con todos sólo para manifestar mi derecho a utilizar mi cuerpo. No critico, no juzgo ni tengo prejuicios hacia quienes sí lo pueden hacer.

Una vez quise tener sexo solamente por tenerlo, pensando que ya era hora que ejerciera ese derecho, que era demasiado trillado lo que la gente dice: que las mujeres siempre confundimos sexo con amor. Quise demostrarme que podía tener relaciones sin que existiera amor de por medio. Pero me salió el tiro por la culata y me enamoré. Como mi cuerpo es más sabio que mis razones intelectuales, mi olfato me advirtió desde antes que el olor de ese otro cuerpo me recordaba algo conocido, que se parecía tanto al mío que apenas lo percibía, y que se haría indispensable. Aun así creí esa vez que al fin había logrado tener sexo sin amor. Qué ilusa fui, pues luego me di cuenta que había podido tener sexo porque había amor.

Luego decidí que una mujer moderna, como yo creía ser, debía lograr tener sólo sexo placentero. Y para borrar ese olor conocido lo intenté de nuevo. Pero mi cuerpo tan necio y sabio me advirtió, desde antes que empezáramos el “foreplay”,* que no iba a funcionar, y no funcionó. No logré olvidar el otro olor, y al día siguiente amanecí sintiéndome sucia, pero no por haberme acostado con alguien sin amor, sino porque no quise oír a mi cuerpo. Amanecí con ese olor tan incompatible con el mío impregnado en las sábanas y con ganas de vomitar porque no soportaba el olor del desamor.

Ahora me digo a mí misma que debo escuchar más a mi cuerpo, que debo saber por mi olfato (aunque sea anticuado utilizar tácticas de los cromagnon) con quién puedo hacer el amor. Porque, al fin y al cabo, los hombres a quienes he amado y con los que he podido hacer el amor siempre me han conquistado por hacerme reír con ambas sonrisas y porque su olor armoniza con el mío, tanto que llega un momento en que ya no sé qué olor es del otro y cuál es el mío.

 

* Juego sexual previo

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Erotismo e identidad en la cultura nacional

Aída Toledo, guatemalteca, poeta

 

En una reciente conversación surgieron algunos comentarios polémicos, acerca de las formas que asume nuestra cultura al acercarse al erotismo. Nuestra cultura posee rasgos híbridos que hemos ido afirmando al paso del tiempo. Hemos dejado de creer en la pureza de la sangre como un valor, y nuestros prejuicios sociales y religiosos, también heredados, empiezan a relajarse con cierta moderación. Actualmente aceptamos ser ladinos, o tranquilamente podemos decir que somos mayas o de origen maya, sin que esto constituya un riesgo social.

La conversación acerca del erotismo como componente identitario de nuestra cultura parece ser parte de este proceso de crecimiento. Ya no nos asustamos fácilmente si observamos en una galería de arte un cuadro en donde encontramos cuerpos desnudos, y podemos asistir a una actividad de las artistas del “performance” sin aplicar una censura severa, lo que habría sido totalmente imposible durante los años sesenta o aun setenta. Los textos de “Poemas de la izquierda erótica” (Ana María Rodas, 1973) son a veces celebrados en las lecturas que su autora hace cuando es invitada especialmente para ese evento.

Lo cierto es que, mediante un proceso de aceptación de la identidad, ha sido posible para algunos grupos iluminados ver más allá de lo considerado pornográfico en el pasado. Los más recientes medios de comunicación avanzada permiten, a la población que los consulta, enterarse de lo que está sucediendo en otros lugares del mundo; de esta manera se hace más fácil comprender que el mundo ha cambiado, que una instalación postmoderna, construida con vello y sangre de la artista, está también construida mediante una historia, que hay una narrativa adentro de estas imágenes, que tiene distintos sentidos e intenta decir algo a quien la observa, esperando una respuesta de quien asiste a verla. Los artistas en general abordan el erotismo de diversas maneras, pero una central es retrabajar cuerpos sensualizados.

Ya los artistas de las vanguardias habían descubierto -en una búsqueda de la identidad- la belleza de los cuerpos obscuros y morenos. Tarsila de Amaral y otros dejan para la posteridad cuerpos voluptuosos, desbordados, en donde se narra a través de ellos la historia del mestizaje. La literatura nacional, cuya línea de desarrollo está interconectada con las búsquedas de la vanguardia experimental latinoamericana, durante los años setenta ejecuta un operativo lingüístico que realiza un corte o rompimiento dentro de la tradición poética. Manuel José Arce y la Moira habían creado un sujeto lírico urbano, cuyas preocupaciones son el inicio en este cambio de registro. Sin embargo, las primeras publicaciones de estos escritores del setenta nos ofrecen sujetos urbanos marginales, voces desencantadas, fuera de los centros de poder cultural, donde uno de los motivos que comandará sus anécdotas poéticas gira alrededor de la sexualidad, la sensualidad y el cuerpo desnudo. Son famosas las anécdotas respecto a la aparición de los primeros libros y textos de estos escritores. Tachados de pornográficos, se les orillará y alejará de los círculos literarios oficiales, por no ser socialmente correctos. Sin embargo, son ellos quienes abordaron lo erótico con amplitud desde sus primeros libros, abriendo una nueva posibilidad en la escritura nacional, que abordaba abiertamente temas considerados inapropiados dentro de la escritura creativa, y donde inevitablemente aparecía lo erótico como un elemento subversivo para la época.

A partir de estos libros y textos desperdigados en revistas de los setentas, se inicia un proceso de despojamiento de la metáfora y entra a funcionar un nuevo realismo poético, que trae consigo el tratamiento de una eroticidad diversa y los coloca como los antecedentes inmediatos de nuevas generaciones que abordan este tema como parte de una tradición y apertura cultural.

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«Los cien golpes»

Claudia Navas Dangel, laCuerda

 

Cuando el cuerpo empieza a cambiar, la mente también lo hace. Hormonas y sueños se mezclan en la oscuridad de un cuarto no compartido, en busca de una señal que nos lleve a encontrar el amor. Pero ¿qué es el amor? Definirlo es difícil. Lo que sí es muy fácil es confundirlo con el placer.

En este dilema existencial se encuentra Melissa P. La inicial es por su apellido (Panarello); no tiene nada que ver con algún calificativo, aunque quizá pueda ser un mensaje subliminal que la editorial o ella misma se haya querido adjudicar, para llamar la atención de los lectores.

Melissa P. es la autora de «Los cien golpes», libro que causó gran revuelo al ser publicado por descubrir el diario de una adolescente de 16 años con mucha imaginación y atrevimiento y, sobre todo, con una necesidad enorme de encontrarse a sí misma, búsqueda que la lleva a intentar hacerlo a través de otros.

Con una gran carga sexual y emocional, este libro, tan sonado, criticado, censurado y recomendado, no es más que uno bien mercadeado, cuyo éxito radica en el morbo que nos mueve cada día. Quién no quiere saber qué le pasa a la protagonista de «Los cien golpes» después de leer la tapa: “Melissa P. describe sus encuentros sexuales, que empiezan con la acostumbrada decepción frente al gatillo mediterráneo y terminan en orgías con desconocidos, experiencias lésbicas y relaciones peligrosas”.

El diario de esta adolescente refleja, más que un avorazado apetito sexual, una necesidad intensa de ser comprendida, de encontrar un sentimiento mutuo, de vivir una ilusión real. Toda esa necesidad que ella relata se escapa ante la enorme propaganda de que es objeto el texto y que lo lleva en poco tiempo a una segunda edición, gracias a un proyecto de mercadeo más que por su calidad literaria.

«Los cien golpes» tiene una carga sexual fuerte, tiene hermosas frases, hasta poéticas, y un mensaje claro: el sexo. Desencadena pasiones, pero no por él mismo ni lo que nos lleve a sentir, sino por lo mucho que hay que aprender de él.

 

P., Melissa. «Los cien golpes». Editorial Poliedro, Barcelona, 2003.

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Tributo a laCuerda 69

Andrea Aragón, guatemalteca, fotógrafa

 

Llegar a la 69, claro está, es todo un orgasmo.

Pero estoy segura que ha habido más o casi tanto gozo

en la preparación y, no digamos, en todo el proceso.

El resultado, la concepción de un medio único donde

se pueden tocar, bastante a fondo, temas como el sexo.

Enhorabuena a laCuerda en su número 69.

Esperamos que con ésta, no acaben.

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De cómo reconocer un poema erótico y qué hacer con él

Anabella Acevedo, laCuerda

 

Oculta rosa palpitante

en el oscuro surco,

pozo de estremecida alegría

que incendia en un instante

el turbio curso de mi vida,

secreto siempre inviolado,

fecunda herida.

—Alaíde Foppa

 

Las palabras se deslizan por la piel del poema, a veces suavemente, letra a letra acariciando los espacios que encuentra, las texturas que se yerguen a su encuentro y que son fundamento de su búsqueda. Otras, con movimientos que darían la impresión de ser violentos e invadir territorios privados. Pero es el deseo lo que las mueve.

 

Qué no daría

Por un poema tuyo

Que me roce

Me toque

Me lama y me consuma

Y me lleve

A donde nacen

Todos tus poemas

—Gabriela Gómez

 

La mano que escribe sobre el cuerpo del papel sostiene firmemente la pluma entre sus manos, dejando que sus dedos presionen las superficies apenas lo suficiente para conducirla hacia los términos precisos, hacia los espacios justos. La tinta se derrama sobre el papel y se vuelve creación. No se va tras lo obvio, aspira a la sugerencia, a poder traducir las experiencias de lo sentido a través del poema. Aspira a acercarlo -y acercarnos- a ese espacio íntimo del gozo.

 

Despertar en el paraíso

pero sin Adán

sola yo

reina

única dueña de mi ser

como debería ser

para soñar

y crearme

una imagen diferente

de mi serpiente.

—Margarita Azurdia

 

¿Qué se puede hacer con el poema más que dejar que la bañe lentamente a una, que el lenguaje haga suyos los espacios que encuentra a su paso y nos recorra en un acto de conquista? Poetas/amantes, conquistados y conquistadores. ¿Y nosotros? La complicidad nos acerca y nos hace partícipes; es cuestión de apropiaciones y de aceptaciones. También podemos apartar la mirada y, con ello, alejarnos del terreno de los sentidos. Podemos ejercer el juego de las negaciones, aparentar la inexistencia del cuerpo y de sus poderes. Pero, además, podemos caer en las trampas que nos impone lo aceptado como “respetable”, “inofensivo”, “decente”, aunque el precio sea alto y el placer ajeno.

 

Así el verbo           el inquisidor

El del deseo          el inquisidor

 

El de la piel erizada

El de los remordimientos

El de las manos suaves

El de los besos en la boca

en la nuca

en los pezones

Ese verbo adulador

—Aída Toledo

 

¡Ah! Pero las palabras no dejan de nombrar presencias reales; si existen es porque confirman la existencia de lo que nombran. Pero nosotras, nosotros, concedemos el sentido. La “vagina” es algo real, es un término que no nos hemos inventado y su geografía tiene vida propia. La mano que escribe un poema erótico puede también hacerlo real con movimientos similares al de su escritura. La palabra “orgasmo” aparece en todos los diccionarios, los que pueblan las bibliotecas de las personas más serias y controladas, las de aquéllos que no saben de definiciones y significados pero los han experimentado, las de las universidades y los seminarios mayores. La palabra se encuentra en posesión de nuestro discurso y puede florecer en un poema y, así, poseernos.

 

Habría sido sólo una pasión

si no existiera

ese velo de ternura reprimida que principia

a fluir

de mis ojos a tus ojos a mis ojos

cuando vientres y piernas

comparten con mis labios

el sabor de tu semen, entre amargo y salado.

—Ana María Rodas

 

¿Cómo reconocer un poema erótico, después de todo?

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Un empujoncito al placer

Laura E. Asturias, laCuerda

 

¿Tus encuentros sexuales se han convertido en algo similar a una ronda en la rueda de Chicago, de la que luego sólo te queda el pelo alborotado y (con suerte) el corazón corriéndote a mil? ¿O te aburrís como una ostra y contás los segundos hasta que todo termina?

Bueno, pues manos a la obra. En adelante, no más esperar pasivamente a que la otra persona se ponga las pilas. Mujeres y hombres podemos hacer mucho para preparar el momento y darle un giro a una rutina que se haya tornado agobiante.

Aunque sea difícil, tratá de no preocuparte demasiado de las lonjitas del vientre, otras carnes flojas y las estrías que tres embarazos te dejaron. O de esa cabeza medio calva que, según dicen, no les gusta a las mujeres. Aunque los publicistas se obsesionen con una belleza que suele existir sólo en su mente, tu pareja hará una de dos cosas: pasará por alto las huellas con que la vida te ha marcado el cuerpo, o hasta le dará más confianza estar con una persona normal. En todo caso apreciará mucho más las ganas que se le pongan al momento. Ése es el fin: disfrutarlo.

El ambiente debe estar iluminado suave, tenue, amable. Por esto habría que rescatar esas velas que sólo están llevando polvo en la sala. Encender muchas alrededor es un afrodisíaco indudable, y si hay chimenea cerca, cuánto mejor. A falta de candelas o una fogata, se sugiere una luz específica: violeta para las mujeres y roja para los hombres, porque estos tonos estimulan la actividad de sus glándulas sexuales.

No olvidar las fragancias. Los perfumes pueden alentar la seducción (vaya si lo saben quienes los fabrican), pero no sólo los que resulta imposible comprar. Hay unos muy exóticos y accesibles: sándalo, jazmín, almizcle. Y si los perfumes no te mueven un pelo, probá los inciensos. Éstos dan al ambiente un toque singular que parece transportarnos a tierras lejanas, mágicas.

Imperdonable sería obviar la música. Habrá más armonía sexual si nos envolvemos con melodías que estimulen los sentidos: un saxofón insinuante, flautas y cítaras sinuosas, una quena nostálgica, suaves tambores, sonidos de viento, del mar, de la selva... Bailar sensualmente es de pronóstico.

El valor de acompañar las caricias con otras delicias no debe subestimarse. Nada muy sofisticado para comer, pero que no sea lo de siempre. Si se puede, un buen vino u otra rica bebida, algún queso diferente. Cosas en trocitos para compartirlas con los labios. Chocolate que se derrite al calor del cuerpo. Atiborrarse de comida no conviene justo antes de entrar en materia, menos en la noche; eso cansa, da sueño. Tampoco ingerir mucho alcohol (que puede despertar las ganas pero en demasía limita el desempeño).

Las miradas y la respiración son importantísimas: nada como adentrarte lenta y profundamente, a la luz de las velas o un fuego nutrido, en los ojos de tu pareja para confirmar ahí sus intenciones (que ya deberían ser obvias) y respirar según lo que ello te provoque, de modo que “oiga” qué está pasando en ti. Se vale jadear.

Lo que ocurra después será cuestión de dos personas que saben por qué están ahí y del tiempo que quieran regalarse. A su alcance, metros de piel sensible, titilante, a la espera de lo que el encuentro pueda traer.

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La fiebre de los 'reality'

Wendy García Ortiz, guatemalteca, periodista

 

Es extraño. Hace mucho tiempo que no me sentía fuera de lugar entre un grupo de personas, mucho menos en mi propia familia.

Días atrás me reuní a almorzar con mis padres y hermanas después de mucho tiempo de no hacerlo y en lugar de enterarnos cómo estaba cada cual, la conversación giró en torno a los personajes de “Big Brother VIP” y “La Academia”.

Incluso mi mamá, quien siempre se queja de no tener tiempo para distraerse viendo televisión, estaba al tanto de los episodios, los personajes y el futuro de los programas.

Nombres de desconocidos me entraban por una oreja y salían por la otra. Mi cabeza giraba de acuerdo a la intervención de cada interlocutor y mientras tanto mi tortilla con guacamol se desparramaba en el plato.

No podía creer que me sintiera desubicada dentro de mi propia familia. Opté por tomarlo con humor y aprovechar para plantear preguntas, no sólo para formar parte de la conversación sino también para enterarme o encontrarle sentido a aquella discusión acalorada.

Que cuáles son los premios, que quién es esa Roxana de la que tanto hablan, que cómo le va al chapín que está participando, que cuáles son sus favoritos... Y todos se esmeraban en responder a mis dudas.

Sólo así logré integrarme y terminar mi almuerzo en paz. Agradezco que durante la sobremesa los temas fueran menos banales y más constructivos, aunque reconozco que eso de los “reality shows”* me resultó educativo.

Dos días después, también a la hora del almuerzo, caminaba junto a dos amigos con quienes había iniciado una interesante conversación de cinéfilos cuando, intempestivamente, de un tema se fueron a otro: “Big Brother VIP”.

No lo podía creer. Iniciaron la mismísima discusión. “Yo quiero que gane la fulana”, “No, yo creo que queda el sutanito”, “Recordate que aquél se portó mala onda...”

De nuevo mi cabeza giraba al compás de cada intervención y volví a sentirme desubicada. A pesar de lo educativa que había resultado la anterior discusión familiar, mis amigos comentaban ahora aspectos nuevos y mencionaban nombres de personajes en programas pasados.

A estas alturas tenía que aceptarlo: la epidemia de los “reality shows” ya había contagiado a mis seres queridos.

Después de estos incidentes, ocurridos entre personas que aprecio y de quienes valoro sus comentarios, ya hasta cuestiono mi propia apreciación del asunto.

Confieso que cuando inició la masiva promoción de estos programas, intenté seguirles la pista, pero realmente me aburrieron. No puedo concluir ni un episodio porque me paso criticándolo todo.

El exceso de marcas, la falta de naturalidad en los concursantes, la cursilería de algunos, la supuesta tragedia de otros, la explotación de las televisoras... No me la paso bien, en serio.

En algún momento pasó por mi mente hacer un nuevo esfuerzo por sintonizarme con los demás y aprender a tolerar cada noche a estos personajes tan famosos.

Pero no nos engañemos. Prefiero sentirme desubicada.

 

* Programas televisivos de supuestas situaciones reales

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Del erotismo y otros asuntos mitológicos

Ramón Urzúa Navas, guatemalteco, escritor

 

Existe un subterfugio llamado «Kamasutra», hosanna en el sexo. Y quiero erigirle a la India un monumento: ningún pueblo lejano puede crear impunemente tanto seductor retumbo de los mantras, tanta lección de yoga pop, tanto orgasmo tántrico siempre a punto de crujir -siempre a punto de volver- y, sobre todo, tanta coalición de las gimnasias amatorias. El apuntador dice que debemos posar, y posar bien. Se trata de poses, posiciones y posturas: el erotismo es la ortopedia de los sexos. Declaro a todo lo demás una herejía.

Oh, sensualidad. Pocas cosas tan erógenas como “El éxtasis de Santa Teresa”, alabado sea Bernini. Pero Bernini no fue Pigmalión, ya se mide, por horror al Santo Oficio. ¿Qué dirían Sus Eminencias de ver a un escultor agasajando a su producto? ¿Qué pensaría Su Santidad de contemplar al miserable creador divirtiéndose con su criatura? Sería demasiado: los vocablos “Iglesia” y “lascivia” mantienen de antiguo una pugna feroz (problema: ¿Cómo enterar de la pugna a la clerecía de Boston y a sus diligentes colegas en ese racimo de otras latitudes?). Y, sin embargo, de haber nacido en otro lugar, en otro instante, quizá Bernini habría sido el tratadista más inteligente de ejercicios corporales, verificados todos -se da por sentado- en la piel de la Doctora de la Iglesia, cuerpo sacro de una nueva Galatea.

Vuelvo a Grecia. Eros, parto de Afrodita, tenía clarísimo eso de andar haciendo esclavos y libertos por ahí. Acá un hijo de rey; allá, una pastora, y acullá, tres ninfas de sus amores. Hijo taimado de taimada madre, a Eros puede achacársele cualquier cosa menos negligencia en el oficio. Lo suyo era el ataque alevoso, y ni San Sebastián contó tantas saetas. Después parece que aquellos dioses oligarcas, los adoro, tan entrañablemente verosímiles, causan un cierto pudor: he aquí a la Afrodita que era esposa legítima de Hefestos -dios del fuego entre otras cosas-, y he allá a la Afrodita que fue amante amantísima de Ares -dios de la guerra y camarada de la muerte-. Hijo bígamo de Ares y Afrodita, Eros prueba entonces que es posible hacer la guerra aun haciendo el amor (de donde intuyo el enorme peso que Laura Bush lleva en sus hombros). Y Eros acaba cazando a Psique, princesa de Asia, pero a la postre es Psique la cazadora de Eros. Moraleja: el alma busca siempre un coto de erotismo.

Los griegos conocieron demasiado bien la invención del amorío. Estaba la adhesión mujer-hombre, cuyo fruto era una raza de mortales. Había el idilio diosa-dios, cuya prole moraba en el incesto y el Olimpo. Estaba el “affaire” dios-mujer, cuyo fruto era una estirpe semidivina y vanidosa. Estaba la aventura diosa-hombre, que acababa en desventura (caso Afrodita-Adonis). Había el amor dios-ninfa, que terminaba en estado vegetal (Apolo-Dafne). Había el deseo fogoso dios-hombre, que terminaba en apoteosis (caso Zeus-Ganímedes). Había el caso del artista que caía locamente enamorado de su obra, como dicho queda hace dos párrafos. Había “ménages-à-trois” con un desenlace de tragedia (Apolo, Jacinto y Céfiro). Estaba Narciso, infaustamente enamorado de sí mismo a contrapelo de las ninfas y de Támaris, primer hombre que dedicó poemas a un individuo de su sexo. E incluso se tuvo la pasión mujer-animal, cuyo resultado era monstruoso (Pasifae + Toro de Creta = Minotauro). El más sabio de todos fue Tiresias: las mujeres tienen un goce sexual nueve veces mayor que el de los hombres. Lo supo porque, en distintos tiempos, fue ambas cosas. Y en ambas triunfó Eros.

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Recetas para darme placer

Lorena Robles, guatemalteca

 

Cuando me llamaron para preguntar si quería escribir un artículo y me informan sobre el tema, me dio risa y miedo a la vez. Es ese miedo internalizado de hablar de una misma, y más sobre lo que nos produce placer. Al final me decidí. Me costó mucho saber por dónde empezar, ya que se me hace muy difícil escribir sobre este tema que tiene sus especificidades y se hace tan extenso.

Cabe señalar que me produce muchísimo más placer una relación igualitaria, sin opresión ni tener que fingir uno que otro orgasmo. Estoy en una relación con otra mujer, lo que no significa que las que he tenido hombres no me hayan producido placer, o que éste se centre sólo en la otra persona: también disfruto el placer a solas.

Para mí es muy importante y además placentero crear las condiciones y el preámbulo para ese momento, aunque confieso que hay ocasiones en que no da tiempo.

Me gusta el tiempo de las caricias, roces, miradas sensuales, provocadoras, que me invitan a adentrarme al placer... esos besos suaves acompañados de susurros y palabras que me cosifican, pero que me encantan y excitan. Me gusta que toque mis pechos, los chupe, los lama, los muerda... que me toque toda a la vez, todo mi cuerpo, que lo recorra con sus manos, su lengua... que me monte y sentir sus fluidos con los míos.

Me produce placer hacer el sexo oral, recorrer toda su vagina, conocerla, explorarla, sentir, oler. Me gusta penetrarla, quedarme allí, sentir toda su intensidad y, por supuesto, que me haga el sexo oral, sentirme saboreada, que me chupe, que me lama, me mordisquee, meta su lengua en mi vagina, que observe cada pliegue.

Me produce placer penetrarla, y que me penetre me hace viajar; me adentro a su placer, a sus gemidos, a las formas de expresarse, de expresarme y sentir. Sentir cómo poco a poco me dejo ir y siento ese venir, el orgasmo que me es difícil lograr de esa manera, la forma en que me toca y logra enloquecerme… que me toque y penetre y sus dedos estén llenos de mi flujo... verla cómo los huele y lame y me los lleva a la boca...

Me produce muchísimo placer ver cómo nos masturbamos cada una, cómo vamos provocando esa sensación de erotismo y deseo. Me encanta verla masturbarse, me encanta masturbarme, explorarme, sentirme y dejarme ir en esa aventura...

Me gustan los juegos eróticos, usar aparatos, inventar historias y seguirlas dentro de ese juego provocador. Me gustan la creatividad y las sorpresas en todo momento del erotismo.

Me produce mucho placer verla excitada, cómo se mueve, cómo va creando historias, cómo se vuelve loca y me desviste lo mas rápido posible y cómo nos envolvemos en ese éxtasis, en esa locura de pasión, de palabras, de besos, gemidos...

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Ahora ando armada

Ana López Molina, guatemalteca

 

Tantas veces he caminado sola, sola por las calles o sola por la vida. Pero jamás con tanto miedo como ahora. ¿Tal vez es que soy paranoica? Me siento vigilada. Y me debato entre la plena conciencia de eso que sabemos que existe -el mundo del crimen que nos tiene tomada la medida a todos- y la idea de ser una persona más que entre estos 11 millones no tiene por qué parecer importante para esos tentáculos de terror. En verdad nunca cargo nada más valioso que mi vida, y sé que tengo mucho qué perder.

Sin faltar un solo día, cuando salgo de mi casa y estoy cerrando el portón, imagino que alguien, cañón apuntando a mi corazón, va a obligarme a dejarle entrar en ese espacio sagrado -el único donde gozo de plena libertad bajo doble llave en todas las puertas- que es mi hogar. Y va a querer registrar todo lo que encuentre. Mis libros. Mis notas. Mi ropa interior.

Cuando camino, no sé qué es lo que más me enfurece: la idea de llegar a mi destino sin mis cosas, la idea de que algún otro hombre-perro piense que mi cuerpo es de dominio público, o la idea de ni siquiera llegar adonde me dirijo.

Y siempre ando armada. “Quisiera ser mochila para tenerte abrazadita”. Psssssssssst... sale el chorro de irritante spray de pimienta, “law enforcement strength”.* O con ese estilo de saco de pana sobre camiseta de algodón, muy seductor: “Qué niña más linda”. Psssssssst... de nuevo, el sable rojo de la pimienta.

¿Podría envolverme en una nube picante? ¿Podría evitar que cualquier persona se acerque menos de tres metros a mí?

Ya sé que no. Por eso ahora ando armada. Camino con el dedo en el gatillo. Me bajo del carro con el arma cargada. Camino al banco con el arma cargada. No salgo antes de quitar el seguro de mi arma cilíndrica.

¿Soy paranoica? ¿Estoy reproduciendo la violencia? ¿Realmente estoy protegida con mi arma no-letal?

¿Qué me pasa? Cada semana se encuentra a una mujer muerta, mutilada, ultrajada, tirada y en estado de descomposición en los barrios peligrosos de la ciudad. Ahí donde quien manda es el “macho más macho” de la mara “más gruesa”. Y habrá dios sabe cuántos asaltos diarios, los que se denuncian y los que no. Y las instituciones estatales encargadas de resolver “el enigma” delegan en investigadores sociales, privados, la Procuraduría de Derechos Humanos (PDH) y demás, la búsqueda de la respuesta a preguntas que ya retumban en los barrancos de la ciudad: ¿Por qué tantos asesinatos de mujeres? ¿Por qué tanta delincuencia?

Y como siempre, las respuestas que son evidentes, las que todos podemos ver, oír, casi tocar, no pueden ser vistas por los ojos estatales. Ni los gubernamentales. Ni los de la Policía Nacional Civil, el Ministerio Público o la PDH. Aun cuando las respuestas nos embisten cada día y no podemos obviarlas.

Mientras tanto, yo ahora ando armada.

 

* suficientemente potente para uso por las fuerzas de seguridad

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Sector de Mujeres celebra*

 

Nos sentimos muy complacidas de llegar al Décimo Aniversario de sueños y trabajo compartidos entre muchísimas mujeres. Nacimos el 11 de mayo de 1994. En esa fecha elegimos a nuestras primeras delegadas ante la Asamblea de la Sociedad Civil, producto de las primeras negociaciones realizadas entre nosotras.

Las mujeres que han pasado por el Sector han sido tantas... Tratamos de hacer la cuenta y el número sobrepasaba las 200 sólo entre delegadas de organizaciones. No queremos nombrarlas por miedo a que nos falte alguna.

Hoy unas son funcionarias públicas, otras tomaron la decisión de dedicarse a sus vidas personales y apostarles a sus familias y negocios; algunas cambiaron de opciones...

Y no nos referimos a las opciones políticas partidarias; también hablamos de opciones de vida, de entregar y recibir amor de manera diferente, de tratar de vivir la vida sin atropellos ni remolinos... sólo cuando nosotras decidamos.

Algunas han incursionado en su vida espiritual, otras en la intelectual o la profesional, y hay quienes siguen jalando la carreta de la talacha organizativa y política.

Lo que sí es cierto es que la pasión sigue siendo parte de nosotras, las que estamos y las que están en otras partes. La pasión por la vida, por la felicidad, por la paz, eso es lo que nos mantiene con vida.

Desde fuera nos dicen que seguimos siendo las mismas, las de “patria o muerte”... las populares, las radicales, las pleitistas; en fin, un sinnúmero de cosas.

Otras nos dicen que no somos las mismas, que hemos cambiado para bien o para mal. Decimos que no somos las mismas, es cierto, pero la drasticidad y la definición son algo que nos mantiene.

Pasamos de la radicalidad cerrada a la radicalidad de reconocimiento de la diversidad. Sin embargo, cada vez más deseamos ser un espacio con una definición política clara: antimilitarista, antiimperialista, antirracista y feminista.

Éste es el punto de llegada; el camino está siendo trazado.

Hemos recorrido senderos que nos han llevado a reconocernos como personas integrales; no somos seres acabados, perfectas ni súper mujeres.

No tenemos la verdad absoluta. Consideramos que tenemos derecho a opinar y fundamentar nuestras posiciones. Nos reconocemos como seres con muchas necesidades y nos encontramos cotidianamente haciendo malabarismos entre ser buenas amigas, políticas con ética, buenas madres, esposas, amantes...

Necesitamos afecto; también necesitamos aliadas: aquéllas que no se definen sólo por el apapacho o el cariñito cuando andamos de bajón. Las aliadas se distinguen porque nos aportan ideas, nos proporcionan herramientas, nos confrontan con ideas y enriquecen con planteamientos y fundamentos.

Las mujeres vivimos en sociedad y no podemos extraernos de ella. Nuestros procesos se vuelven largos y tenemos que regresar a cada rato para no partirnos, para no dejar de ser madre si soy mujer; no dejar de ser mujer si soy trabajadora; no dejar de ser maya o garífuna si soy mujer; no dejar de ser amante si soy política. No queremos seguir partiendo en pedazos nuestra identidad y nuestra esencia.

Estamos celebrando nuestro proceso y nuestros logros.

 

* Fragmentos de su pronunciamiento

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Allanan sede del Sector

 

La sede del Sector de Mujeres, ubicada en la Zona 1 de la ciudad capital, fue allanada la noche del 24 de junio pasado. Del lugar fueron sustraídos un fax y un identificador de llamadas.

Sandra Morán, representante del Sector, informó que ellas adquirieron el identificador pues estaban recibiendo amenazas de muerte. Por esto descartó que el móvil del allanamiento haya sido la delincuencia común y afirmó que se trata de una “amenaza indirecta” por la continua labor del colectivo en la denuncia de la impunidad y los asesinatos de mujeres en el país.

A la vez advirtió a los agresores que este tipo de intimidación no logrará que el Sector deje de trabajar como lo ha hecho desde los tiempos del conflicto armado.

laCuerda se suma al repudio de esta nueva agresión contra el movimiento de mujeres de Guatemala.

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¡No más exterminio!

Laura E. Asturias, laCuerda

 

Mujeres organizadas y a título individual marcharon el pasado 29 de junio en la ciudad capital para repudiar, una vez más, la creciente ola de asesinatos de guatemaltecas.

De enero al 9 de junio de este año, la Policía Nacional Civil (PNC) registró un total de 221 casos (en comparación con 188 en el mismo periodo del 2003). Al cierre de esta edición, la cifra se aproxima a 250.

La marcha fue convocada por las organizadoras del foro “Feminicidio en Guatemala: Las víctimas de una realidad oculta”, realizado el 25 de junio y patrocinado por la Red Interpartidaria de Mujeres, el Programa Valores Democráticos y Gerencia Política (UPD/OEA) y el Programa Derechos de las Mujeres del Centro de Acción Legal en Derechos Humanos.

Entre otras valiosas intervenciones, el Foro contó con la participación de la mexicana Esther Chávez Cano, quien hace años empezó a lanzar la voz de alarma sobre los numerosos asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, donde dirige Casa Amiga, que atiende a víctimas de violencia doméstica y sexual.

La activista, que califica la situación en Guatemala como un “holocausto de género”, inició su exposición comentando: “Qué triste ser reconocida porque en mi ciudad matan mujeres”. Reveló a la nutrida concurrencia los resultados de su estudio de las muertes en aquella localidad mexicana, donde las víctimas presentan características similares a las de guatemaltecas asesinadas: suelen ser pobres, trabajadoras (sobre todo de la industria maquiladora) y atacadas sexualmente por sus verdugos.

Y en la mayoría de los casos, “las muertas de Juárez” comparten con las mujeres asesinadas en Guatemala la falta de voluntad, misoginia e incapacidad casi generalizadas de las autoridades, cuyo discurso a menudo culpabiliza a las víctimas por el simple hecho de salir a la calle y por ello resultar muertas.

Además de la falta de investigación, interés y personal en las instituciones estatales, como también de la comprobada participación de policías en algunos asesinatos de mujeres, hay mucho qué señalarles a los responsables de la seguridad pública. Una reciente investigación del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales de Guatemala revela que varias mujeres han sido víctimas de violación sexual, detención ilegal, extorsión y otros malos tratos por agentes de la PNC en comisarías donde fueron retenidas.

La marcha y otras actividades realizadas en junio en esta ciudad son muestra del firme propósito de las guatemaltecas de lograr que las autoridades y la sociedad en general despierten de su letal indiferencia e inacción.

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Por los derechos de la diversidad sexual

laCuerda

 

La Coordinadora Ciudadana de la Diversidad Sexual lanzó en junio una campaña para dar a conocer, defender y promover los derechos humanos de las minorías sexuales en Guatemala.

La campaña incluye ejes de acción a fin de contrarrestar el maltrato, la discriminación y violencia contra lesbianas, homosexuales, travestis y transgéneros, a quienes se les niega ejercer su identidad sexual y por la misma son objeto de rechazo y burla.

Este frente de varias organizaciones tiene programado presentar una propuesta de ley al Congreso de la República, cuyo contenido buscará que a todas las personas, independientemente de su preferencia sexual, se les garanticen sus derechos ciudadanos.

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Se siente bien perder el miedo

Jacqueline Torres, guatemalteca, periodista

 

Durante las protestas del pasado 8 de junio, unas cuatro mil personas de la Asociación de Sololatecos Unidos para el Desarrollo Integral (ASUDI), integrante de Plataforma Agraria, se congregaron en el kilómetro 148, en jurisdicción de Sololá, bajo la dirección de las lideresas Imelda Estacuy López y Emiliana Sancoy Mendoza.

Imelda está satisfecha, sensación que se refleja en la seguridad y entusiasmo con que expresa su experiencia. “Lo que se logra con las movilizaciones no se lograría de otra manera. Se fortalece la organización y la participación de mujeres y hombres indígenas y campesinos”, resalta.

Una de sus mayores sorpresas aquel martes fue la participación de mujeres. Debido a la exclusión y discriminación de que ellas son objeto, “pensé que sólo llegarían hombres, pero hubo más asistencia de mujeres”. Esta disposición de las sololatecas para luchar por sus demandas las coloca en una posición vulnerable. Reciben muchas críticas de personas que les reclaman el cuidado de sus familias, aseguran que aquél es trabajo de los hombres y ellas, relata, “no deben pasar más allá de la cocina y el patio de su casa”.

El éxito de la jornada no fue casual. Imelda cuenta que luego de recibir instrucciones, recomendaciones y materiales de apoyo de la comisión política de Plataforma Agraria, delegaron responsabilidades con los líderes y lideresas de las comunidades. “Le hicimos conciencia a la gente de la lucha, porque era para todos y todas”.

La convocatoria dio frutos y, mientras duraba la manifestación, el lazo de solidaridad entre asistentes se hizo más fuerte, al punto que no dejaban de considerar la situación de las personas participantes. “Intercambiamos experiencias y estuvimos pendientes de sus necesidades; por ello se quedaron hasta el final y estaban dispuestas a regresar”, indica la lideresa.

“Se siente bien perder el miedo a participar, para lograr hacer algo en la vida. Ser mujer no significa que no se puedan hacer las cosas, pues querer es poder”, enfatiza Imelda.

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La memoria: Cuna de identidad y resistencia de las campesinas

Ana López Molina, investigadora del Área de Estudios del Campesinado de AVANCSO

 

El pasado tiene sentido porque se enlaza con el presente al recordar u olvidar. La memoria se constituye en tal hasta que las huellas de los acontecimientos son evocadas y ubicadas en un marco que les dé sentido. Muchas veces existe la necesidad de pasar barreras constituidas por mecanismos de represión y el desplazamiento que provoca distorsiones para acceder a esas huellas.

Otra expresión de la memoria es el silencio, que puede ser producido por el miedo. Pero estos silencios en realidad son memorias que esperan ser expresadas en el momento justo, o que no se quieren contar para no transmitir sufrimiento a otros, o porque los otros no tienen la voluntad de escuchar esos sufrimientos.

La memoria de lucha afecta la forma en que una mujer entiende y articula su identidad de género y su identidad de mujer. La memoria de las mujeres permite valorarlas y ver esa parte que ha sido excluida de la historia oficial. Además rompe estereotipos formados alrededor de ellas, especialmente de las rurales.

La memoria también influye en la identificación con una lucha de clase, etnia, por la tierra, y la identidad como luchadora. Puede hacer recobrar y fortalecer la confianza en una misma. No es sólo recordar, sino darle un sentido a eso que se recuerda. La idea es recuperar las raíces, buscar eso que se perdió, de donde parte la identidad y es lo que cohesiona como grupo: aquello que dijeron e hicieron las abuelas y las madres de cada una de nosotras.

El poder está constituido por relaciones sociales. Por eso falló aquello de “tomar el poder”: el poder no es una cosa que puede pasar de unas manos a otras. Haría falta construir poder, es decir, nuevas relaciones sociales. Éstas tendrían que tener un lugar para las mujeres-sujeto. Que ellas sintieran que su vida y actuación son importantes, que sintieran el derecho a romper con las versiones oficiales de los hombres y se animaran a expresar la suya propia.

Con la memoria se puede entender la resistencia cotidiana, que es silenciosa y efectiva, y no solamente confrontativa o violenta. Recordar los triunfos de mujeres y su participación en las luchas campesinas las visibiliza como sujetos políticos. Ellas tienen que crearse (y creerse) sujetos. Y además situarse como sujetos. Por el momento, están “sujetas”. ¿Cómo pasan de la sujeción al protagonismo?

La memoria lleva a la construcción de una nueva forma de ser mujer porque engloba lo cotidiano, el poder, lo que una mujer hace y deja de hacer, lo que puede y no puede hacer. Recurrir a la memoria es también un acto de rebeldía porque es eso precisamente lo que han pretendido quitarnos todo este tiempo. Han querido quitarles la memoria a las mujeres campesinas con genocidios y represión. Robarles la memoria es igual a quitarles la identidad y despojarlas de su capacidad de luchar.

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Las culturas y la erótica

Katia Orantes, periodista guatemalteca residente en Barcelona, España

 

A lo largo de la historia el erotismo ha dejado huella. Al respecto existen legados de casi todas las épocas y culturas alrededor del mundo. En ésta, la era del estrés y falta de tiempo, también tiene gran importancia, aunque para la mayoría sigue siendo un lujo, para otras personas más que prohibido, o un placer inalcanzable.

Ya en el arte rupestre se plasmaron sorprendentes imágenes de rituales erótico-sexuales en cuevas e instrumentos. El mismo origen de la palabra “erotismo” hace referencia a Eros, el dios griego del amor y, por ende, de la vida. Es aquí de donde nace la gran pregunta: ¿por qué, entonces, nos cuesta tanto hablar de este tema? Y más aún, ¿por qué nos negamos al placer de las sensaciones?

La respuesta, casi seguramente, no es una casualidad, ya que es Occidente, a través de enseñanzas cristianas, el que se ha encargado de convertir los placeres del sexo en algo sucio y prohibido gracias al concepto del pecado original, contrario a otras culturas y religiones para las que el sexo es un regalo divino.

En la actualidad se vende la idea que Occidente es la representación del mundo libre a todo nivel -pareciera que por llevar menos ropa se tiene más placer- y se compadece a las “pobres musulmanas” con la idea de que todas son víctimas del “mal” del Islam, que hoy afecta a todas las esferas de la sociedad pero en el cual el placer no está prohibido a las mujeres, a diferencia de lo que ocurre con las cristianas.

A pesar de intentar demostrar lo más oscuro del Islam y otras religiones, cuando se refleja el erotismo en el arte, la televisión o el cine actual parece indispensable hacer un viaje por Oriente, el “Kama Sutra”, el baile del vientre, las miradas profundas y mujeres con mucha ropa pero sugerente, para no caer en la pornografía, principal representación erótica de Occidente que también está prohibida.

En la sociedad contemporánea, la pornografía es el lastre de nuestra era y está totalmente separada del concepto de erotismo. La gran ironía es que sin duda, cuando se recuerde esta época de la historia y se hable del erotismo, se dirá con nombre de pornografía.

 

Cada quien con lo suyo

En muchas culturas se tienen en cuenta los aspectos delicados de la naturaleza humana. Una mirada es un acto de comunicación profunda, no un movimiento gratuito de los ojos; todo se expresa a través de las miradas. En efecto, la vista y el tacto están particularmente dispuestos para el erotismo.

Nadie puede negar la excitación que producen un escenario erótico, el roce, lo prohibido, mirar, que te miren, las fantasías, los olores y colores... A cada cual le pone algo distinto, pero en la mayoría de los casos una fantasía vale más que mil mete-saca.

 

Charlando con mujeres

Como resultado de una serie de entrevistas informales, al parecer para nosotras el erotismo es mucho más importante que para los hombres.

Diana, de Colombia, dice que no hay nada como una cena romántica, buscar ropa interior especial para la ocasión y preparar un escenario idílico en el cual el color rojo dibuje cada rincón de la habitación. Anabell, de Argentina, lo haría en un lugar donde alguien pudiera verles, y para ella sería indispensable el sonido de fondo. Elena, que es sueca, prefiere la playa con un amanecer de fondo, y a Laia, de Barcelona, no le importaría que hubiese más de un hombre o una mujer.

Todas ellas son jóvenes. Al intentar hablar del tema con algunas de diferentes países pero mayores, la mayoría dijo que no le gustaba hablar de esas cosas.

También lo intenté con musulmanas. Fátima asegura que para ella la vida sexual es muy importante y, aunque lleve un pañuelo en la cabeza, con su marido todo está permitido.

 

Lo importante para ellos

Entrevisté a varios hombres. Algunos siempre están hablando de sexo pero al querer profundizar en este tema casi no han podido responder.

Para Javi, chileno, una mirada es su arma fundamental para conectar y el juego de miradas forma parte de lo que vendrá después. Carlos, de Valencia, dice que ahora que tiene más de 30 años empieza a ver a las mujeres como personas, no como un medio para alcanzar el orgasmo. Asegura que hasta hace poco era incapaz de verlas como amigas y prácticamente lo único que le interesaba de ellas era el sexo.

Amel, dominicano de 19 años, comenta que lo esencial “es follar, no importa cómo, dónde ni con quién; lo importante es hacerlo”. Alí, de Marruecos, afirma que no tiene problemas y le gusta todo, aunque no da importancia al lugar o a preparar el ambiente; eso sí, al final hay que bañarse.

Razak dice que para los africanos el movimiento de caderas es como un llamado al cortejo, indiferentemente de las dimensiones de éstas.

La mayoría coincide en que le gustaría estar con dos mujeres, nunca con dos hombres. Les gusta la ropa interior sexy. Y ninguno mencionó la importancia del placer de su pareja.

 

Decorar el placer

El escritor mexicano Octavio Paz dice que el erotismo es un enriquecimiento del acto sexual y de todo lo que lo rodea gracias a la cultura, gracias a la forma estética. Lo erótico consiste en dotar al acto sexual de un decorado, de una teatralidad para, sin escamotear el placer y el sexo, añadirle una dimensión artística.

En fin, el erotismo es una de las más típicas manifestaciones de lo humano. En él juegan tanto el amor como la sexualidad, a través del disfrute del placer de los sentidos. Se convierte en el equivalente de la música para un melómano o del gourmet a la buena comida. Las fantasías eróticas son como soñar despierto.

Y el erotismo es el perfume que emana del sexo...

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Movida departamental

 

Migrantes en Petén

El Grupo de Mujeres Ixqik presentó los resultados de una investigación referida a las migrantes radicadas en Petén. Ésta da a conocer las dificultades que ellas viven por carecer de documentos: no tienen acceso a préstamos, a la propiedad de la tierra ni vivienda; tampoco pueden abrir cuentas bancarias ni participar en proyectos productivos, y si logran adquirir alguna propiedad deben registrarla a nombre de su cónyuge.

El estudio demuestra que “ellas no existen por carecer de documentos”. Cuando nacen sus descendientes, se ven obligadas a recurrir a otras personas para que los inscriban en el registro de nacimientos, con lo cual automáticamente pierden la matria potestad.

La mayoría de indocumentadas salió de su país con la idea de buscar mejores fuentes de trabajo. Muchas iban a Estados Unidos, otras llegaron a causa del conflicto armado en la década de los 80 y las menos porque se casaron con guatemaltecos.

Aunque han querido nacionalizarse, les ha sido imposible porque carecen de recursos económicos para hacerlo. En Petén no existe ninguna instancia que les facilite el trámite y se ven obligadas a trasladarse a la capital, lo que les ocasiona gastos, además de que Migración les impone multas que resultan imposibles de pagar.

Este análisis fue difundido en una actividad de la Red de Mujeres Periodistas, donde el Grupo Ixqik informó que proponen una ley temporal de documentación personal para facilitar que las migrantes, sus hijas e hijos legalicen su situación en Guatemala.

 

Desarrollo en Sacatepéquez

La Asociación Femenina para el Desarrollo articula a 30 grupos de mujeres de nueve municipios. Uno de sus programas incluye la formación de dirigentes, planificación y organización social. Otro aborda temas referidos a la economía rural, proyectos productivos, ahorro y créditos.

Amarilis Guamuch, integrante de esta agrupación, indicó que en las capacitaciones incluyen la trilogía de leyes de los consejos de desarrollo: comunitario, municipal y departamental. Explicó que el único requisito para obtener préstamos es estar organizadas, la tasa de interés es de 2.5 por ciento sobre saldos y los planes de pago son diferenciados (mensual, trimestral, semestral y anual) según las capacidades de producción de cada grupo.

 

Bienvenida a Livingston

Elena Supal, responsable de la Oficina Municipal de Atención Social y de la Mujer de Livingston, expresó una especial bienvenida a la doctora Sonia Ortiz, quien prestará servicios de salud a este municipio, el cual ha tenido gran dificultad en recibir atención médica por su lejanía y obligado trayecto por mar.

Luego de la gestión efectuada por un comité pro salud, junto con el alcalde municipal, ante la Brigada Cubana Médica en Izabal, fue posible que llegara la doctora Ortiz, lo que causó gran alegría a la población de Livingston, “especialmente a las mujeres”, indicó Elena Supal.

 

Reporteras en San Marcos

Para Gabriela Orozco, del Canal 22 UHF de San Pedro, no hay que ser futbolistas para poder ser porteras y atacadoras. “Nosotras sin tenis, uniforme ni balones, usamos zapato bajo, pantalón de lona, libreta, agenda y micrófono para jugar diariamente; es así como visualizamos nuestro trabajo periodístico en San Marcos”, donde a diferencia de la ciudad capital, sólo dos mujeres ejercen esta profesión en los medios televisivos.

En este departamento, como en el resto del país, el machismo entre algunos periodistas provoca comentarios que agreden a las reporteras. Gabriela Orozco explicó que para Hady Ardiano, de 23 años de edad, es común que sus colegas hombres comenten “las viejas no saben reportear, se asustan”. Agrega que más de un periodista le ha manifestado que las “mujeres ya quieren mandar y sólo cuento son”.

Lejos de quedarse con tales comentarios, ellas se esfuerzan por mejorar su capacidad profesional: “A través de nuestros pequeños espacios de dos minutos, que tarda una nota, trasmitimos lo que muchos periodistas son incapaces de ver. El hecho de ser mujeres nos enorgullece”.

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El Cairo en San Juan

laCuerda

 

Hace 10 años en El Cairo, Egipto, durante la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (CIPD), 179 países acordaron un Programa de Acción orientado a mejorar sustancialmente la salud reproductiva de las personas, en particular de mujeres y jóvenes. El plan contempla, entre otros puntos, educación sexual, servicios de salud reproductiva y uso de métodos anticonceptivos, incluidos los condones.

A finales de junio pasado, organizaciones gubernamentales y no gubernamentales representantes de 41 naciones, conformadas en su mayoría por mujeres y jóvenes de ambos sexos, se reunieron en San Juan, Puerto Rico, en el 30º Periodo de Sesiones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). El objetivo: evaluar la implementación del Programa de Acción y reafirmar la agenda de El Cairo.

Como de costumbre, Estados Unidos se condujo de manera prepotente también en San Juan, coaccionando a otras delegaciones para que se adhirieran a la postura ultraconservadora de la administración de George W. Bush. No son extrañas tales presiones: se suman a otras que ejerce ese gobierno, relacionadas con los supuestos “beneficios” de los tratados de libre comercio para la región y con la ayuda al desarrollo proveniente de Washington.

En el caso particular de Guatemala, el presidente Óscar Berger recibió una carta en la que el congresista republicano Christopher Smith le “solicitaba” no apoyar el Programa de Acción de la CIPD.

Tras intensas negociaciones, la declaración final de la sesión de CEPAL fue adoptada por los países participantes, subrayando la importancia de la planificación familiar, los cuidados de salud y el desarrollo para las personas más desfavorecidas del mundo. Estados Unidos se vio obligado a sumarse al consenso para no quedar nuevamente aislado del resto de la región.

Es importante destacar una encuesta realizada por la organización Católicas por el Derecho a Decidir, cuyos resultados fueron divulgados en el marco de la reunión de la CEPAL. El estudio revela la amplia brecha existente entre feligreses de la región latinoamericana y la jerarquía católica en cuestiones de moral y salud reproductiva.

Pese a los esfuerzos de muchos obispos por imponer la retrógrada agenda del Vaticano, la mayoría de personas católicas de América Latina quiere tener acceso a la gama de métodos anticonceptivos (incluida la anticoncepción de emergencia), espera que su iglesia se modernice y objeta que ésta se inmiscuya en la elaboración de políticas públicas.

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