~laCuerda~ No. 31, enero-febrero/2001

laCuerda

Año 3, No. 31

Guatemala, enero-febrero/2001

   

DE PODER, ¡PODEMOS!

Editorial

Mayor decisión en la ejecución de los Acuerdos de Paz

Entrada

De la dominación al empoderamiento (María Eugenia Solís G.)

Sumario noticioso

Exigimos al gobierno que informe dónde está Mayra Gutiérrez

Glosario

La médula

Pactos en vez de mandatos (Paula Irene del Cid Vargas)

Subalternas del modelo (Laura E. Asturias)

En todos los medios... ¡más mujeres! (Marielos Monzón)

Podemos cumplir un sueño (Grupo A.M.)

Vida

Que se haga justicia (Laura E. Asturias)

Un precio sobre sus cabezas (laCuerda)

La paseante

Androginia, el poder artificial (Rosina Cazali)

Las Siete Potencias (Sor Prendida de la Iluminación)

Libros libres: Una mujer habla de la guerra (Anamaría Cofiño K.)

Esta boca es mía

El derecho a decidir (Claudia Noack)

Nuestro enfoque (laCuerda)

Crítica y propuesta feministas al poder (Edna Victoria Rodríguez)

K'amal b'e/Tomadora de camino (Saq Ch’umil)

Feliz como pocos mortales (Javier Payeras)

Aquí y ahora

Latinas y desventajas laborales (laCuerda)

Guía de las Mujeres de América Latina y el Caribe en Internet

Femina sapiens

La dimensión perversa del aguante (Clara Coria)

Movida departamental

Izabal: Garífunas y q’eqchi’es reunidas en Livingston

Petén: Servicios sociales

San Marcos: Doble luto en familia marquense

San Marcos: Mujeres en los medios

Movida internacional

El Salvador: Las Dignas hacen posible la solidaridad, pero necesitan más ayuda

 

Editorial

Mayor decisión en la ejecución de los Acuerdos de Paz

Convencidas de la importancia de reivindicar los Acuerdos de Paz, como plataforma de acción para atender los graves problemas nacionales, consideramos oportuno referirnos a las principales acciones pendientes -contenidas en el Primer Informe del Presidente al Congreso de la República- dirigidas a la población femenina.

Tras reconocer el incumplimiento de una parte importante de los Acuerdos de Paz, Alfonso Portillo se compromete a realizar en los próximos tres años las siguientes tareas, como parte de su recalendarización:

Tales enunciados son muy generales y limitados si los comparamos con uno de los considerandos que justificaron su suscripción, como por ejemplo hacer vigente la Convención para Eliminar Todas las Formas de Discriminación contra las Mujeres, misma que observa todos los ámbitos de la vida pública y privada. De igual manera, distan mucho de alcanzar ciertos compromisos del Acuerdo Socioeconómico:

Con el propósito de indagar más sobre el tema, revisamos la recalendarización específica elaborada por la Comisión de Acompañamiento (integrada por una mujer y nueve hombres). Son igualmente limitadas las acciones previstas, o los enunciados son tan generales que resulta difícil entender cómo serán ejecutados.

Juzguen si tenemos razón o exageramos. Algunas de las tareas gubernamentales previstas para el 2001:

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De la dominación al empoderamiento

María Eugenia Solís García, laCuerda

Decidimos reflexionar en torno al poder y las mujeres. Pensamos que es un tema crucial y merece ser discutido. Aquí presentamos una pequeña muestra de lo que han elaborado algunas feministas.

El poder es concebido como un ente que recorre todas las relaciones en que aparecen involucradas las mujeres, desde niñas hasta ancianas. Se asoma en todos los espacios y niveles. Opera desde lo más personal e íntimo de cada mujer, pasando por las parejas y familias. Atraviesa comunidades, iglesias, el mundo laboral y el educativo, hasta llegar a los núcleos donde se toman las decisiones de carácter político nacional.

Pero, finalmente, ¿qué es el poder? Es algo que una persona o grupo tiene o no tiene. Algunas lo perciben exclusivamente ligado a un modelo de dominación y represión, impuesto desde arriba como una jerarquía. Otras lo asocian con el dinero y lo que se considera valioso en este mundo globalizado. Tiene que ver con el acceso y manejo de recursos como la propiedad, la información, tecnología y ciencia. Son fuentes que generan poder: la energía, la creatividad y la solidaridad. Son consideradas poderosas las personas que logran ser y trascienden.

Ahí habría que detenerse y preguntar: ¿Qué tenemos las mujeres que nos hace poderosas? ¿Tenemos o no poder? ¿Qué clase de poder queremos? ¿Para qué lo querríamos?

Otras concepciones

Para algunas teóricas, el poder se manifiesta en la regulación de las relaciones económico-políticas de la sociedad. Se afirma que el Estado es el lugar principal para el ejercicio del poder. Éste juega el papel básico de organizador de las relaciones de poder. Por cierto, éstas han sido concebidas principalmente como represivas y excluyentes para las mujeres, al estar el Estado al servicio de los intereses masculinos.

Alguna corriente de tradición marxista plantea que el poder no sólo es ejercido por medios materiales, sino también ideológicos. Esta postura, más que ninguna otra, ha desarrollado la noción del poder como algo que se toma.

En contraposición, algunas elaboraciones refieren que el poder no reside en instituciones o estructuras, sino se crea y recrea en una compleja red de relaciones sociales de cada sociedad.

Otras, en sus análisis, hacen pocas referencias al Estado, no porque nieguen la existencia del poder estatal y sus prácticas represivas, sino porque quieren subrayar las formas menos espectaculares pero más insidiosas del poder: aquéllas que se manifiestan en la vida y las relaciones cotidianas.

Las corrientes feministas contemporáneas que plantean la omnipresencia del poder ya no comparten la ilusión de sus predecesoras del siglo XIX: que las mujeres purifican la política automáticamente con su entrada a posiciones públicas de poder. Lo que sí conservan es la convicción de que el cambio debe darse a todos los niveles y que la ética político-moral contenida en la visión del mundo de las mujeres es la que debe guiar ese cambio.

En términos de estrategia, las posiciones feministas oscilan desde las que proponen acciones que promuevan cambios tanto en la vida cotidiana como en la esfera estatal, hasta las que se inclinan por la construcción de espacios separados de los poderes estatales y masculinos, a fin de que las mujeres puedan desarrollar todas sus capacidades y construir su propio poder.

Al rechazar la definición de poder sólo como dominio, se puede rescatar un sentido del mismo como energía creadora y resaltar otras formas en las que éste se manifiesta, más allá del control, tales como la producción artística, los esfuerzos compartidos con otras, el aumento de la energía vital, etc.

Esta redefinición del concepto de poder permite a las mujeres repensarnos como poseedoras de la capacidad de actuar para cambiar nuestras condiciones de vida. Es decir, el poder no sería algo fuera de nosotras, algo que haya que tomar, sino estaría también presente en nuestras capacidades internas.

De ahí entonces el surgimiento del concepto de empoderamiento como proceso de desarrollo de potencialidades transformadoras y libertarias. El aporte de estos nuevos conceptos es fundamental, ya que permite entender el cambio social como un proceso de amplio espectro, dirigido a la transformación de las relaciones de poder básicas, que incluyen desde actos de resistencia individual hasta movilizaciones políticas masivas.

Bibliografía consultada

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Sumario noticioso

laCuerda

Programa Nacional de Salud Reproductiva

Con el fin de disminuir los índices de mortalidad infantil y materna, así como combatir el avance de enfermedades graves, el Ministerio de Salud Pública lanzará un programa de salud reproductiva con enfoque de género, intercultural e interétnico, con el cual se busca mejorar la salud integral en todas las etapas de la vida humana.

A decir de Claudia Flores, integrante del Comité Beijing, la implementación del programa anunciado implica que los puestos y centros de salud, hospitales, ONGs prestadoras de servicios de salud y todas las instancias que desde el Estado también los brindan, asumirán la responsabilidad por fin de prestar servicios de salud reproductiva. No es algo transitorio y significa un compromiso importante para el desarrollo de la salud de las mujeres y de la población en general.

Expectativas frustradas

De acuerdo con un informe de la Comisión Pro Convención sobre los Derechos del Niño (PRODEN), hasta reciente fecha 256 niñas, niños y adolescentes permanecían privados de libertad por las siguientes causas: delitos contra la propiedad (42.97 por ciento); atentados contra la vida (23.44); asuntos relacionados con drogas ilícitas (23.05); faltas o contravenciones (7.03); delitos contra la libertad sexual (1.56) y otros delitos (1.95). Las frustraciones, la falta de expectativas económicas y sociales, así como la marginación y carencia de servicios básicos son sólo algunos factores que contribuyen a tales conductas, las cuales desembocan en la formación de maras.

Se integra coordinadora contra la violencia

Cada año, más de tres mil guatemaltecas reportan ser víctimas de violencia intrafamiliar, cifra que podría verse multiplicada por el temor de muchas otras a hacer la denuncia. Con el fin de erradicar esta problemática, recientemente se instauró la Coordinadora Nacional para la Prevención de la Violencia Intrafamiliar y contra la Mujer (CONAPREVI), integrada por la Secretaría Presidencial de la Mujer, a cargo de la doctora Lily Caravantes; el fiscal general de la República; el presidente del Organismo Judicial y el de la Junta Directiva del Instituto Nacional de Estadísticas. Asimismo, por tres integrantes de la Red de la No Violencia contra la Mujer, representaciones que, según acuerdo interno de ésta, pueden ser asumidas por tres de las cinco delegadas: Hilda Morales Trujillo, Giovana Lemus, Vivian Dardón, Patricia Pinto y Dina Mazariegos. La nueva coordinadora contará con 1.2 millones de dólares otorgados por el gobierno.

Aumentan infecciones sexuales

Según estadísticas del Ministerio de Salud Pública, ha habido un incremento del 18 por ciento en los casos de infecciones de transmisión sexual. A la fecha se han reportado 3,930 casos del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida), debidos primordialmente a relaciones sexuales sin uso del preservativo.

Niñez en precariedad

La esperanza de vida en la región latinoamericana ha aumentado y en Guatemala se sitúa en 65 años. Pese a ello, la niñez guatemalteca sufre graves carencias. Apenas el 17 por ciento de niñas, niños y adolescentes tiene sus necesidades básicas casi satisfechas. Delatan esta situación los altos indicadores de mortalidad infantil y materna, sumados a la desnutrición. Un elevado porcentaje padece desnutrición crónica (46.4 por ciento) y desnutrición global (24.2). El 34 por ciento de niñas y niños entre siete y 14 años trabaja.

Destacadas deportistas

Paulina Morataya y Heidy Juárez se lucieron y obtuvieron preseas en el XII Torneo Panamericano de Tae Kwon Do que se realizó en Aruba. Paulina logró la medalla de plata en la categoría de 55 kilos y Heidy consiguió la de bronce en la de 67 kilos. Mónica Fernández, quien participó en el Campeonato Mundial de Triatlón en Hawai, ganó el primer lugar en la categoría femenina, para lo cual tuvo que nadar 10 kilómetros a mar abierto, correr 84 y pedalear 421 en bicicleta.

Alemana ganó el rally París-Dakar

Haciéndose de un lugar en la historia del automovilismo, Jutta Kleinschmidt se convirtió en la primera mujer que logra ganar el rally París-Dakar, en su vigesimotercera edición. La corredora superó a sus compañeros de equipo por 2:39 minutos. Este rally es considerado el más peligroso, tradicional y difícil del mundo.

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Exigimos al gobierno que informe dónde está

Mayra Gutiérrez

¿Quién se la llevó? ¿Qué le hicieron? ¿En qué se la llevaron? ¿Dónde la tuvieron? ¿Quiénes la condenaron? ¿Por qué se callan? ¿Hasta cuándo?

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Glosario

laCuerda

Poder: Concebido por el sistema patriarcal como la capacidad o autoridad para dominar, refrenar, controlar, obtener obediencia, coartar libertades y encauzar actividades en direcciones determinadas. Basado en el uso de la fuerza, dicho poder va acompañado del militarismo y la violencia. El feminismo ha sometido a discusión este sistema opresor y lo señala como la fuerza empleada para convertir a la otra, al otro, en objeto. Desde esta visión se explican la subordinación y el machismo, la discriminación y el sexismo, la inferioridad, etc. Como alternativa, el feminismo propone desmontar este sistema, buscando la equidad, la igualdad en la diversidad para el conjunto de la sociedad. Hablamos de un poder positivo que nos permita a todas ejercer plenamente nuestros derechos. Lo que puede ser.

Poderío: Construir poderes de afirmación para las mujeres. Hacerse de recursos materiales y simbólicos, individuales y de grupo para enfrentar la dominación y construir relaciones en las que mujeres y hombres valgan lo mismo.

Autonomía: Conjunto de hechos tangibles y simbólicos, logros y conquistas que las personas, grupos e instituciones construyen permanentemente para ser independientes y libres. Es una construcción social y subjetiva a la vez, en la que se establecen pactos o acuerdos sociales que tienen que ver con la economía, la sexualidad, la ideología, la cultura, etc., tomando en cuenta las individualidades, sus momentos, necesidades y deseos. Por ser un conjunto de procesos relacionados con el poder, es también un hecho político. Los niveles de autonomía son diferentes en momentos concretos y para los grupos y personas en particular.

Decisión: Determinación, resolución que se toma o se da en una situación dudosa. Actuar con energía y convicción. Para las mujeres es vital tener el poder de decidir por sí mismas.

Autoridad: Persona revestida de poder propio. Algunas feministas hablan de reconocer nuestras autoridades, valorizarnos como individuas que poseemos saberes y conocimientos; reconocer los liderazgos, legitimar la existencia de cada una como persona. No concebimos la autoridad como un poder de dominación. Puede decirse de alguien que ejerce influencia.

Autoritarismo: Sistema fundado en la sumisión y la imposición; conjunto de procesos de dominación política basados en el prestigio simbólico. Caracterizado por la intolerancia, el absolutismo y por exagerado machismo.

Bibliografía consultada

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Pactos en vez de mandatos

Paula Irene del Cid Vargas, laCuerda

Hasta ahora las reglas del juego establecidas por el patriarcado llevan a la exclusión de las mujeres. Elena Simón,* feminista y maestra de origen español, menciona que algunas vías de esta exclusión son la sumisión, la dependencia y la aparente protección, logradas a través de coacción, amenazas e intimidación. Éstas se dan al dejarnos fuera de las posiciones de poder en las estructuras e instituciones: familias, política, economía, religiones, cultura, ciencias, etc.

Tal sistema también provoca que nos veamos las unas a las otras como idénticas, como competencia; no permite percibir lo diversas que somos y por lo tanto nos dificulta reconocer y legitimar los talentos y liderazgos de las otras. Asimismo, limita que podamos percibir que todas, independientemente de la condición socioeconómica o étnica, compartimos una posición subordinada de género. Esta forma de relacionarnos contribuye a que las mujeres reproduzcamos ese sistema de exclusión. ¿Qué hacer?

Construcción de pactos

A pesar de los procesos de exclusión, existen espacios que pueden ser locales y reducidos, en los que es posible ejercer en alguna medida los derechos mencionados y, hasta cierto punto, hacer negociaciones y pactos con otras y otros. Elena Simón habla de la construcción de pactos para transformar el sistema de exclusión en uno de inclusión. Una cultura de pacto es una disposición positiva para abordar la resolución de conflictos que toda convivencia humana genera, desde una óptica de reconocimiento del poder que todas las partes tienen y desde una redefinición de esas partes como legítimas, simétricas y equivalentes. Ella propone tres tipos de pactos: intrapsíquico, intragenérico e intergenérico.

Pacto intrapsíquico

El pacto consigo misma significa hacer ejercicios personales que permitan situarnos como individuas en un camino de autoconocimiento, que progresivamente se desarrolle nuestra autoestima de tal forma que no nos empeñamos en lo imposible ni se niega lo más querido. Este estado facilita percibir que las personas a nuestro alrededor tienen la misma legitimidad en la búsqueda del bienestar. Dicho reconocimiento es lo que hace posible una vida social verdadera.

Pacto intragenérico

El pacto entre las personas que comparten el mismo género facilita la construcción de la identidad. El conocimiento de lo que ha significado ser mujer o ser hombre, así como de los límites y posibilidades que impone el modelo de género, ayuda a reconciliarnos con nuestras iguales.

El género femenino ha sido devaluado y subordinado; entonces se trata de revalorizarnos. Los hombres son un género sobrevalorado y con tradición histórica en la construcción de alianzas entre sí, realizadas con fines económicos, políticos, de parentesco, etc. Por el contrario, las mujeres hemos sido apartadas de las alianzas entre nosotras para mantener el aislamiento y la inmovilidad en el rol previsto y para ello se nos ha fomentado la rivalidad. Por supuesto, remontar esto no es nada fácil; se deben realizar esfuerzos reflexionados para romper con esa tradición.

Pacto intergenérico

Se construye a partir del reconocimiento de todas y todos como personas, como sujetos legítimos. Se trataría de que mujeres y hombres nos acercáramos sin la utilización de engaños. Ello con el objetivo de que desaparezca la jerarquía creada a partir de la diferencia sexual; de que ellos no detenten privilegios desmedidos y nosotras no seamos discriminadas. Esta situación nos llevaría a la equidad.

Para que ese pacto se dé falta mucho tiempo; apenas en algunas sociedades los jóvenes empiezan a compartir las tareas domésticas y en otras se comienza a fomentar la enseñanza de actividades intercambiables entre ambos géneros. Todavía no existe el reconocimiento de que las tareas relacionadas con el cuidado no son de las mujeres por naturaleza. Simón advierte que se corre el riesgo de naturalizar la idea de que nosotras debemos realizar una doble o triple tarea. Sin embargo, este pacto hay que colocarlo en el horizonte para sentar las bases.

Al no tener acceso a los recursos y espacios del desarrollo, se dificulta el ejercicio de la ciudadanía. Por ello se requiere desarrollar acciones para enfrentar al patriarcado y modificar la forma en que nos han enseñado a relacionarnos; cambiar las actuales visiones socioculturales; analizar los criterios que hasta ahora nos colocan las cosas en blanco y negro y modificarlos para adoptar otros que permitan nuestro bienestar.

Es tiempo de romper el mandato de la exclusión.

* Simón Rodríguez, Elena. Democracia vital. Mujeres y hombres hacia la plena ciudadanía. Narcea, S. A. Editores. España, 1999.

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Subalternas del modelo

Laura E. Asturias, laCuerda

Dicen por ahí que el poder corrompe y, si a eso vamos, por qué negarlo: las mujeres, por muy buenitas que nos hayan querido hacer desde que gritamos ya vine al mundo, no somos todas ni siempre unas mansas palomas. Y cuando se trata de nosotras cuesta admitirlo, porque al hacerlo desechamos la noción de que somos virtuosas por naturaleza en un mundo que nos quiere así, o no nos quiere. Dejar de ser tan buenas es una afrenta finamente castigada.

Dado que una publicación feminista que se respete a sí misma debe hacer énfasis en lo que anda mal y no sólo con los hombres, podríamos empezar a pensar en cómo las mujeres abusamos o podemos abusar del poder, cuando lo tenemos.

Ya lo sé: al destapar este tema no faltarán compañeros que con enorme entusiasmo se apresten a escarbar todas las formas en que las mujeres abusamos. Y es casi seguro que lo harán sin ver la viga en su ojo, obviando que la mayor cantidad de abusos contra varones, mujeres y pequeñas personas viene de su propio género. Aun así, si esperamos que ellos sean lo suficientemente hombres para aceptar nuestras críticas, seamos verdaderas mujeres para revisar conductas entre nosotras.

¿Qué evoca eso de mujeres poderosas? Entre las más visibles que conocemos está Madeleine Albright, secretaria de Estado de la administración Clinton, quien impulsó los ataques bélicos contra la ex Yugoslavia. Y en el clásico estilo de los gobiernos gringos, tampoco vaciló en presionar a los cancilleres de numerosos países a fin de que no apoyaran la creación de la Corte Penal Internacional.

Otra para nunca olvidar: la dama de hierro Margaret Thatcher, ex primera ministra británica, quien sigue defendiendo a su amigo, el genocida Pinochet, pese a los crímenes de lesa humanidad cometidos por éste.

Lo que ambas tienen en común es, sencillamente, una fuerte dosis de poder. Pero no un poder para beneficiar a las mujeres, sino uno mandatado para perpetuar el poder de los hombres. Son subalternas masculinamente empoderadas.

En las vidas de las mujeres comunes hay otros ejercicios cotidianos, sean sutiles o abiertamente violentos, en los que algunas abusan de su cuota de poder. Se me ocurren algunos ejemplos. Poquitos pero ilustran.

Tienen al novio esperando horas porque saben que el pobre está tan babacaída que va a aguantar lo que a todas luces es una falta de respeto. Las colegas y otras congéneres tampoco se salvan: desde posiciones de mayor jerarquía, unas las descalifican en el trabajo, hablan de ellas a sus espaldas en lugar de dirimir diferencias frente a frente. También las explotan.

Es un abuso de poder tratar mal y pagarles peor a las empleadas domésticas, a quienes se les exige que hagan y deshagan hasta lo indecible para toda la familia. Es larga, y bien lo sabemos, la lista de esas tareas miserablemente remuneradas.

¿Y con la prole? Pues algo parecido: en ausencia de papi (sea que exista o no), la niña o el niño deberá hacer lo que mami dice, sin explicaciones, con manipulación y humillaciones. Porque ella manda y punto.

Todo lo anterior, apenas algunas manifestaciones de poder abusivo vistas a vuelo de pájaro, es exactamente lo mismo que hacen muchos hombres con nosotras y con otros. Es el estilo de poder que ellos han aprendido y el que les hemos copiado. Cosas de la cultura patriarcal, de la necesidad de mantener ese sistema utilizándonos como peones y promotoras de sus postulados, actitudes y conductas.

El asunto es que si queremos un mundo equitativo para nuestro género, también las mujeres tendremos que desterrar de todas nuestras relaciones el modelo de abuso que nos han inculcado. Porque ya no se vale, pues.

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En todos los medios… ¡más mujeres!

Marielos Monzón, guatemalteca, periodista

La primera vez que me senté frente al micrófono para realizar un programa radial no tenía idea de la cantidad de personas pendientes de la transmisión e interesadas en participar, dar opiniones y comentarios. Menos aún de la enorme posibilidad de hacer llegar mensajes que permitan a las personas entender una realidad y tomar decisiones acertadas para su vida individual y comunitaria.

Fui comprendiendo que el espacio radial diario que conducía era una herramienta para contribuir a la consolidación de la paz y la democracia y combatir frontalmente la corrupción, negligencia, marginación, racismo, violencia y tantos otros males que aquejan a nuestra sociedad.

El aporte fundamental de los espacios independientes es propiciar que mujeres y hombres de diversos sectores se expresen libremente y den a conocer sus necesidades y realidades. La idea es privilegiar a grupos históricamente marginados y discriminados: las mujeres, la niñez y juventud, las minorías sexuales y los pueblos indígenas.

Tengo presentes comentarios y cartas de oyentes que se sorprendían ante situaciones que desconocían o que agradecían a panelistas la información que les permitió entender y resolver un problema, como el caso de una mujer maltratada que encontró ayuda y rompió el círculo de violencia en que vivían ella y sus hijos.

Para nadie es un secreto que la historia la escriben y cuentan los poderosos, quienes por años han llevado las riendas en lo económico y político, los que desangraron al país y masacraron a cientos de miles de personas inocentes en nombre de la seguridad nacional. Ésos que por años mantuvieron y mantienen, en alguna medida, el control de la información; que defienden la libertad siempre y cuando ésta proteja sus intereses, y hablan de pluralismo mientras manipulan, tergiversan e invisibilizan temática e información que puede perjudicarles.

Los espacios independientes dentro de los medios de comunicación son vitales porque permiten a la población asumir posturas que consoliden y defiendan los derechos humanos fundamentales. Resulta realmente preocupante que en Guatemala existan medios controlados desde el gobierno que se presentan como independientes, pero no son más que defensores de los gobernantes y sus ministros; así como medios que defienden intereses de grupos de poder económico, político y religioso que tergiversan la información y le dan un sesgo que imposibilita conocer la verdad y tomar opciones libremente.

Es común que se nos oculten datos que pueden ayudar a entender un fenómeno desde otra perspectiva, o se haga caso omiso de cómo éste afecta a amplios grupos humanos. Libertad de expresión, independencia y pluralidad no significan sólo presentar opiniones diferentes o encontradas sobre una situación particular, para después gritar a los cuatro vientos que un medio es independiente y democrático; se trata más bien de descubrir y plantear cómo una realidad, un proyecto o decisión afecta a esos grandes sectores históricamente olvidados.

El tratamiento que se da a la diversa temática presentada en los medios está incompleto y sesgado cuando se omite la realidad de las mayorías y se presentan los temas desde una óptica autoritaria, machista y verticalista.

El reto está en exigir y ocupar espacios independientes en los medios, espacios comprometidos únicamente con la consolidación de una Guatemala pacífica, justa, solidaria y equitativa. Permitir que los medios continúen siendo instrumento de intereses particulares al servicio de los poderosos, equivale a negar los derechos humanos fundamentales.

La conquista de espacios que posibiliten diálogo, debate y procesos de construcción de relaciones de equidad y respeto debe ser una prioridad para quienes creemos en la democracia y la paz. Este camino pasa necesariamente por la inclusión de más mujeres en los medios, lo que permitirá no sólo priorizar la temática vinculada directamente con las mujeres sino propiciar el tratamiento de la información desde una perspectiva de género que contribuya a la transformación de los medios.

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Podemos cumplir un sueño

Ana Raquel Reyes, María Andrée Berger, Ángela Reyes, María Andrea Brolo

Para nosotras, las integrantes del grupo A.M.,* Girl Power es la capacidad de las mujeres de desenvolvernos y realizar un papel importante en la sociedad. Es la habilidad, el talento que tenemos para desempeñarnos en lo que queramos ser. Girl Power es la fuerza que dice que las mujeres podemos luchar por nuestros sueños y aspiraciones.

Conforme han pasado las generaciones, muchas han demostrado tener la capacidad y habilidad para lograr metas; que también las mujeres podemos pelear la batalla, ganar y sobrepasar los obstáculos en el camino. El trabajo de ellas nos inspira a nosotras a seguir el ejemplo, a tomar el riesgo y lanzarnos a la lucha por nuestras metas y sueños.

Y a todo esto, se han de estar preguntando: ¿quién fregados son éstas?

Pues nosotras somos un grupo musical formado por cuatro chavas de 16 años. Somos amigas y esa amistad es la que hace que logremos nuestras metas, porque como dice el dicho, la unión hace la fuerza. Decidimos formar el grupo pues tenemos intereses en común y aunque las cuatro somos diferentes, un elemento nos une: la música.

Una de nuestras ideas a la hora de cantar es demostrarle al mundo como mujeres guatemaltecas que tenemos talento y que éste no se encierra solamente en el norte. La inspiración para lanzarnos a cantar es el poder que tiene la música para expresar sentimientos. A través de ella reflejamos lo que sentimos por dentro y que las palabras no pueden explicar.

Girl Power para nosotras significa que podemos lograrlo, llegar a esas metas que para muchos pueden ser inalcanzables y que para nosotras no lo son. Nos sentimos orgullosas de ser mujeres, orgullosas de ser guatemaltecas y, por lo tanto, capaces de hacer la diferencia.

Participamos en el evento de Juventud 2000 del colegio Don Bosco, y aunque no obtuvimos el primer premio, nuestra recompensa fue vernos allí, haber logrado lo que hasta entonces era sólo un sueño. Nuestro verdadero premio fue sentir el apoyo de nuestro colegio, de nuestras mamás, papás, amigas y conocidos. Nos gustó mucho ver cómo el público se identificó con nosotras y cómo nosotras nos identificamos con él. A pesar de todo, logramos manejar muy bien la situación de tensión.

Sabemos que aún no somos profesionales en el negocio y que nos falta mucho camino por recorrer antes de entrar a lo que realmente es el mundo de la música, pero eso no significa que no creamos que podemos lograrlo. Como mujeres lo vamos a conseguir porque tenemos un sueño y las armas básicas: optimismo, iniciativa, fuerza de voluntad y, la principal, esperanza.

El impulso del Girl Power fue lo que nos animó a ir en busca de nuestros sueños y a probar que las guatemaltecas tenemos la fuerza suficiente para demostrarle al mundo que somos mujeres capaces.

* ¡Ah! Nuestro nombre artístico, A.M., significa el amanecer que vendrá a despertar a todos, el principio de un camino largo, algo nuevo. Además, son las iniciales de nuestros nombres.

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Que se haga justicia

Laura E. Asturias, laCuerda

Nunca conoceremos el número real de mujeres que durante la Segunda Guerra Mundial fueron refundidas en estaciones de consuelo por el ejército japonés para satisfacer sexualmente a sus efectivos. Lo que sí se sabe es que 200 mil de ellas han sido reportadas como esclavas destinadas a tal función.

Esa cruenta historia fue destacada una vez más en la Audiencia Pública de mujeres víctimas de crímenes cometidos por fuerzas armadas, realizada el pasado 11 de diciembre en Tokio, Japón, escenario del Tribunal Internacional del Pueblo.

Provenientes de 14 países (entre ellos Afganistán, Colombia, Guatemala, México, Palestina y Vietnam), las representantes dieron fe de las atrocidades a que fueron sometidas durante las guerras: violaciones masivas, esterilizaciones forzadas y daños a su capacidad reproductiva debido al uso de agentes químicos.

Una japonesa, violada a los 17 años por tres estadounidenses ubicados en bases militares en Okinawa en 1984, relató que después de hacerlo, ellos se rieron y le insertaron un bolígrafo. Luego la abandonaron en un parque. Las estadísticas del gobierno japonés muestran que cada 1.7 días un crimen fue cometido por personal militar de Estados Unidos destacado entre 1972 y 1995 en Okinawa, donde se concentra el 75 por ciento de las instalaciones militares en Japón.

Francisca Soares, de Timor del Este, dijo haber sido violada por tropas de Indonesia y paramilitares pro-Jakarta en septiembre del año pasado, durante las manifestaciones ocurridas tras el voto a favor de la independencia de este territorio. Él puso una granada y un cuchillo cerca de mí y me ordenó acostarme a su lado, recuerda sobre la primera violación. No protesté pues quería sobrevivir. Nunca olvidaré lo que pasó. Quiero que se haga justicia.

En su testimonio, la guatemalteca Yolanda Aguilar Urízar denunció haber sido violada por unos veinte hombres, entre ellos dos torturadores que tienen juicio pendiente como violadores de derechos humanos: uno de apellidos Valiente Téllez y otro de apellido Arredondo. Recordó que mientras uno la violaba, algunos se masturbaban, otros me sobaban, me ponían las manos y cigarros en los pechos, me golpeaban la cara. Cada vez que ella recobraba el conocimiento, veía a otro hombre encima de mí.

Para Yolanda, el caso del Estado japonés -al que las organizadoras de la audiencia exigieron aceptar el veredicto de la historia- es parecido al de decenas de países que después de un conflicto armado violan al más alto nivel de impunidad los cuerpos de las mujeres y enlutan sus vidas para siempre. Pero también es similar pues aun después de reconocer crímenes de guerra, no reconoce la violación sexual como tal. Éste es el caso de Guatemala y de otros países de América Latina, Asia, África y Medio Oriente.

En opinión de nuestra entrevistada, las representantes que en Tokio compartieron sus dolorosas experiencias demostraron dos cosas. En primer lugar, que el sistema de justicia internacional y los mecanismos para aplicarla aún son lentos y deben -por mandato de la historia y de las mujeres- incorporar como acción urgente la condena a todo tipo de violencia contra nosotras en los conflictos de guerra y también en la construcción de la paz.

Asimismo, que la lucha permanente de las mujeres a través de sus testimonios, de organizaciones por la paz y los derechos humanos, contra la guerra y la violencia, constituye la única respuesta para construir paredones que no permitan más violencia y contribuyan a humanizar la vida de mujeres y hombres, de las presentes y las nuevas generaciones.

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Un precio sobre sus cabezas

laCuerda

Mientras en otros países es obligatorio que las cortes o agencias gubernamentales supervisen la adopción de bebés, en Guatemala se permite que las madres entreguen a los suyos a abogados privados que se encargan de la transacción.

El proceso es sencillo: después de recibir al infante, el abogado lo coloca en una casa de engorde, donde se le cuida durante unos seis meses, mientras los padres adoptivos llegan a buscarle o hasta que es llevado al país de éstos.

El precio de cada bebé es de 20 mil dólares o más, de los cuales casi tres cuartas partes van a los bolsillos de los abogados intermediarios. UNICEF estima que unos 175 abogados se dedican únicamente a estas transacciones. Algunos utilizan presiones e incentivos monetarios para que las madres entreguen a sus recién nacidos.

La venta de infantes se ha convertido en un lucrativo negocio de exportación. Y a ello contribuye un sistema que hace más para facilitar los trámites de adopciones privadas que para ayudar a las madres de escasos recursos a sostener a sus familias.

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Androginia, el poder artificial

Rosina Cazali, laCuerda

En los ochenta Gertrud Koch, socióloga y crítica de cine alemana, decía que las mujeres que acudían regular u ocasionalmente a ver películas admitían tener la sensación de que se trataba de algo prohibido, especialmente quienes se atrevían a ir solas. Parecía que esta infracción implicaba que ellas tomaban una posición diseñada exclusivamente para los hombres: la de la mirada voyeurista, la que autoriza ver sin disimulo aquello que estimula las distintas facetas de la erótica. Sin embargo, a principios de un nuevo milenio, sólo hace falta ver las taquillas de estos y otros recintos públicos dirigidos al entretenimiento para comenzar a poner en duda lo que se aseguraba hasta hace poco.

Hordas de mujeres y hombres asisten con la misma autoridad para practicar la mirada voyeurista. Una de las explicaciones del nuevo síntoma es que en décadas pasadas -en el caso del cine- los productores habían acaparado sus argumentos de acuerdo a temas de interés masculino. Esto no quiere decir que las mujeres no asistieran al cine, pero después de períodos concretos en que se sintieron plenamente identificadas con los personajes femeninos de las películas románticas de los cincuenta, comenzaron a abandonar las butacas acompañadas de una crisis de identidad.

Parece que los productores de los últimos tiempos han resuelto el dilema y comenzado a llamar la atención del nada despreciable mercado femenino con la producción de nuevos estereotipos. Sin embargo, éstos van más allá de la simple distinción entre lo que les gusta a ellas y ellos. Las nuevas figuras heroicas comienzan a abarcar distintas conductas de la naturaleza humana, reflejan deseos, necesidades, ideales eróticos e instintos propios de mujeres y hombres. Es como si se diera la bienvenida a un personaje central, andrógino, capaz de satisfacer a ambos públicos.

Lo vemos en la nueva versión de Los ángeles de Charlie. Para quienes crecimos viendo la serie en televisión, este remake nos lo han vendido como toda una celebración a la nostalgia setentera. Sin embargo, para el público joven es una recopilación de mutaciones que han dotado a las nuevas heroínas de algo más que su fórmula original, aquélla que incluía belleza + inteligencia + melenas seductoras. Más bien, el trío de la nueva temporada es el resultado de la nueva tecnología y, definitivamente, una serie de dotes que las niñas de los setenta nunca imaginaron. Nuestras pequeñas mentes apenas si pudieron regocijarse con la idea de que una mujer podía defenderse de sus adversarios y salir del club quién podrá defenderme.

Hace poco una megaempresa del software anunciaba que introduciría al mercado una imagen para acompañar en el recorrido de la red al creciente número de cibernautas. Se escogió para el caso la imagen de una mujer, de rasgos que conjugan lo femenino y lo masculino, pero mujer por fin. ¿Orgullosas por la decisión?

Es claro que la cultura cibernética es de dominio masculino. Aunque existan fanáticas del sistema, este plano nació a raíz de la urgencia de resolver comunicaciones entre cuarteles militares. La fantasía creció y hoy se adivina a través de los cables cruzados del sexo y la tecnología. A decir del especialista Mark Dery, en el argot de la cibercultura aparece claramente cómo se están construyendo las fantasías de un mundo dominado por lo masculino. Los usuarios independientes, e incluso las empresas, presumen habitualmente de la velocidad y memoria de sus máquinas en un lenguaje muy similar a las proezas sexuales que se cuentan en los bares. La revista I.D. llama a esto machoflopear, que consiste en la exhibición de multigigaflops y teraflops. El Manual para chavos de Silicon Valley, publicado en 1983, incluye diálogos de este estilo: Llegó allí y ella (un programa llamado Julie) está conectada. O sea... quiero decir que se ha puesto todo el ‘software’, y yo estoy calculando el tiempo de acceso a su procesador ‘delantero’.

Más adelante Dery argumenta que, aun aislada, la jerga en el mundo de las computadoras parece llena de connotaciones sexuales: floppy disk (disco blando), hard drive (literalmente, impulso duro), entrada/salida, conexiones macho/hembra, ranura, joystick (literalmente, palo de diversión).

Ante estas nuevas imágenes, ¿podemos asegurar que hemos ganado el derecho de construir nuestra propia imagen? ¿Pueden estas imágenes resumir la historia del empoderamiento de las mujeres en los últimos años? Probablemente nuestra primera reacción será la de negar la importancia de la cultura de lo banal. Sin embargo, hay momentos en los que se hace imprescindible o, cuando menos, necesario otorgar un lugar a estas imágenes que absorben los grandes públicos, sobre todo cuando aportan estereotipos de lo que se considera genuinamente femenino, liberado y empoderado. La posibilidad de desmenuzar y evidenciar la venida de estos nuevos arquetipos otorga un acercamiento crítico a las formas en que se están construyendo las nuevas culturas globalizadas y cómo se capitalizan imágenes transnacionales, infalibles a través de su androginia, carentes de manchas mongólicas y rasgos asociados a lo marginal. Y, en el caso del feminismo, cómo años de pensamiento fácilmente se reciclan para convertirlos en una caricatura.

Los nuevos personajes andróginos contienen una serie de atributos que los alejan considerablemente de la trillada preconcepción del llamado sexo débil. Dicen que, por ello, deberíamos estar agradecidas. Sin embargo, es obvio que, en el caso de las nuevas amazonas, sólo están adoptando las distintas actividades, tecnologías y rituales propias del mundo patriarcal. Son figuras artificiales. Su indestructibilidad y ausencia de errores humanos las acercan al prototipo del super héroe masculino.

En realidad, las grandes empresas y sus analistas de mercado no han podido despegarse del todo de las fórmulas argumentativas del pasado. Éstas aún venden bien. Además, las nuevas concesiones se atribuyen a que la industria está descubriendo el potencial subversivo de las mujeres. Pero, atendiendo a los macro procesos de alienación, el gran público está respondiendo de mejor manera al cambio de los paradigmas sexuales. Según Baudrillard, el amor romántico ya no es sobre ganar el corazón de una mujer o seducirla. Es un asunto de crearla e inventarla en términos de utopía.

Bibliografía consultada

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Las Siete Potencias

Sor Prendida de la Iluminación, monja de la orden de las Clarisas Irredentas

Buscando palabras alternativas que describan nuestros poderes, dimos con potenciar, potencialidades, potencias. E irremediablemente evocamos la práctica mágico-religiosa de la sanación, sabiduría que muchas mujeres conocen y manejan en los sectores populares. Las Siete Potencias es un recurso muy conocido utilizado en un ritual que se lleva a cabo para la sanación de una persona enferma, niña o niño afectado por el mal de ojo, por ejemplo. A la persona se le sienta, le pasan la vela, la saturan con los montes durante siete días. Usualmente se usa una veladora o candelas de siete colores: rosado, celeste, morado, azul, verde, amarillo, blanco. Se consiguen los siete montes: que traen chilca, ruda, albahaca, artemisa, apazín, hediondilla y geranio. Con ese ramo se satura a la persona y se prepara un agua de los montes cocidos para que se bañe y se limpie. También se quema mirra e incienso de pom.

El poder de curar, limpiar o sanar sigue siendo reconocido en muchas mujeres, indígenas y ladinas, que se enfrentan a males espirituales o simbólicos padecidos por la población, que a su vez tiene fe en estas formas de enfrentar padecimientos y problemas personales. Hay quienes también tienen el poder de adivinar, de interpretar los sueños, de aliviar el alma. A esas personas se les tiene respeto pero, sobre todo, se les otorga credibilidad. Algunas psicólogas y consejeras entrarían en esta categoría.

Hay quienes creen que las mujeres somos intuitivas, adjudicando este poder a una categoría menor. Pero efectivamente percibimos, sentimos y vemos cosas que para otros pasan desapercibidas o no tienen importancia sólo en apariencia.

Otras potencias, que encontramos entre amigas, parientas, conocidas y reconocidas son: la creatividad y el ingenio en las artes diversas, desde la cocina, el bordado y la crianza hasta las artes eróticas y sensuales. Humor, chispa y gracia. La agilidad y la listura. El espíritu positivo, la mente abierta y el juicio crítico.

La persistencia para llevar a cabo tareas tediosas y rutinarias. Energía y fuerza física para realizar trabajos pesados, como cargar agua, criaturas, leña y demás responsabilidades. El coraje y el valor para enfrentar adversidades y obstáculos. Resolución y voluntad a prueba de balas.

Tenemos el poder de la palabra. Nos hemos apropiado de ella. Adquirimos conciencia de nuestra voz y su poder para argumentar, convencer, decir, explicar, comunicar.

Estas potencias pueden desarrollarse en beneficio propio y convertirse en potencias auténticas si tenemos claro que no son atributos mágicos sino capacidades y sensibilidades que podemos manejar racionalmente.

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Una mujer habla de la guerra

Anamaría Cofiño K., laCuerda

La historia oficial nos ha practicado una ablación de la memoria colectiva de género, como dice Amelia Valcárcel, y ya es tiempo que empecemos a reconstruirla; es requisito indispensable para convertirnos en sujetas de nuestras propias vidas. Quizá éste sea el motivo que está impulsando a las guatemaltecas a publicar sus relatos biográficos y testimonios.

Puede que las intenciones de las autoras sean de otra índole, cada una sabrá. Sin embargo, sus libros están cumpliendo la función de dar a conocer lo que siempre se ha silenciado o dejado en la oscuridad. Gracias a que las ciencias sociales han ido tomado otros giros, ahora podemos conocer la historia de las multitudes, de la cotidianidad, de los grupos marginales, de la gente común. En Guatemala, testimonios como éste nos abren la puerta a la clandestinidad en que sobrevivieron cientos de jóvenes, relatando, desde sus experiencias particulares, cómo nació, creció y murió ese movimiento armado y subversivo que surgió en los sesenta.

Chiqui Ramírez se lanzó, corajuda como es, a publicar estas memorias de cuando participaba, junto a la gente de su generación, en los procesos políticos que planteaban llevar a cabo una revolución que acabara con las injusticias en el país. Conforme leemos, vamos de nuevo transitando por esos capítulos dolorosos, cruentísimos, que marcaron la segunda mitad del siglo veinte. Pero en el recorrido tenemos acceso a espacios íntimos de reflexión, miedos y dudas. Chiqui levanta la cortina para dejarnos ver los recovecos de la guerra, donde se mezclaron mezquindades, ternuras, hazañas y desengaños.

No puedo dejar de comparar con otras biografías que tienen elementos comunes. Tanto por el momento que se vivió, como por la intensidad, entrega y romanticismo que las caracterizó. Como mujeres, muchas tuvieron que enfrentar conflictos familiares, de pareja o de relaciones; optar entre la aventura revolucionaria o la maternidad tradicional. Otras se enfrentaron a los poderes que las seguían sometiendo y oprimiendo, no sólo como clase, sino como género. Fue en esos andares donde algunas empezaron a descubrir sus derechos y a luchar por ellos. Una vez abiertos los ojos y la conciencia, encontramos hechos que estuvieron encubiertos: abusos, manipulación y corrupción.

Con un estilo desfachatado y frontal, que se expresa usando la jerga popular y combativa de esa época, Chiqui recurre a las anécdotas y a la descripción de personajes legendarios para conducirnos hasta un desenlace que apenas está ocurriendo. Campechana y jocosa nos describe su infancia, juventud y vida adulta incrustadas en un panorama tan complejo y absurdo, que llega a parecer irreal.

Seguramente encontraremos errores y faltas, y hay partes que se podrían obviar o mejorar. Lo importante es que el libro de Chiqui da una versión muy suya que luego se podrá discutir. Pero, sobre todo, abre otra puerta para intentar saber de dónde venimos.

La guerra de los 36 años vista con ojos de mujer de izquierda. Ramírez, Chiqui. Editorial Oscar de León Palacios, Guatemala, enero del 2001.

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El derecho a decidir

Claudia Noack, guatemalteca, investigadora y redactora

Ante la nueva campaña de salud reproductiva impulsada por el Ministerio de Salud Pública, se pueden percibir buenas señales para la sociedad guatemalteca, especialmente la población femenina.

El programa tiene como meta contribuir a una planificación familiar, mediante el espaciamiento de embarazos, que coadyuve a disminuir el incremento demográfico desmesurado que mantiene a los pueblos en una pobreza interminable. Asimismo, pretende contrarrestar las tasas de mortalidad materno-infantil a las que nos enfrentamos las mujeres debido al escaso acompañamiento en la planificación, control y asistencia de la maternidad.

La iglesia católica, como era de esperarse, ha puesto el grito en el cielo. Según las autoridades eclesiásticas, el Ministerio de Salud buscaría implementar el aborto como método de control natal, atentando así contra uno de los derechos fundamentales del ser humano: el derecho a la vida.

Sin embargo, la iniciativa del ramo de Salud no pretende tal cosa. Simplemente busca la promoción de otro derecho igualmente importante: el derecho de poder decidir qué hacer con nuestros cuerpos y cómo mejorar nuestra condición de vida y la de nuestras familias.

El Ministerio promueve una amplia divulgación de los derechos sexuales y reproductivos de la población guatemalteca con el objetivo de enfrentar los problemas de alta mortalidad y morbilidad materna asociados a complicaciones del embarazo, parto y puerperio. Del mismo modo, la mortalidad y morbilidad de la mujer asociada con complicaciones del aborto, morbilidad en adolescentes por embarazos a temprana edad y altas tasas de mortalidad neonatal, bajas coberturas de control pre y post natal y llenar una demanda insatisfecha de planificación familiar (Boletín de Comunicación Social del Ministerio de Salud).

A través de este programa, tendremos (ojo, no sólo las mujeres) acceso a información sobre nuestros derechos sexuales y reproductivos. También podremos demandar atención en los servicios generales de salud reproductiva y exigir el fortalecimiento de la perspectiva de género y etnicidad en las políticas reproductivas.

La satanización que los sectores religiosos quieren inyectarle a esta medida bastante positiva responde al temor de que la población salga de la completa ignorancia en lo que respecta a este tema, aún tratado como tabú.

Otro aspecto interesante de la iniciativa es que promueve la organización y participación de los municipios, las entidades de base y otras de carácter civil y comunitario; asimismo, la coordinación de las instituciones del sector público con el Ministerio.

El Plan Nacional de Salud debe ser interpretado como una herramienta muy útil para nuestro derecho de poder decidir, en pareja o individualmente, cómo queremos reproducirnos. Por esto, aquellas personas que recibimos con mucho entusiasmo este esfuerzo positivo del actual gobierno (uno de los pocos), debemos estudiarlo y analizarlo para contribuir en la tarea de divulgación para nuestro propio beneficio.

El poder de decidir sobre nuestra proyección familiar es un derecho del que debemos apropiarnos. ¿Para qué? podrán cuestionar algunas personas. Para que todas y todos podamos ejercer el derecho a una mejor condición de vida. Mientras la población siga creciendo sin control alguno, las oportunidades de acceso al trabajo, a la tierra, a la educación y a la misma salud serán cada día más difíciles. Mientras más personas seamos, menos capacidad institucional habrá para responder a nuestras necesidades.

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Nuestro enfoque

En laCuerda creemos que el subdesarrollo y la pobreza tienen que ver con mucho más que el tamaño de la población y la forma en que ésta se reproduce y multiplica. Un cambio en las condiciones de vida de la población va de la mano de una distribución más justa de recursos, oportunidades de empleo dignamente remunerado y, fundamentalmente, de la equidad.

Nos parece que el énfasis en cualquier iniciativa relacionada con la sexualidad y la reproducción debe estar en el derecho de las personas, mujeres y hombres, a ser artífices de su vida, de diseñarla y programarla según sus propias realidades, expectativas y necesidades.

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Crítica y propuesta feministas al poder

Edna Victoria Rodríguez H., guatemalteca, abogada

¿Que las mujeres no tenemos poder? Sí que lo tenemos, mas quizás no sea éste el poder que realmente queremos, o el que imaginemos.

Ahora que aun las más escépticas se han entusiasmado con temas como las mujeres como sujetas políticas y ha habido ofertas y demandas, propuestas y ejecución de proyectos sobre la ciudadanía plena de las mujeres, queda claro que por fin ese vilipendiado asunto ha sido incluido como políticamente correcto en las agendas de las y los diversos actores sociales de nuestra metrópoli. Asimismo, que las mujeres no son ajenas a las aspiraciones de ejercer poder político.

En pocos años se ha transitado caminos que discurren desde el más teórico desprecio al poder político, por considerarlo patriarcal y abyecto, hasta el práctico ejercicio de éste, en cualquier proyecto político existente, bajo la consigna que el poder se ansía para transformarlo. Al justificar este súbito paso de lo sublime a lo prosaico, por así calificarlo, se ha repetido que las mujeres queremos el poder 'para' y no 'por', ambigüedad capaz de ocultar desde intereses inconfesables hasta la ingenuidad o el idealismo más rampante.

Lamentablemente la violencia, discriminación, opresión, corrupción y otros males no son patrimonio exclusivo del poder patriarcal que ejercen muchos hombres. Algunas mujeres recurren a la violencia, oprimen y discriminan a otras. No obstante, como dice la filósofa Celia Amorós: Las mujeres debemos tener poder. Es importante señalarlo, porque elimina otro tipo de discusiones, del estilo de si el feminismo debe vivir de espaldas al poder, debe ser contra-cultural o marginal. En esto también es importante reconocer, como ella señala, que el poder siempre lo es de colectivos, nunca de individuos: no hay poder que no se sustente grupalmente.

La experiencia no ha sido del todo edificante. Aunque pudiese lanzarse explicaciones más elaboradas, una buena razón es que hasta hoy las mujeres sólo han tenido la experiencia de ejercicios individuales de poderes otorgados por el sistema patriarcal, dentro de la política de las excepciones. Al no estar éstos sustentados por el poder grupal, las mujeres de la excepción han necesitado realizar alianzas fuera de contexto, en un accionar político asimilado, dependiente y sujeto al poder patriarcal.

En Guatemala, los pactos entre mujeres han estado ausentes del ejercicio político, y siempre que la capacidad de pactar y cumplir pactos esté ausente del ejercicio político del poder, no habrá una práctica éticamente sustentable. En el poder ejercido por algunas ha faltado congruencia entre discurso y práctica.

La ética feminista del poder convoca al ejercicio incluyente, al accionar pacífico, participativo, consensuado, pactado dentro de normas de equidad; a la desarticulación de prácticas autoritarias, excluyentes, invisibilizadoras, violentas, explotadoras, discriminadoras que sujetan, someten y desvalorizan al ser humano.

Cualquier propuesta feminista sobre el ejercicio del poder debe postular que la sobrevivencia de la especie humana se asegure mediante relaciones sociales de cooperación entre los sexos, no de dominación de uno sobre otro. Debe encaminarse hacia la desarticulación de la opresión y marginación, no a la perpetuación de éstas. El ejercicio del poder que propone la ética feminista es fundamentalmente liberador de la opresión, respetuoso de la dignidad de todas las personas.

Alcanzar la ciudadanía plena de las mujeres requiere de rescatar los poderes vitales más cercanos a la realidad y necesidad de la mayoría de ellas: el poder sobre los propios cuerpos, el de satisfacer las necesidades básicas, de tener voz, decidir, saber... El poder de las lideresas para llegar y mantenerse en los escaños políticos más altos se sustenta en el de la mayoría de mujeres a acceder a esos poderes vitales. Mientras más mujeres gocen de éstos, más viable y sustentable será el poder que ejerzan las élites de mujeres en la política.

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K'amal b'e/Tomadora de camino

Saq Ch'umil, guatemalteca k'iche', pedagoga

En idioma maya k’iche’, líder se dice K’amal B’e, traducido como tomadora o tomador de camino. Líder es quien se adelanta a hacer, quien indica el camino porque lo ha recorrido. Esta guía surge de la experiencia y son generalmente las personas mayores quienes asumen tal responsabilidad entre mayas.

Los demás miembros de la comunidad determinan quién es y quién no es líder. Es una dignidad ganada con esfuerzo, servicio, constancia y dedicación. El liderazgo comienza en la familia para fortalecerse en las diferentes actividades comunitarias. Generalmente, líder es la persona más sencilla y amable; se gana a las personas con su conducta y sabiduría.

En la comunidad maya, son guías mujeres y hombres que prestan algún servicio a ésta, ya sea por vocación, por su especialidad en alguna rama del conocimiento humano o por interés propio. Entre esas personas podemos mencionar a comadronas, sacerdotes y sacerdotisas mayas, curanderas y curanderos, rezadoras y rezadores, así como chuch ajaw, consejeros familiares y aplicadores de las normas del derecho propio en la resolución de problemas o conflictos entre las personas o los grupos humanos de la comunidad y/o más allá de ella.

Me concentraré en describir el caso de la comadrona. La comadrona con más autoridad y guía es aquélla que ha demostrado durante años la sabiduría de orientar correctamente el proceso de desarrollo intrauterino del nuevo ser y acompañar con eficiencia la llegada del mismo al hogar donde se le espera.

Su guía le indicará a la futura madre cómo proceder frente a la realidad de vida que porta desde los aspectos físicos, espirituales, fisiológicos y alimentarios, a fin de garantizar el desarrollo armónico del ser en su vientre. También prepara el clima social propicio para el nuevo ser, asegurando que el padre y la familia le deparen un ambiente sano y favorable, espiritual y emocionalmente.

Las directrices de una mujer virtuosa y con talento reconocido son acatadas incondicionalmente por todos los involucrados, en particular por el padre del nuevo ser. Es impresionante que una mujer venerable, con porte sencillo y humano, inspirando dulzura al solicitar se acaten sus demandas en pro de la vida, tenga autoridad de matriarca para someter la voluntad masculina a sus sabias órdenes, sin recurrir a presiones ni coerción.

Una comadrona mantiene autoridad y liderazgo porque gana la simpatía de cada madre que atiende, de cada padre que orienta, de cada familia favorecida por sus prodigios, pero especialmente de cada ser que llega al mundo por intermedio de sus buenos oficios.

Este liderazgo es ejercido con bases de amor, desde el fecundo encuentro del ser humano con la posibilidad de prodigar vida y extender el milagro por generaciones. Es, sin duda, uno de los liderazgos menos discutidos y más avalados por mujeres, hombres, niñas y niños en la comunidad.

Hasta el momento, el papel de comadrona es jugado únicamente por la mujer; todas las demás expresiones y ejercicios de liderazgo son ejercidos tanto por mujeres como por hombres. Esto significa que la mujer es privilegiada en este protagonismo natural que la favorece por ser ella quien directamente ejerce el papel de dar vida a los seres humanos. Este misterio la convierte en líder entre líderes. Es el principio y el fin de su singularidad.

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Feliz como pocos mortales

Javier Payeras, guatemalteco, escritor

Nunca he podido hacerme cargo de mi vida, ni quiero hacerlo. Desde hace algún tiempo disfruto sentándome durante horas en el living* de mi casa, viendo la noche esparcirse y, a veces, llegar el amanecer. No sé cuánto tiempo durará este letargo y hasta cuándo dejaré de contradecirme. Cómo quisiera tener el poder suficiente para dejar de traicionarme, soy una tragedia, lo he pensado. En qué parte del mundo no encontraré esas personas, esas sombras que se me imponen siempre con sus juicios, sus miradas severas; cómo puedo hacer para dejar de sentirme amenazado y desigual. El poder de este mundo, el ancho pizarrón donde me escribieron lo que debería ser, para ser correcto, la forma que luego me quisieron imponer para escribir como lo estoy haciendo, la vitrina imposible de los que juegan al ajedrez conmigo. Soy nadie, por eso ruego. La oscuridad, si eso es el poder, la sombra, sí eso. Tener esperanzas, tener esperanzas de que realmente el poder se sustituya por otro igual de desastroso. Veo la ciudad, tan civilizada, tan odiosa, parece una enorme cicatriz general, el transitar de los castrados, deteniéndose, algunos, a comprar el diario y comentarles a otros que nada ha cambiado y, como nadies igual que yo, siguen su camino. No todo es vigilia con los ojos abiertos, se llama un libro de Macedonio Fernández; quizá mayor verdad no hay en el universo. Qué maravilloso vivir, entre la tragedia misma, dejarse llevar por todo cuanto crea superior pues conocer el dolor de la responsabilidad, la heroica labor del pesimismo, es tarea de románticos, de pendejos. Tan fácil ha sido mi destino, tan fácil agradarles, no hay nada malo en ser predecible, en ser correcto, quizá soy mediocre, pero soy reconocido, qué más da. Creo que la guerra contra el tradicionalismo se ha perdido; alguna vez creí que éramos cambiantes dentro de una permanencia, nada gané. Hago cosas grandes, para los pistoleros iletrados de mis jefes, a ellos les gusta, es maravilloso tener tanto tiempo, tantas comodidades, tener una terraza, un living para sojuzgar a la ciudad que sigue añadiéndose, qué gano peleando contra el poder, qué es una vela en el siniestro océano de la noche, quién soy para cambiar algo... filosofía barata, refritos bibliográficos de verdaderos pensadores originales. Siempre hago las cosas que a todos les gustan. Recuerdo el momento en que dejé de decir las cosas que sentía; mi madre, tan estricta para todo, era poco inteligente, era fácil aparentar mi inocencia ante ella, pobre mujer, se fue a la tumba con una sonrisa, es irónico que ella creía tener el control sobre todos en mi casa, hasta sobre mi padre que es el perdedor más grande que he conocido; sin embargo, yo que siempre fui complaciente con ella, logré que ella hiciera lo que yo quería. Ella tenía el poder y yo era su supuesta víctima. Soy feliz como pocos mortales, no puedo hacerme cargo de mi vida, ¡qué carajos me importa quién tiene el poder, si realmente no me gobierna!

* N. de la E.: sala de estar

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Latinas y desventajas laborales

laCuerda

En América Latina, las mujeres constituyen una importante fuerza de trabajo y aportan sustancialmente a la economía. Aun así, continúan siendo discriminadas en cuanto a oportunidades de empleo y remuneración, según datos contenidos en el Panorama Laboral 2000, documento elaborado por la oficina regional de la Organización Internacional de Trabajo (OIT).

Según el estudio, las oportunidades de empleo aún son diferenciadas por razón de sexo. Lo confirma una remuneración menor en un 36 por ciento, para ellas, en trabajos similares. Aunque el mejor nivel educativo aumenta las posibilidades de conseguir trabajo, no es en la misma proporción para mujeres y jóvenes que para hombres adultos.

Esta situación también desemboca en la inferioridad ocupacional de las jóvenes, con un 37 por ciento, mientras en los hombres es de 61 por ciento. Pese a ello, existe un aumento de 2.8 por ciento de la población económicamente activa (PEA) femenina, es decir que de cada 10 jóvenes, siete se incorporan a la fuerza de trabajo.

Las familias con menores recursos tienden a incorporar más mujeres jóvenes a la búsqueda de empleo. Ello se nota en una expansión de la PEA juvenil en estos estratos que alcanza el 3.2 por ciento, mientras para los más ricos se ha estancado en 0.1 por ciento anual.

Otro aspecto importante es el que corresponde a los sobrecostos laborales generados por los dispositivos legales de protección a la maternidad y al cuidado infantil, en los cuales deben incurrir los empresarios para compensar las licencias especiales por maternidad, lactancia y permisos para cuidar niños enfermos. Una investigación realizada en Argentina, Brasil, Chile y México desmiente los típicos prejuicios hacia dichos sobrecostos. Reveló que la diferencia entre los costos para el empleador del trabajo femenino no son significativos: 1, 1.2, 1.8 y 0.2 por ciento, respectivamente, en esos países. Adicionalmente, la incidencia anual de embarazos entre las asalariadas es muy reducida: oscila entre 2.6 y 7.5 por ciento en las naciones estudiadas.

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Guía de las Mujeres

de América Latina y el Caribe en Internet

Producida en Montevideo, Uruguay, esta guía es una publicación desde la perspectiva de género, que busca ser una fuente de referencia y una herramienta útil para las organizaciones de mujeres de todo el mundo.

Tiene dos secciones: una dedicada a temas generales y otra a los 46 países de la región, o sea, algunos más que los reconocidos por la ONU. La presentación de cada país incluye el desarrollo histórico y las condiciones de vida de las mujeres, su vida cotidiana, sus logros, luchas y dilemas, con recuadros de mujeres destacadas en diversos campos.

Con el fin de facilitar el control de los compromisos asumidos por los gobiernos en la cumbre de Beijing y otras instancias internacionales, la obra incluye una selección de indicadores estadísticos e informaciones legislativas y de las agencias u órganos gubernamentales creados en la búsqueda de la equidad de género. Las fuentes informativas utilizadas son las oficiales, nacionales e internacionales, así como de la academia y las ONGs.

Por último, la tercera sección tiene cuatro directorios clasificados por país: a) organizaciones, organismos de gobierno, entidades sociales de mujeres; b) directoras de cine; c) estudios de género en las universidades, y d) publicaciones de mujeres.

Para conocer la Guía de las Mujeres en Internet, éste es el vínculo a su demo: http://64.225.49.193. Para obtener un vínculo o enlace a la Guía, las organizaciones deben dirigirse a:

Guía de las Mujeres Siglo XXI

Zelmar Michellini 1289, Apto. 201 – (11100) Montevideo, Uruguay

Telefax: (5982) 901-3352 – Correo-e: gmujeres@internet.com.uy

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La dimensión perversa del aguante

Clara Coria, argentina, feminista, psicóloga

Este texto, leído en las Jornadas de Género y Psicoanálisis realizadas en Buenos Aires el 1 de septiembre del 2000, forma parte de un libro dedicado al tema del amor que será editado próximamente. Fue enviado por la autora como primicia a laCuerda.

¿Aguantar por amor?

Algunos materiales tienen la capacidad de aguantar, es decir de tolerar presiones excesivas sin que ello altere sus propiedades ni perturbe su calidad. Esta capacidad de aguante, que en los materiales se traduce como una mayor resistencia a los embates de la naturaleza y el uso, también forma parte del arsenal humano en su lucha por la vida. Su mayor mérito consiste en proveer recursos con los que las personas harán frente a los obstáculos y frustraciones de diversa índole que la vida depara en el complejo transitar humano. En algunos casos permitirá acceder a metas ambiciosas aguantando largas horas de estudio o entrenamientos que posibiliten acceder a objetivos de desarrollo y enriquecimiento personales.

En otro orden de cosas, también la capacidad para aguantar el dolor de los seres queridos (o sus limitaciones) permite ofrecerles un cuidado generoso y compañía solidaria. También en casos extremos, como suele suceder en los grandes desastres (guerras, persecuciones políticas, hecatombes naturales), la capacidad para aguantar los pesares que deparan esas desventuras ofrece posibilidades de supervivencia. Pero así como existe una dimensión del aguante asociada con la vida, la solidaridad y la supervivencia, existe también una dimensión profundamente insalubre. Esta dimensión, que para el tema que nos ocupa denominaré la dimensión perversa del aguante, aparece asociada con el amor y es ejercida mayoritariamente por mujeres. Muchas de ellas, en su infinita capacidad de aguante, cuidadosamente alimentada durante siglos, sostienen muy convencidas que aguantan el maltrato de sus compañeros por amor, las descalificaciones y prepotencias de sus hijos por amor y la postergación de sus propios desarrollos personales por amor.

La dimensión perversa del aguante asociada con el amor aparece en una cantidad de comportamientos encubridores, que han sido incorporados como naturales y que consisten en transformar los abusos provenientes del exterior en auto abusos. Desde esta perspectiva, hemos de considerar como auto abusos cuando, por ejemplo, las mujeres aguantan callar sus desacuerdos para no alterar la armonía familiar por amor, aguantan resignarse a ser marginadas de las decisiones económicas por amor, aguantan servirse sólo los restos de una comida sabrosa por amor, aguantan acomodarse invariablemente a los programas de esparcimiento que organizan otros por amor, aguantan hacerse cargo de las necesidades ajenas por amor. En otras palabras, cuando hacen del aguantar una virtud que favorece a otros en detrimento de sí mismas, estamos en presencia de una dimensión perversa del aguante.

Deseo dejar muy en claro que cuando en este texto hablo de perversión, estoy haciendo referencia a un conjunto complejo de comportamientos que no se restringe en absoluto al terreno de lo sexual. Son comportamientos surgidos de la interacción humana que se caracterizan por ejercer algún tipo de presión abusiva, no siempre explícita, que necesariamente involucra sufrimiento y deterioro. Quien lo padece a menudo no es consciente de ello, porque los mecanismos perversos pocas veces son transparentes. Y así como a menudo, resulta muy difícil develar los mecanismos perversos que despliegan otras personas, mucho más difícil resulta desenmascararlos cuando dichos mecanismos fueron incorporados y ejercen su influencia desde el interior de la persona afectada. En el caso del auto abuso femenino -en el que caen tantas mujeres en nombre del amor-, estos mecanismos suelen quedar invisibilizados porque han sufrido un proceso de naturalización. De este proceso nos ocuparemos más adelante.

Aguantar por amor es un contrasentido. Se puede aguantar por conveniencia, por solidaridad o por supervivencia, pero no por amor. Más allá de cómo cada quien conciba el amor, se trata indudablemente de un sentimiento liberador, contrario a las opresiones y capaz de poner en movimiento las vivencias más nobles. Se trata de un sentimiento poderoso capaz de hacer traspasar las fronteras más inalcanzables y de transgredir los mandatos más férreos. El amor pone alas a la ilusión y genera un espacio -real y virtual- donde cada uno se siente desplegando sus potencialidades al máximo. Promueve una vivencia de expansión que es lo opuesto a la opresión. Por el contrario, el aguante es una de las tantas manifestaciones de la opresión. Supone tolerar presiones, contener emociones, silenciar opiniones, inhibir acciones, posponer anhelos y realizar una cantidad inimaginable de acomodos al servicio de aplacar. Es por esto que, a mi criterio, el amor y el aguante son inconciliables aunque muchas mujeres, en su afán por amar y ser amadas, disfracen el aguante con las galas del amor.

Una mujer decía: El amor ligado al aguante, para mi no es amor. Porque cuando aguantamos nos encorsetamos, nos vamos ahogando y el amor se va desdibujando. En aras del amor hacemos cualquier cosa para preservarlo y es así como a menudo terminamos perdiéndolo. Es muy distinto aguantar una situación no deseada por conveniencia, por temor a la soledad o porque somos dependientes. Pero eso nada tiene que ver con el amor. En aras del amor hacemos mucho por el desamor.

Como este tema es muy complejo y me parece importante no caer en simplificaciones erróneas, deseo prevenir sobre algunas posibles confusiones. Por ejemplo, dejar de aguantar no significa desconocer las necesidades del otro amado para jerarquizar sólo las propias. Tampoco significa negar que en toda convivencia amorosa existen diferencias y que las mismas necesitan ser consideradas e incorporadas de alguna manera, ya que todo vínculo -y el vínculo amoroso entre ellos- supone un intercambio complejo entre personas que son únicas, cuyas diferencias se ponen en juego al mismo tiempo y junto con las afinidades y coincidencias. Y ya que hablamos de diferencias, es conveniente tener presente que la alternativa más saludable es intentar resolverlas, lo cual no significa negarlas o minimizarlas sino, por el contrario, tomarlas en cuenta para implementar acuerdos a través de diversas negociaciones cotidianas. Negociar las diferencias supone que cada parte deberá ceder ciertos espacios y tolerar ciertas modalidades no afines en compensación de lo que la otra parte también tendrá que ceder y tolerar. Este intercambio -que es nada más y nada menos que una negociación mutua- nada tiene que ver con el aguante al que nos referimos en este capítulo. En el aguante, como actitud de sumisión, el ceder funciona como un mecanismo aplacatorio, mientras en la negociación el ceder se convierte en una estrategia de intercambio y respeto mutuo.

Una ilusión muy femenina: el amor-fusión

Esta dimensión perversa del aguante, que pareciera encontrar fácil cabida en la sensibilidad femenina, se alimenta de motivos tan diversos como complejos. Con paciencia, el análisis de algunos de ellos podrá darnos las pistas para ir develando sus orígenes o, aunque más no sea, acercarnos al meollo escondido por tanta hojarasca encubridora.

Una mujer comentaba: Mi madre decía que para preservar el amor no había que tener ni un sí ni un no, y se aguantaba.

Otra agregaba: Muchas veces, cuando hubo desacuerdos con las distintas parejas que tuve, me encontré pensando que dichos desacuerdos provenían de la falta de amor. Asimilaba amor a coincidencia total. Y esto era terrible porque, con tal de no perder el amor, en nombre del amor tapaba los desacuerdos aguantando y terminaba creyendo que cuanto más aguantaba, más amaba. Y viceversa, que si el otro me amaba tenía que aguantar. Sin darme cuenta hacía del amor un vínculo exigente y agobiante

Cuando nos ponemos a indagar sobre los discursos amorosos, es posible comprobar que las pretensiones de coincidencia absoluta, afinidad total o unidad indestructible son condiciones que reiteradamente se le atribuyen al amor. Aparecen una y otra vez bajo la forma del siempre, nunca o jamás. Dichas atribuciones suelen verse reforzadas socialmente por infinidad de canciones que les otorgan legitimidad e insisten en concebir al amor como una experiencia que borra todas las distancias y envuelve a quienes se aman bajo una misma piel. Bajo el influjo de textos acaramelados, los amantes se convierten en una unidad indisoluble que alcanza el punto de fusión. Pareciera tratarse de una unión muy particular que llega a colmar anhelos arcaicos y disipa viejos temores. El amor-fusión se convierte en un amor todopoderoso que protege de las inclemencias de la vida y desaloja las vivencias de soledad humana tan inquietantes como inevitables.

Desde esta perspectiva, es posible pensar que el anhelo de coincidencia total, tan insistentemente enfatizado desde Platón (con su mito de que estamos condenados a buscar la mitad que nos fue cercenada por los dioses) hasta nuestros días, es el reflejo de otro anhelo profundo con el cual se pretende neutralizar también otro temor no menos profundo e inquietante. Me refiero a un profundo anhelo inconsciente de fusión que neutralice la angustia original de saberse solos a partir del momento mismo del nacimiento. Un anhelo ilusorio que encubre una de las angustias humanas primigenias y que fuera tan cuidadosamente descrito por Erich Fromm en El arte de amar.

Retomando nuestro punto de partida, en el deseo de esclarecer algunos de los motivos diversos y complejos que subyacen a lo que denominé la dimensión perversa del aguante estaría intentando develar el origen de la insistencia tan pertinaz de atribuir al amor esa cualidad de unión irreversible. Mi propuesta es que deberíamos rastrear los orígenes de esa tan insistente unión en el anhelo ilusorio de neutralizar la angustia de saberse solos.

Es posible pensar que la dificultad para aceptar que todos los seres humanos somos solos ante el universo (aunque seamos capaces de encontrar compañía en el intercambio amoroso y solidario), es el germen a partir del cual se construyen y sostienen ilusiones con las que se pretende compensar la desventura de ese destino humano. Desde esta perspectiva es posible sostener que aquéllos que más se resistan a aceptar esa soledad tan inherente a lo humano, serán también los más proclives para adherir fervorosamente a toda ilusión donde la fusión borre cualquier huella de soledad. Y siendo el amor un sentimiento que, entre otras cosas, se presta a borrar las barreras entre aquéllos que se aman, se convierte en terreno propicio para depositar allí dicha ilusión, que termina cumpliendo una función compensatoria. Es decir, la ilusión de que si somos uno con el otro o uno dentro del otro es posible abolir esa inquietante soledad humana. La pretendida fusión intenta compensar la soledad y, de esa manera, neutralizarla. Es entonces a partir de esta ilusión que se construye una concepción social del amor por la cual se espera de él y se le exige entrega absoluta, coincidencia total o cualquiera de las formas fusionantes como son, por ejemplo, el siempre te amaré, nunca te olvidaré o jamás amaré a otro. La ilusión en sí no es insalubre; lo que la convierte en insalubre es otorgarle credibilidad. El problema reside, como veremos más adelante, en que el costo de semejante pretensión ilusoria es desmedido y termina haciendo del amor un sentimiento esclavizante y esclavizador. En pocas palabras: traiciona el sentido primero y último del amor.

Si bien esta construcción social del amor involucra tanto a mujeres como a varones (y en ese sentido la fusión compensatoria depositada en el amor les permite tanto a ambos distraer la inquietante sensación de soledad cósmica), resulta llamativo observar que existen notables diferencias en las actitudes y expectativas de unas y otros. Es frecuente observar que son mayoritariamente mujeres quienes claman, reclaman, defienden, exigen, sueñan y se desviven por una vivencia amorosa signada por un intercambio donde se pierdan los límites de las diferencias personales. Los festivales de música romántica hacen llorar mucho más a mujeres que a varones, envolviéndolas con el manto acariciador de promesas totalizadoras donde el nunca, el jamás y el siempre ponen el sello a una esperanza de amor absoluto, envolvente y omnipresente.

No podemos dejar de preguntarnos por qué son mayoritariamente mujeres quienes adhieren a un modelo de amor tan totalizador y tan indiferenciado. ¿Por qué la fantasía de fundirse en el otro se convierte casi en la expresión sublime del amor? ¿Por qué toleran como una demanda natural el frecuente pedido varonil de entregarse por completo como prueba irrefutable de amor? ¿Por qué suponen que es posible adherirle al amor una etiqueta que garantice el siempre, el nunca y el jamás? ¿Por qué, en última instancia, tantas mujeres quedan aprisionadas en un modelo amoroso que se pretende tan omnipotente y que las deja tan vulnerables? ¿Por qué reclaman una fusión que las desdibuja como personas hasta hacerlas casi desaparecer, llegando a vivir con total naturalidad el anonimato de circular bajo la sombra ajena?

No pretendo dar una explicación acabada a tantos por qué y mucho menos suponer que existe una sola y única interpretación, pero sí intentaré iluminar un aspecto de las expectativas femeninas en relación con el amor de pareja que, a mi entender, está íntimamente relacionado con otra experiencia amorosa que deja una impronta profunda, marcando un modelo que luego se repetirá.

Un modelo con rating

Estos múltiples interrogantes que son tan sencillos de plantear como difíciles de explicar, revelan la existencia de un modelo subyacente que es el del amor concebido como entrega absoluta e indiscriminada, signado por la incondicionalidad, la abnegación, el altruismo y el embeleso, todos juntos o alternados. Este modelo trae a la memoria las múltiples formas del abuso y del auto abuso al que hice referencia al comienzo. Si a eso le agregamos el anhelo ilusorio de la fusión como vivencia sublime de amor, se termina configurando un modelo amoroso para ser aplicado a la pareja, que nos remite a otro que tiene un enorme parecido con el modelo de amor materno filial.

El tan mentado amor maternal, construido desde una perspectiva patriarcal como un amor absoluto, incondicional, abnegado y altruista que convierte en sublime la dedicación al hijo, extiende su sombra sobre la madre, apoderándose al mismo tiempo de la mujer. La identificación mujer = madre da una base de legitimidad al reclamo social y es así como mientras los varones son vistos como tales, independientemente de su paternidad, las mujeres quedan adheridas irremediablemente a una imagen maternal cuya transgresión llega a ser severamente censurada. La construcción social del amor, hecha a imagen y semejanza del amor maternal, logra imponerse en la subjetividad femenina, de manera inconsciente, gracias a ese mecanismo tan tortuoso como eficaz que es identificar a la mujer con la madre. Merced a este artificio, el amor maternal, con sus características de incondicionalidad, altruismo, abnegación, entrega, etc., pasa a ser el molde en el que las mujeres de muchas sociedades en el mundo confeccionan y cultivan un amor de pareja que esté a la altura de una maternidad insuperable.

Llegamos de esta manera a una primera conclusión: Es sobre esta base que el aguante se instaura, en el inconsciente femenino y social, como el más genuino embajador del amor que, de tan naturalizado que está, llega casi a formar parte de las características sexuales secundarias femeninas. Al correr estos velos, se nos aparece en todo su esplendor la dimensión perversa del aguante que transforma los abusos emanados del funcionamiento maternal en auto abusos a disposición de cualquiera que promueva una experiencia amorosa.

A mi criterio, la dimensión perversa del aguante se convierte en un flagelo que reinstala y reconfirma la subordinación femenina, porque favorece la opresión y legitima un vínculo jerárquico que convierte en asimétrica cualquier relación amorosa. La jerarquía implícita en los vínculos materno filiales condiciona a que muchas mujeres cuiden a los hombres como si fueran sus hijos pero les reclamen como padres y, al mismo tiempo, muchos varones traten a las mujeres como hijas pero exigiéndoles como a madres. Unas y otros se alternan en la posición jerárquica obstruyendo, de esa manera, el tránsito hacia vínculos paritarios y solidarios.

En síntesis: Mi hipótesis es que el modelo amoroso en el que tantas mujeres quedan aprisionadas es una construcción social hecha a imagen y semejanza del vínculo materno filial. Dicho vínculo reproduce las jerarquías implícitas en su modelo, atentando contra el establecimiento de una relación simétrica que no hace más que perpetuar múltiples formas de sumisión femeninas. El género femenino, género devaluado, como tan acertadamente lo conceptualizó E. Dio Bleichmar, queda a merced de terrores inconscientes que se expresan, entre otros, en la necesidad imperiosa de ser amada a cualquier costo o el temor desesperante a ser abandonada sintiendo, además, que la vida se le va en ello.

Como vemos, en aras de sobreguardar el amor queda mucho por hacer y pareciera que lo primero es darnos cuenta que el modelo de amor materno filial es un modelo equivocado cuando se aplica fuera del círculo que le corresponde. Habrá que aceptar que no somos las madres de todo el mundo, ni es necesario que lo seamos.

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Movida departamental

Izabal

Garífunas y q’eqchi’es reunidas en Livingston, por Elena Supall

Recientemente, con el apoyo de la Cooperación Española, se llevó a cabo en Livingston un taller-seminario auspiciado por la Defensoría de la Mujer Indígena. En éste participó la licenciada Brenda Cañas, de la Defensoría de la Mujer de la Procuraduría de los Derechos Humanos de Izabal.

A la actividad asistieron mujeres garífunas y q’eqchi’es, así como un grupo de jóvenes. Los temas impartidos fueron la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer y la Ley para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia Intrafamiliar, así como los derechos específicos de las indígenas. Se presentaron algunas películas relacionadas con las mujeres y el evento concluyó con un acto cultural a cargo del grupo tradicional garífuna Ibimeny, con sus tambores y baile tradicional de la región.

La coordinadora del taller, Mariana Rivas, consideró un éxito el haber reunido en éste a cerca de 30 mujeres para darles a conocer sus derechos.

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Petén

Servicios sociales, por Miriam Arredondo y Clara Luz Osorio

La Unidad de Servicios Sociales de la Municipalidad de Flores, a cargo de Clara Luz Osorio y Merly de León, continúa trabajando esmeradamente por su municipio y aun fuera de éste. Entre octubre y diciembre del 2000 sobresalieron actividades como el apoyo directo a la Jefatura del Área de Salud durante la ejecución de la campaña Todos contra el dengue. A través de ésta se dio cobertura a los cinco municipios más afectados por la enfermedad, colocando vallas informativas y realizando talleres de capacitación en prevención.

La Unidad también participó activamente en la Comisión Consultiva para la Reforma Educativa, así como en la Junta Departamental de Alfabetización.

En el tema de proyectos productivos se realizó un diagnóstico, en coordinación con AGEXPRONT, a fin de determinar el nivel de productividad de los y las artesanas del área. Se están llevando a cabo capacitaciones que persiguen mejorar la calidad de los productos, a la vez que se inicia la búsqueda de mercados adecuados para éstos. Las actividades son financiadas por la Cooperación Española en Petén y se pretende desarrollar, como plan piloto, apoyo a tres grupos de productores: Flor de la Selva (Sayaxché), Brisas de la Selva Maya (Uaxactún) y la Cooperativa Los Unidos (El Remate).

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San Marcos

Doble luto en familia marquense

El pasado 24 de diciembre, dos hombres armados atacaron a una niña y un adolescente, hija e hijo de Rosita y Milo Gutiérrez, provocándoles la muerte. El grupo Entre Amigas hace un llamado a las autoridades locales para que estos crímenes no queden en la impunidad y expresa su solidaridad a esta familia en la que hoy, tras la pérdida de sus dos únicas criaturas, queda un vacío profundo.

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Mujeres en los medios, por Adela Elizabeth Andrade Morales, Grupo Entre Amigas

En ocasión del Día del Comunicador [sic] Social, el pasado 7 de diciembre tuvo lugar un convivio de mujeres y hombres de los medios de radio y televisión por cable del departamento de San Marcos. Éste fue organizado por la emisora La Voz de la Buena Nueva de la diócesis departamental y contó con la presencia de monseñor Álvaro Ramazzini.

Como en toda reunión de esta naturaleza, la presencia femenina fue mínima: en el grupo de 40 sólo estábamos siete mujeres.

Creemos que las pocas que ya estamos en el medio debemos motivar a otras para que su voz sea escuchada. Mientras estos espacios sean ocupados en su mayoría por hombres, no podremos avanzar rápidamente hacia una sociedad más equitativa.

Otra reflexión emanada de la reunión es el papel que la mayoría de comunicadores sociales tenemos actualmente en espacios de radio y televisión, que están imbuidos más en contextos de comercialización y explotación de la mujer que como canales de expresión donde también nosotras tengamos voz y podamos manifestarnos con toda libertad.

Un saludo cordial del equipo de producciones de Entre Amigas para las mujeres que hacen posible que nuestra opinión sea escuchada, y adelante: ¡sigamos dando cuerda!

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Movida internacional

El Salvador

Las Dignas hacen posible la solidaridad, pero necesitan más ayuda

Rosalinda Hernández Alarcón, laCuerda

Es necesario insistir que los apoyos internacionales para El Salvador tengan como referente nacional y local a las organizaciones no gubernamentales de desarrollo existentes en el país. Lo anterior es una demanda de la Asociación de Mujeres por la Dignidad y la Vida (Las Dignas), que forma parte de una red de 30 agrupaciones.

A través de comunicados de prensa, Las Dignas -constituidas en brigada de asistencia por el terremoto del 13 de enero pasado- dieron a conocer pormenores de la situación que vive la población afectada por ese fenómeno natural, y como siempre, la más pobre y excluida.

A diario se incrementan los datos oficiales de víctimas (sin distinguir el sexo de las mismas), daños y destrucción de viviendas y obras de infraestructura. Un recuento verídico todavía no existe. Lo importante a resaltar es el manejo inhumano que está realizando el partido oficial. Las Dignas reportaron la dificultad que supone conseguir alimentos cuando se trata de alcaldías no administradas por el partido de gobierno.

La gran desolación que está viviendo el pueblo salvadoreño, en lugar de motivar una actitud ética y solidaria, para el gobierno central es motivo de proselitismo. Éste decidió que la ayuda se canalizara a través de la Secretaría Nacional de la Familia, dirigida por la Primera Dama, quien ha dispuesto que los equipos de distribución porten camisetas con su nombre. En opinión de Las Dignas, esta situación constituye una burla ante la emergencia que vivimos. En contraste, un amplio voluntariado de mujeres y hombres, en su mayoría jóvenes, se ha puesto a disponibilidad para tareas logísticas.

Cabe señalar que en diferentes municipios afectados, con un elevado número de viviendas destruidas y soterradas, muchas mujeres con lesiones o en crisis nerviosa carecen de atención. De igual manera niñas, niños y adolescentes traumatizados emocionalmente deambulan tras sus madres y abuelas en busca de algo qué comer y dónde resguardarse del frío.

Las Dignas hicieron un urgente llamado para solicitar ayuda. La situación es de tal gravedad que en algunos de los más de cien refugios, donde se ubican mayoritariamente niñas, niños y mujeres, sólo distribuyeron una naranja en la comida. Apenas en la zona metropolitana existen ocho albergues donde han ubicado únicamente a niñas y niños huérfanos.

Según datos proporcionados por Patricia Iraheta, en El Salvador el 52.9 por ciento de la población salvadoreña está constituido por mujeres, el 65 por ciento de la población económicamente activa sobrevive en la economía informal y el 57 por ciento de los hogares tiene jefatura femenina. En su opinión, el terremoto ha tenido efectos a nivel nacional, pero no ha tocado gravemente la estructura empresarial, sino que ha incidido directamente en la estructura familiar.

Urge el apoyo solidario, dado que todavía hay comunidades y cantones a los que ha sido imposible llegar. Estamos haciendo un esfuerzo para no dejarnos llevar por la angustia del momento. Queremos intensificar nuestras brigadas solidarias, indicaron Las Dignas.

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